El conflicto vuelve a mostrar su cara en el puerto norirlandés de Larne

Joe STENSON
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Las siniestras pintadas que amenazaban de muerte al personal fronterizo fueron borradas en el puerto norirlandés de Larne, pero persiste el profundo resentimiento unionista por los controles aduaneros impuestos tras el Brexit a esta provincia británica de conflictivo pasado reciente.

"Cada vez habrá más gente indignada y puedo ver que esto se convierta en un problema creciente", dice a la AFP Roy Beggs, diputado del parlamento norirlandés por el Partido Unionista del Ulster.

Esta semana, la Unión Europea (UE) y el ministerio de agricultura de Irlanda del Norte retiraron a su personal aduanero de los puertos de Belfast y Larne tras la aparición de pintadas amenazantes en este último: "Todos los trabajadores de fronteras son objetivos".

Se interrumpió así el control de las mercancías que llegan desde la isla de Gran Bretaña, impuesto por el régimen especial posbrexit que entró en vigor el 1 de enero en Irlanda del Norte, territorio con 1,9 millones de habitantes.

Este estipula que la provincia británica siga formando parte del mercado único europeo para evitar reinstaurar una frontera con la vecina República de Irlanda -país miembro de la UE- que pudiese amenazar la frágil paz entre unionistas protestantes y republicanos católicos alcanzada en 1998 al término de tres décadas de sangriento conflicto en que murieron unas 3.500 personas.

La frontera de 500 kilómetros entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda fue escenario de episodios sangrientos del conflicto y se temía que si tras el Brexit reaparecían los puestos fronterizos se incitase a los republicanos disidentes a perpetrar nuevos ataques.

Pero, como consecuencia, se creó una "frontera marítima" entre la provincia y el resto del Reino Unido que ahora irrita a los unionistas.

- "No a la frontera marítima" -

Los controles portuarios fueron una "decisión pragmática" que dio lugar a "una frontera mucho más fácil de controlar", afirma el antiguo responsable policial Peter Sheridan, que supervisó la frontera irlandesa durante el conflicto.

Hasta ahora, los más afectados por ellos han sido algunas empresas como supermercados que han sufrido cierta escasez de productos procedentes de Gran Bretaña y los compradores en línea.

Pero en círculos unionistas hay indicios de un profundo malestar por sus implicaciones.

"No a la frontera marítima irlandesa", reza una pintada en la localidad de Carrickfergus, 10 kilómetros al sur de Larne. "El Carrick unionista dice no a la frontera marítima", se lee en otra.

Y este tipo de mensajes también han aparecido en la capital regional, Belfast.

Beggs condena las amenazas y la intimidación al personal portuario, pero entiende el cambio visceral que algunos unionistas sienten desde el 1 de enero. "En realidad, han impuesto una frontera en el mar de Irlanda, cambiando mi posición constitucional dentro del Reino Unido", dice.

Durante la difícil negociación del Brexit, la UE insistió en que este régimen especial era una necesidad fundamental para evitar una "frontera dura" en la isla de Irlanda.

Pero el pasado fin de semana se convirtió en nuevo motivo de ira en la comunidad unionista cuando una disputa sobre la entrega de vacunas del covid-19 llevó a Bruselas a advertir que invocaría el "artículo 16" del tratado, que permitiría cambiar unilateralmente algunos aspectos.

La medida fue rápidamente considerada como una torpeza diplomática y Bruselas se retractó. Pero socavó entre los unionistas el argumento de que el sistema es esencial e inalterable.

"Tengo la sensación de que la UE ha jugado con Irlanda del Norte", afirma Beggs.

Aunque "preocupado por los signos de tensión dentro de la comunidad en las últimas semanas", el subjefe de policía Mark McEwan afirma que no hay pruebas de "participación paramilitar" por parte de grupos unionistas radicales, algunos de los cuales -como los republicanos disidentes- también han permanecido activos desde el acuerdo de paz de 1998.

Sin embargo, Beggs sigue temiendo que el "creciente" malestar pueda avivar las brasas de un conflicto que lleva décadas dividiendo a Irlanda del Norte. "No queremos que ningún extremista se afiance", asegura. "Pero existe un peligro real de que eso sea lo que ocurra".

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