“A quien ha conocido la esperanza no la puedes callar debajo de un burka”

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Una mujer afgana residente en India participa en una protesta para reclamar ayuda a la comunidad internacional ante el control talibán de Afganistán.   (Photo: Mayank Makhija/NurPhoto via Getty Images)
Una mujer afgana residente en India participa en una protesta para reclamar ayuda a la comunidad internacional ante el control talibán de Afganistán. (Photo: Mayank Makhija/NurPhoto via Getty Images)

Pilar Requena reconoce que está pasando unos días “muy duros y de mucho dolor” al ver que en Afganistán “ha acabado ocurriendo” aquello que esta periodista y otros compañeros llevaban tiempo advirtiendo: el ascenso y control de los talibanes sobre el país.

Requena, directora del programa Documentos TV y autora del libro Afganistán, ha oído lo que es el terror talibán de boca de quienes lo han sufrido, y no descansa pensando en el “infierno” que se le viene encima al país, sobre todo a sus mujeres. No consiente que se hable de “talibanes moderados” ni que se eche la culpa de la desgracia al pueblo afgano.

“No hay talibanes moderados, son islamistas radicales y yihadistas”, aclara. Tampoco son “mejores que los de los años 90”, sino “iguales o incluso peores”, “más violentos” en su represión, afirma Requena. La única diferencia con respecto a hace 20 años, sostiene la periodista, es que han aprendido diplomacia y tácticas propagandísticas. Son, por lo tanto, más peligrosos.

No hay talibanes moderados, son islamistas radicales y yihadistas

El que puso la primera piedra en ese cambio de rumbo fue el expresidente estadounidense Donald Trump al firmar un acuerdo con los talibanes hace año y medio y darles el rol de actor internacional, apunta Requena. A partir de ahí, estos “se crecieron”, desplegaron con más fuerza sus poderes y sus ofensivas, aprovecharon el anuncio de retirada de las tropas internacionales, y ahora tratan de mandar al mundo un mensaje de calma y prudencia. Que las mujeres podrán trabajar y estudiar y serán respetadas bajo la ley islámica, que habrá una amnistía, que ya no son extremistas porque montan en coches de choque y comen helados.

Varias mujeres hacen la compra en un bazar de Kabul, el 22 de agosto de 2021. (Photo: Marcus Yam via Los Angeles Times via Getty Imag)
Varias mujeres hacen la compra en un bazar de Kabul, el 22 de agosto de 2021. (Photo: Marcus Yam via Los Angeles Times via Getty Imag)

Quien conoce bien su currículum no se cree un ápice de esto. “Ya han ido a buscar a gente a sus casas, ya ha habido asesinatos, ya hay familias en las que han seleccionado a las chicas para llevárselas cuando se vayan los americanos”, enumera Requena. “Lo que nos llega de los lugares donde los talibanes han estado este tiempo no indica moderación por ningún lado”, denuncia.

El “espejismo propagandístico” de Kabul

La periodista habla del “espejismo propagandístico” que se presenta desde Kabul. Esto es: puede que en la capital y en las zonas urbanas los talibanes den una apariencia de apertura permitiendo que las mujeres lleven nicab en lugar de burka o que las niñas sí vayan a la escuela, pero en las áreas rurales la realidad ya es otra.

La BBC consiguió hablar hace varios días con algunos de los afganos que llevan un tiempo bajo el control talibán. “Cuando salgo tengo que llevar burka y un hombre me tiene que acompañar”, contaba Nooria Haya, que vive en la provincia de Takhar. Haya, de profesión partera, explicó a los periodistas que desde entonces tampoco puede asistir a reuniones con médicos varones.

Durante el régimen talibán en Afganistán, entre 1996 y 2001, las mujeres tenían prohibido trabajar, estudiar, salir sin acompañante y hasta reírse en alto. La semana pasada, varios grupos de mujeres se manifestaron en Kabul frente a los talibanes para exigirles que respeten sus derechos.

Fuera de las fronteras afganas, también ha habido movilizaciones. “Abrid las puertas a Afganistán y a las afganas”, reza un manifiesto firmado por más de 120.000 personas en España. Creado por las periodistas Soledad Gallego-Díaz, Rosa Montero, Gabriela Cañas y Maruja Torres sólo unas horas después de que los talibanes tomaran Kabul, este llamamiento va dirigido a la comunidad internacional para pedirle, por un lado, que exija al poder talibán que mantenga abiertas las fronteras del país; por otro, que ella misma actúe con “solidaridad y compasión humana” admitiendo en los vuelos de repatriación al mayor número posible de afganos y “especialmente afganas en peligro inminente”, y preste especial atención a las mujeres en situación de riesgo.

Las periodistas han presentado este martes las firmas ante la sede del Parlamento Europeo en Madrid, con el objetivo de “mantener la presión” sobre las instituciones y de que estas den a la cuestión afgana “prioridad en la agenda política”.

Sólo hemos empezado a gritar cuando los talibanes ya se habían hecho con el poder

Pilar Requena se suma a esta petición, pero reconoce su desesperanza y su decepción. “Teniendo en cuenta que la comunidad internacional ha dejado a los afganos abandonados, e incluso Estados Unidos los tacha de cobardes, tengo pocas esperanzas”, admite. La periodista lamenta, también, que “llegamos tarde”. Los talibanes llevan años avanzando y cometiendo atrocidades en las zonas rurales del país, pero Occidente ha permanecido callado todo este tiempo. “Sólo hemos empezado a gritar cuando los talibanes ya se habían hecho con el poder”, se duele Requena.

¿Qué pasará con los millones de afganos que se queden atrás?

Ahora, de algún modo, ocurre algo similar. El foco mediático está sin duda en el aeropuerto de Kabul y en las evacuaciones, la única vía de salida para escapar del país. “Pero ¿y los que se quedan atrás?”, se pregunta la periodista. “Son todo un pueblo. Aunque se consiga sacar a miles de personas, va a ser una ínfima parte comparada con todas las personas que se quedan dentro”, recalca. “No vemos lo que está pasando realmente dentro del país”.

En el mejor de los casos, les espera el encierro en casa, en la oscuridad y el ostracismo. En el peor, les espera la esclavitud sexual o la muerte

A Requena le gustaría tener que “comerse” sus palabras en poco tiempo, pero está convencida de que “lo que le espera a Afganistán es un infierno”, que será “doble” en el caso de las mujeres por “la condena a la desaparición del espacio público bajo el silencio y el ostracismo de un burka”.

“En el mejor de los casos, les espera el encierro en casa, bajo un burka, en la oscuridad y el ostracismo”, dice. “En el peor, si no pueden escaparse, les espera la esclavitud sexual o la muerte”, advierte la autora de Afganistán.

Redes y escuelas clandestinas: las afganas no se rinden

En estos veinte años, los talibanes se han rearmado, pero las mujeres tampoco han estado quietas. “Esas mujeres valientes ya están montando redes para proteger a las más vulnerables, ya se están organizando para poder retomar las escuelas clandestinas”, cuenta Requena, segura de que “ellas van a seguir, como sea”, defendiendo sus derechos, principalmente a la educación.

Carteles pintarrajeados en los que se ha tratado de borrar a las mujeres. En Kabul, el 20 de agosto. (Photo: Haroon Sabawoon/Anadolu Agency via Getty Images)
Carteles pintarrajeados en los que se ha tratado de borrar a las mujeres. En Kabul, el 20 de agosto. (Photo: Haroon Sabawoon/Anadolu Agency via Getty Images)

“Estas mujeres han conocido durante 20 años una realidad muy distinta a la que conocieron con los talibanes”, afirma la periodista. Consciente de que no todo ha sido idílico durante las dos décadas de control internacional, Requena sostiene que durante este tiempo las mujeres afganas al menos sí “han tenido una puerta abierta al mundo, han podido estudiar, han tenido esperanza”. “Y eso no se olvida de hoy para mañana”, advierte. “A quien ha conocido eso no la puedes callar debajo de un burka, porque se va a resistir, y va a hacer todo lo posible por inventar maneras e iniciativas inimaginables para conseguir mantenerse unidas, educarse o ir al médico”, dice la periodista.

Han tenido una puerta abierta al mundo, han podido estudiar, han tenido esperanza. Y eso no se olvida de hoy para mañana

Pilar Requena no duda del ímpetu y de la valentía de las afganas, pero pide que Occidente responda con reciprocidad. “Sigo echando de menos que se tomen las calles y las plazas de todo el mundo gritando que no nos creemos a los talibanes, que son unos bárbaros y que no vamos a olvidar Afganistán”, reclama.

“Si no nos movilizamos por Afganistán, que es el lugar del mundo donde peor viven las mujeres desde hace tiempo, tampoco nos vamos a movilizar ante otros países como Arabia Saudí, donde tampoco se respetan los derechos de las mujeres”, lamenta Requena.

La cuenta atrás ya ha comenzado. Queda sólo una semana para el 31 de agosto, fecha en que está previsto que las tropas estadounidenses abandonen el país y acaben con la última esperanza de miles de afganos para escapar de su pesadilla. “Que evacúen a todos los afganos y afganas que puedan”, pide Pilar Requena a la comunidad internacional. “Y después, que no se olviden de Afganistán cuando se aparte el foco mediático, como ya hicieron una vez”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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