Las consecuencias de ofrecer un cheque en blanco a AstraZeneca y Pfizer a cambio de vacunas

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Mientras que el coronavirus, con sus nuevas variantes, se sigue propagando por el mundo, la vacunación que ya se ha iniciado en muchos países ha traído esperanza en la lucha contra la pandemia, aunque los problemas de distribución de farmacéuticas como Pfizer o AstraZeneca han devuelto algo de incertidumbre, especialmente a las sociedades europeas.

Notorio ha sido el enfado de las instituciones continentales después de que ambas compañías hayan anunciado retrasos en las entregas pactadas. Pero más allá de que esta nueva situación pueda afectar a los planes comunitarios de inmunizar al 70% de la población antes del verano, también está la circunstancia de que puede desunir a los países europeos, que hasta ahora habían hecho frente común.

El problema de las vacunas puede provocar desunión en la Unión Europea. (Photo by Thierry Monasse/Getty Images)
El problema de las vacunas puede provocar desunión en la Unión Europea. (Photo by Thierry Monasse/Getty Images)

Precisamente una de las fortalezas de la Unión Europea durante la pandemia ha sido la unión de esfuerzos por un objetivo común. En lugar de entrar en guerra los países por la adquisición de las vacunas, convirtiendo la situación en una subasta, ha sido la Comisión Europea la que se ha encargado de asegurarse el suministro para todos los miembros.

Una situación en la que la institución no solo ha ido firmando acuerdos con los distintos laboratorios con el objetivo de conseguir las dosis necesarias, sino que además ha financiado parte de los ensayos para acelerar el proceso.

Una inversión al fin y al cabo de los estados europeos en las farmacéuticas que, como es lógico, espera un retorno según lo estipulado en los pactos firmados. Y mientras que la Unión ha cumplido su parte, el problema está viniendo porque las farmacéuticas no están cumpliendo la suya.

Más allá de que las empresas se hayan comprometido a algo que quizás no pueden cumplir, las sospechas europeas sobre que AstraZeneca está revendiendo a otros países las dosis pactadas para la UE son preocupantes.

Fundamentalmente porque la credibilidad europea ante sus ciudadanos queda por los suelos. La sensación es que se les ha dado demasiado poder a unas empresas que no están cumpliendo con lo acordado. En mitad de una tercera ola salvaje, que ha llevado los contagios a nivel de récord, la esperanza en el continente era que en apenas seis meses la gran mayoría de la población iba a estar inmunizada. Teniendo en cuenta las dificultades logísticas, parece difícil conseguirlo, por lo que de cara a la opinión pública la institución puede quedar señalada.

Pero además hay otro problema añadido. Y es que una vez que han aparecido las dificultades los estados han empezado a hacer la guerra por su cuenta. Si durante meses esa estrategia común dio buenos resultados, ahora que las distintas naciones se muevan por su cuenta muestra la debilidad de un proyecto que en los últimos años se ha tenido que enfrentar a momentos tan dramáticos como la marcha del Reino Unido o el crecimiento del euroescepticismo.

AstraZeneca ha reducido en un 60% las entregas a la Unión Europea. (Photo by Owen Humphreys/PA Images via Getty Images)
AstraZeneca ha reducido en un 60% las entregas a la Unión Europea. (Photo by Owen Humphreys/PA Images via Getty Images)

Cada uno por su lado

Uno de los primeros en romper el bloque de acción ha sido Italia, que ha asegurado que emprenderá acciones legales contra AstraZeneca y Pfizer por los retrasos en la entrega de la vacuna. Una reacción comprensible pero que se sale directamente de la unidad de acción.

En todo caso, debería ser la Comisión Europea, que es la que ha firmado los contratos, la que tomara represalias en caso de incumplimiento. Sin embargo, si cada uno de los países se toma la justicia por su mano, la gran fortaleza que han tenido gracias a trabajar juntos desaparece.

Otro que se ha salido del tiesto ha sido Hungría. Este país, que en los últimos años ha mostrado un euroescepticismo creciente, ha comprado por su cuenta dos millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V.

Pese a que la Comisión tiene acuerdos con varias empresas farmacéuticas, hasta el momento no se ha mostrado interesada en las dosis procedentes de Moscú, por lo que los húngaros han abierto un peligroso precedente.

La vacunación en la Unión puede sufrir retrasos. (Photo by Adria Puig/Anadolu Agency via Getty Images)
La vacunación en la Unión puede sufrir retrasos. (Photo by Adria Puig/Anadolu Agency via Getty Images)

No solo se van a beneficiar de los acuerdos de la UE, sino que también dispondrán a título propio de la rusa, creando una situación de desequilibrio respecto a los demás países comunitarios y abriendo la puerta a que otros también procedan de la misma manera.

Así pues, una situación que la Comisión Europea parecía tener controlada desde hace meses (el acuerdo con AstraZeneca se firmó por ejemplo en agosto de 2020) se ha descontrolado en apenas unos días, resquebrajando la confianza entre los socios y poniendo en duda el papel europeo en la gestión de este tipo de situaciones.

El hecho de que estas tensiones se produzcan en un momento tan crítico para la Unión tiene mucha importancia. Mientras que Reino Unido, ya fuera del club, avanza rápidamente en la vacunación (más de 5,8 millones ya han recibido la primera dosis), la UE se está enfrentando a estos problemas que pueden hacer aumentar aún más el euroescepticismo.

En este sentido, las comparaciones pueden provocar que cunda la sensación entre sus miembros de que hay excesiva burocracia y poca resolución de problemas, argumentos precisamente utilizados por los británicos para justificar su marcha.

Así pues, la UE se juega mucho más que el vacunar a todos sus ciudadanos. Y es que la credibilidad de la institución está en su momento más vulnerable en décadas. Si consigue salir adelante, será un espaldarazo muy importante, pero si la desunión persiste será una muestra más de debilidad que pondrá en duda el futuro del proyecto comunitario.

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