¿Condona Melania Trump los ataques de su marido contra la adolescente Greta Thunberg?

Melania Trump, esposa del presidente estadounidense Donald Trump, hace bien en proteger la privacidad de su hijo Barron, que tiene 13 años, y apartarlo de los reflectores mediáticos. Pero erra si supone que su marido puede, en cambio, lanzar ataques contra otros menores de edad solo porque la persona agredida realiza voluntariamente actividades públicas.

Una mujer en Roma muestra un cartel que califica de "héroe" a la activista adolescente Greta Thunberg y de "cero" al presidente estadounidense Donald Trump. (Getty Images)

Hace unos días, Trump al parecer no pudo contenerse y atacó vía Twitter a la activista adolescente Greta Thunberg, quien recientemente fue nombrada ‘Persona del año’ por la revista Time.

El afán de protección del medio ambiente y el llamado a la acción para frenar el cambio climático de Thunberg, quien tiene 16 años, han tenido notables repercusiones en la opinión pública.

Pero Trump, al parecer irritado por la gran atención que genera Thunberg, la atacó con un tuit en el que dijo: “Es muy ridículo. Greta debe trabajar en sus problemas de manejo de la ira, y luego ir a ver una buena película antigua con un amigo. ¡Cálmate, Greta, relájate!”.

Al respecto, Melania Trump considera, de acuerdo a la vocera de la Casa Blanca, que su hijo Barron “desea y merece privacidad” mientras que Thunberg “viaja dando discursos” y es una activista.

Eso, dado que Melania no ha criticado el ataque de su marido contra la joven ambientalista, sugiere que considera que el ataque del presidente contra Thunberg es válido o tolerable.

Melania Trump reaccionó hace unos días con fuerza para rechazar que el nombre de su hijo hubiese sido usado, en un símil ciertamente impropio, por la jurista Pamela Kaplan que comparecía en la Cámara de Representantes en el contexto del proceso de impeachment del presidente Trump. Ese error fue reconocido por la propia Kaplan, quien a poco pidió disculpas.

La defensa de Melania Trump de su hijo fue en ese caso válida y meritoria. Pero justificar el ataque del presidente contra Thunberg sería, en cambio, una decisión equívoca y cargada de hipocresía.

Es hipócrita porque, como dijo la propia vocera de la Primera Dama, ella está decidida a continuar su campaña contra el cyberbulling y el acoso contra los niños, pero eso es justo lo que hizo su marido Trump en contra de Thunberg y lo que ella parece en ese caso tolerar.

Y es errada porque no se pretende que Thunberg no sea criticada o que solo deba ser exaltada. La joven activista recibe continuamente críticas y las emite ella, y eso es parte de su relevancia y magnetismo mediático. Pero el ataque de Trump no es un argumentación ni una crítica sino un ataque personal, lleno de prejuicios y ofensas.
Guste o no (y a muchos les gusta y les disgusta), Thunberg ha sacudido conciencias y movilizado a miles con su singular activismo medioambiental, y eso, junto a su juventud y a sus enfáticos señalamientos a gobernantes y otros individuos de poder, le ha dado gran notoriedad y motivado que Time la nombrara ‘Persona del año’.

Si a Trump le da envidia o está en desacuerdo con ello es otro asunto, pero ciertamente no se trata de algo ridículo, sino una expresión de las realidades contemporáneas.

Thunberg tampoco tiene “problemas de manejo de ira”. Su rostro severo y otras conductas tienen que ver, al parecer,  con el síndrome Asperger que ella padece. El ataque de Trump, así, es denigrante y un rudo eco de otras ocasiones en las que se ha burlado de personas con discapacidad o padecimientos mentales.

Y qué decir de la pretensión de Trump de que ella, en vez de luchar para frenar el deterioro de la naturaleza y el cambio climático, que es indiscutiblemente una amenaza mayúscula para la humanidad en general y para el futuro de los jóvenes como Thunberg, mejor se vaya a ver una película vieja con un amigo. Trump quizá recurre a escapadas de ese tipo para relajarse, pero ciertamente esa frase revela mucho de las prioridades y perspectivas del propio presidente, y ofende y minimiza el valor del activismo de Thunberg.

Un activismo al que, si se está en desacuerdo, se puede criticar con argumentos, datos y hechos. Pero al que Trump en realidad ataca con frivolidad y abuso, al tratarse Thunberg de una menor de edad.

Melania Trump, así, falla si cree, ella o su vocera, que es válido que Trump ataque a Thunberg. Y falla también al poner eso en yuxtaposición con la protección de la privacidad de su hijo Barron.

Barron Trump ciertamente merece respeto y que su privacidad sea preservada, al no buscar él notoriedad pública. Gretha Thunberg también merece respeto, y al haber optado por ser figura pública y por ello está abierta a la crítica y el debate.

Pero eso no es lo que Trump hizo y Melania parece condonar. El tuit de Trump y en general su actitud hacia Thunberg parecen más bien arrebatos llenos de una inquina y un afán de acoso contra una menor de edad que son irrespetuosos y deplorables, incompatibles con la investidura presidencial y con el afán de lucha contra el bullying que la propia Melania Trump propone.