Las consecuencias de chuparse el dedo para dormir siendo adulto como hace Dulceida

Mónica De Haro
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(Imagen: El Hormiguero / Antena 3)
Dulceina le mostró sus manos a Pablo Motos para que comprobara el callo inflamado que se le ha formado por chuparse el dedo al dormir. (Imagen: El Hormiguero / Antena 3)

Este martes ‘El Hormiguero’ recibía una vista muy especial: Aída Domènech, más conocida en redes sociales como Dulceida. Además de hablar sobre su profesión y cómo ha logrado convertirse en una de las influencers más importantes de nuestro país con casi 3 millones de seguidores en Instagram, 2 millones en Youtube y 700.000 en TikTok, también habló de su vida personal y de sus manías, desvelando detalles íntimos. 

"Mi máxima manía es chuparme el dedo y tocar orejas frías". A día de hoy no ha conseguido librarse de este gesto infantil y a sus 31 años sigue necesitando chuparse el dedo para dormir. Además de las consecuencias que tiene para el paladar y la dentadura, le ha salido un callo tremendo debido al roce.

Chuparse un dedo es un acto reflejo muy común en los bebés, una manera de bajar la ansiedad que ayuda a recuperar el estado de calma, controlar el hambre y fomentar un estado de relajación que induce al sueño.

Hacerlo más tiempo del recomendable puede acarrear consecuencias y hacer que se convierta en un hábito. La Asociación Española de Pediatría (AEP) explica en un artículo que lo ideal "para evitar otros efectos adversos del uso del chupete/dedo se recomienda, en todos los niños, limitar su uso hasta el año de vida, lo cual incluye las edades de máximo riesgo del síndrome de muerte súbita del lactante y aquellas en las que el lactante tiene más necesidad de succionar".

En realidad lo que hace Dulceida no es chuparse el dedo sino realizar una 'succión constante del pulgar', lo cual afecta al desarrollo de los huesos maxilares y los dientes, con alteración de la armonía estética facial al modificar la forma del paladar, haciéndose cada vez más convexo (paladar ojival). También dificulta ciertas funciones como la deglución o la dicción.

De hecho, debido a la modificación de la posición normal de dientes, lengua y paladar, que son los elementos que intervienen en la fonación, la pronunciación de determinados fonemas puede verse afectada (/t/, /d/ y /l/) dando lugar a dislalias. Y es que al succionar el dedo (o el chupete) de manera intensa y continúa, se alteran los movimientos lógicos y naturales de la lengua y la boca en el día a día. Por tanto, también puede ser posible el ceceo y el seseo.

Cuando la lengua adopta una posición incorrecta, demasiado baja, tanto en las comidas como durante la deglución de la saliva (un gesto que hacemos una media de 2.000 veces al día) se interpone hacia adelante -entre los dientes superiores e inferiores-, y empuja los incisivos superiores hacia adelante y los incisivos inferiores hacia atrás. Es decir, los dientes se adaptan para permitir el espacio en el que va el dedo. 

¿El resultado? Dientes adelantados, paladar más estrecho y una importante maloclusión de la mordida, que no solo altera la forma de masticar sino que también podría estar detrás de esos dolores cervicales, de cabeza y oído. 

Si bien es cierto que el chuparse el dedo es menos problemático para el habla, resulta mucho más duro que el chupete, y en consecuencia es más posible que afecte a la mordida. 

En este sentido, hay que apuntar que una alteración en la mordida puede generar muchas incomodidades en nuestro día a día. Por eso, los especialistas insisten en la importancia de tener una dentadura lineada que nos ayude a masticar correctamente (y de aprender a masticar desde niños) para evitar molestias como dolor de estómago, de cervicales o migrañas, que pueden llegar a ser crónicos.

De hecho, el 53 por ciento de los pacientes con problemas de articulación de la mandíbula también padecen dolores de cabeza severos y el 54 por ciento dolores de cuello, según desvela el estudio ‘Plesh et al’ del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM). Incluso podrñia tener relación con el dolor de oídos. Según apuntó un estudio finlandés publicado en la revista Pediatrics y avalado por la Academia Americana de Pediatría, los niños que usan el chupete más tiempo o se chupan el dedo, y no solo para dormirse, sufren un 33 por ciento más episodios de otitis.

El desgaste excesivo y las roturas de dientes son otras consecuencias de una mala ‘mordida’ provocada por unos dientes aliados a causa del chupete o de chuparse el dedo. Además, el roce o la presión producida por los dientes que no encajan bien puede provocar una menor perdurabilidad de los tratamientos dentales facilitando fractura de coronas y caída de empastes. También ocasiona una tensión excesiva en la mandíbula al comer y podría llegar a causar bruxismo.

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