El "coño" de Casado prueba que está al borde de un ataque de nervios

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El líder del PP, Pablo Casado, durante la sesión de ayer en el Congreso de los Diputados. (Photo by Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)
El líder del PP, Pablo Casado, durante la sesión de ayer en el Congreso de los Diputados. (Photo by Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)

Hace tan solo tres años, Pablo Casado fue reconocido por los periodistas parlamentarios con el premio de azote del Gobierno en el Congreso por delante del entonces líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Estaba en la oposición, pero navegaba relativamente cómodo manteniendo una considerable distancia -en votos y en formas- con Vox. Acababa de dejar atrás el tono afable y amable que acostumbró a utilizar durante su etapa de vicesecretario de comunicación del Partido Popular, para afilar el verbo y liderar un partido crítico con el legado de Mariano Rajoy al tiempo que trataba de reducir la distancia con el PSOE, instalado ya en Moncloa.

Era raro ver a Casado leer sus notas cuando tomaba la palabra en el Congreso de los Diputados. Imprimía un tono pasional que acompañaba con miradas amplias a las diferentes bancadas del hemiciclo. Y sus compañeros de partido aseguraban que destilaba ilusión y seguridad.

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Insistimos, hace apenas tres años de esto. Aunque parece que ha mediado una eternidad. Desde verano, ya notando en el cogote la presión de Vox, empezó a flaquear su discurso, aunque no su oratoria. El periodista Fernando Ónega lo definió en una entrevista en 'El Mundo' asegurando que "Casado es un gran orador, su problema es que no sale del discurso del no y este país necesita una oposición que cree ilusión distinguiendo el grito de la razón”.

Pero a la presión de Vox se ha unido el conflicto interno abierto entre él y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso. Una guerra de guerrillas en la que, por mucho que se llame a templar los ánimos, ya solamente hay dos bandos y nadie puede quedar sin tomar partido por alguno de ellos.

La mejor forma de eludir este debate que lleva desgatando al PP desde septiembre es centrarse en los enemigos y en los puntos que todos ellos comparten. Y ése es el Gobierno de coalición que preside Pedro Sánchez. Aunque rivalicen en ver quien hace mejor la oposición, el mensaje de los ‘ayusistas’ y los ‘casadistas’ es el mismo. Así que ayer Casado salió en tromba en el Congreso de los Diputados y aferrándose al debate lingüístico en Cataluña, exclamó un sorprendente. “¿Qué coño tiene que pasar para que usted asuma responsabilidades?”.

Como los ánimos están como están, los fieles de Casado celebraron su exabrupto con una ovación cerrada y poniéndose en pie como si se tratara de un discurso de las grandes citas que noqueara a su rival. Cuando en realidad, lo único que ganó ayer Casado fue el premio al vídeo viral del día. Es decir, que su talla política quedó dañada porque el fondo quedó sepultado por las formas. Por muchos retuits que ayer lograra con ellas.

El nivel de la política española sigue decreciendo día a día, pero tanto el PSOE como Vox pueden, al menos, celebrar que a quien peor le va es a Casado, incapaz de disimular estar al borde de un ataque de nervios por el crecimiento demoscópico de Vox y la fortaleza que atesora Ayuso entre la militancia del PP.

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