Cómo una sola gota de veneno de serpiente puede causar la muerte

Un experto obtiene el veneno de una serpiente. (AFP Photo/Deshakalyan Chowdhury)

Una sola gota de veneno de la serpiente cabeza de lanza (Bothrops sp.) es suficiente para matar a un ser humano adulto. El principal motivo es la enorme cantidad de toxina que contiene. Pero en condiciones normales una sustancia así no sería líquida, si no más parecida a un gel, y por lo tanto no se extendería por todo el cuerpo. Entonces… ¿cómo funciona el veneno de estas serpientes?

Entenderlo tiene una aplicación directa: salvar vidas. Las de aquellos que hayan sido atacados por una de estas serpientes, que se cuentan entre las más venenosas de Sudamérica. Pero también puede tener aplicaciones médicas, ya que las propiedades que hacen venenosa la toxina, si se consigue domar, pueden aplicarse en tratamientos médicos y terapias.

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Para entender cómo funciona hay que explicar qué es el veneno de estas serpientes y muchas otras. El veneno tiene dos fases: una es el líquido que actúa como disolvente, y otro la toxina, cuya parte principal es una proteína.

Pero además de la proteína lleva glúcidos, también conocidos como azúcares. De hecho, es una glicoproteína. Sin los glúcidos la toxina no funciona, y sin proteína tampoco. En gran medida, porque los glúcidos aportan una serie de características que hacen funcional a la toxina.

Las proteínas tienen forma tridimensional. A esto se le denomina estructura terciaria, y es fundamental para que cumplan su función. De hecho, cuando pierden la forma que deben tener dejan de ser funcionales y se dice que se han desnaturalizado.

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Imagen de la serpiente cabeza de lanza (Bothrops sp.), una de las más venenosas de América del Sur. Fuente de la imagen:  LiveScience.Com

Para que la toxina cumpla su función, necesita que los glúcidos ayuden a que la proteína adquiera la forma necesaria. Porque no estamos hablando de azúcares sencillos: se trata de cadenas complejas y ramificadas con unas características bioquímicas complejas.

Pero no solo dan forma. También aportan solubilidad. Contienen ácido siálico, un glúcido con carga negativa que permite que la proteína se mantenga mejor en disolución. No queda la cosa ahí: también ayudan en el reconocimiento de células concretas. En la membrana celular hay receptores que reconocen glúcidos, a los que se adhieren los de la toxina, facilitando la acción de la parte proteica.

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En resumen, sin glúcidos el veneno no sería ni mucho menos tan eficaz, ni soluble ni podría viajar por todo el cuerpo. Así que cuanto más sepamos de ellos, mejor podremos protegernos. O utilizarlos.

Ya lo hemos comentado antes, que los venenos de serpiente pueden usarse en medicina. Por ejemplo como anticoagulantes, como funcionan muchos de ellos. Conociendo cómo actúan como veneno, se pueden manipular para que ayuden a evitar trombos o complicaciones en operaciones quirúrgicas, por ejemplo.