¿Por qué compramos billetes de lotería?

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Hace más de setenta años, en 1948, dos grandes economistas, Milton Friedman y Leonard J. Savage, llamaron la atención con su teoría de la utilidad sobre la siguiente paradoja: la gente contrata seguros y compra billetes de lotería al mismo tiempo. ¿Por qué pagar para evitar un riesgo y gastar para entrar en juegos de azar, o sea, para adquirir otro?

Aquellos profesores resolvieron la contradicción argumentando que las preferencias de las personas exhiben una variación fundamental según su nivel de riqueza:

  1. Cuando alguien promedio (no muy rico) pierde una importante parte de la riqueza (el bien asegurado) sufre mucho en términos de bienestar, de modo que se justifica que esté dispuesto a pagar una prima de seguro.

  2. En cambio, si esa persona gana la lotería, se hace rica y accede a una zona de afluencia y se transforma en un tomador de riesgo. En tal caso, el costo del billete (aún en términos de resultados esperados) se vuelve irrelevante con respecto al incremento de bienestar derivado del premio. Esta actitud es todavía más llamativa porque no es una lotería justa, teniendo en cuenta que normalmente el premio es menor al monto total recaudado pues queda un beneficio para el organizador y por regla general, además, se deben pagar impuestos.

El primer tipo de persona es el renuente al riesgo, que está dispuesta a sacrificar ingresos por evitar las loterías llamadas actuarialmente equitativas (loterías del tipo: ganar 100 $ con probabilidad del 50 % o perder 100 $ con probabilidad de 50 %).

El segundo tipo es el rico propenso al riesgo: alguien que paga por entrar en esas loterías actuarialmente equitativas.

Por lo tanto, debe ocurrir un cambio en las preferencias y pasar de renuente a propenso a medida que la riqueza crece.

Hay una explicación alternativa que no requiere recurrir a argumentos de variación de las preferencias o al recurso inmediato de decir que a la gente le gusta apostar. Sin embargo, necesitamos incorporar una dimensión más, la de la utilidad del ocio.

Si se gana el premio con un monto significativo, la dedicación obligatoria de tiempo al empleo se elimina. El valor del ocio es una relevante dimensión adicional al índice de utilidad, limitado a la riqueza, que consideraron Friedman y Savage.

En mi artículo “¿Por qué compran billetes de lotería los trabajadores? Una nota sobre juegos de azar, contratos de trabajo y la utilidad del ocio”, presento una discusión analítica sobre el tema, con bibliografía y algún ejemplo numérico, así como referencias sobre inflexibilidades (tiempos de trabajo) que pueden llevar a tomar apuestas de manera voluntaria.

Hagamos introspección

Cuando se nos pregunta por qué compramos billetes de lotería, muchos decimos que si ganáramos renunciaríamos al puesto de trabajo y disfrutaríamos la vida con el dinero del premio. Como sabemos, la mayor parte de los empleos requieren una dedicación o asistencia fija de varias horas por día o de varios días por semana. Eso es algo razonable desde el punto de vista de la productividad y de las ventajas de organización de la producción.

Pero esa ganancia social nos es ajena, y constituye un costo directo y personal alto para muchos de nosotros. Dejar el puesto de trabajo sería obtener un paquete de horas para ser disfrutado. Y su valor debería sumarse al premio para comprender por qué se apuesta.

Vayamos más allá de la introspección. Estudios para el Reino Unido muestran que muchos trabajadores desearían bajar el número de horas que están en sus empleos y no lo consiguen, y encuestas para Estados Unidos confirman que una proporción significativa de quienes compran billetes de lotería dejarían sus puestos si los eligiera la fortuna (el 31 % en ese caso).

En síntesis, existen varias razones por las que se compran billetes de lotería. El cambio de preferencias es una razón suficiente. Es más, la gente podría participar en juegos de azar simplemente por diversión o para entretenerse. Sin embargo, como discutimos aquí, hay una explicación que suena bien para el caso de los trabajadores agobiados por su empleo: obtener tiempo libre.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Omar Osvaldo Chisari no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.