Personas que atacan a los demás para sentirse superiores, ¿cómo neutralizarlas?

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¿Sabías que el 30% de los acosadores son amigos cercanos y el 4% la pareja actual? [Foto: Getty Images]
¿Sabías que el 30% de los acosadores son amigos cercanos y el 4% la pareja actual? [Foto: Getty Images]

 

La vulnerabilidad suele activar en la mayoría de las personas el impulso de ayudar. Se ha demostrado que cuando vemos a una persona llorar, intentamos consolarla. Sin embargo, hay personas que aprovechan las debilidades ajenas para sentirse superiores. No dudan en hurgar en la herida o hundir más al otro para reafirmar su poder. Esas personas se comportan como auténticos acosadores o maltratadores.

Curiosamente, la intimidación no siempre proviene de desconocidos o supuestos enemigos. Una encuesta reveló que el 30% de los acosadores son amigos cercanos, el 10% son una ex pareja, el 6% un miembro de la familia y el 4% la pareja actual. La exclusión, las críticas inaceptables, la intimidación, la difusión de rumores maliciosos o falsos y la humillación son formas de acoso en la vida adulta de las que nadie está a salvo.

La necesidad de sentirse superior a los demás, un arma de doble filo

Más de dos tercios de las personas reconocen disfrutar sintiéndose superiores a los demás. [Foto: Getty Images]
Más de dos tercios de las personas reconocen disfrutar sintiéndose superiores a los demás. [Foto: Getty Images]

Más de dos tercios de las personas reconocen que, en el fondo, disfrutan sintiéndose superiores a los demás. De hecho, todos tenemos un sesgo que hace que nos veamos de manera más positiva que los demás.

Este efecto, conocido como la “ilusión de superioridad”, es más pronunciado cuando nos referimos a las características morales. Investigadores de la Universidad de Londres descubrieron que las personas solían calificarse a sí mismas como más honestas, justas, fiables y virtuosas que la media. O sea, la mayoría de nosotros pensamos que somos mejores que los demás.

Aunque se trata de una creencia totalmente irracional desde el punto de vista estadístico, es comprensible desde el punto de vista psicológico ya que todos intentamos proteger la imagen que tenemos de nosotros mismos. El problema no es la ilusión de superioridad en sí, sino el camino que elegimos para salir bien parados en esa comparación.

Hay personas que realmente se esfuerzan por crecer y mejorar desarrollando la autoeficacia mientras otras experimentan una necesidad destructiva de autoengrandecimiento. Hay quienes, en vez de esforzarse por desarrollar sus potencialidades, buscan el poder y el estatus sometiendo e intimidando a los demás. Como dijera Paramahansa Yogananda, “algunas personas intentan ser más altas cortándoles la cabeza a otras”.

El acoso como estrategia de validación de un ego frágil

El acoso y el maltrato son mecanismos a través de los cuales el ego defiende una autoestima frágil [Foto: Getty Images]
El acoso y el maltrato son mecanismos a través de los cuales el ego defiende una autoestima frágil [Foto: Getty Images]

El acoso y la intimidación son, en el fondo, una forma de validación disfuncional. Las personas que atacan o intimidan a los demás necesitan sentirse fuertes y poderosas, de manera que usan su poder o estatus para someter a los más vulnerables. Así validan la imagen que tienen de sí mismas y proyectan una imagen fuerte ante los demás.

Curiosamente, muchas de las personas que recurren a este tipo de comportamientos fueron acosadas o intimidadas en su infancia o adolescencia. Un estudio realizado en la Universidad de Duke reveló que los adultos maltratadores a menudo han tenido una infancia problemática y pueden haber sido víctimas de abuso o acoso.

Esas personas no conocen otros modelos de comportamiento, de manera que replican el abuso cuando encuentran a alguien vulnerable. El acoso y la intimidación se convierten en una forma desadaptativa de canalizar el dolor, la rabia y la frustración que experimentan.

En la base de esos comportamientos intimidatorios se encuentra la creencia de que el mundo es un sitio hostil. Esas personas prefieren dar el primer paso para intimidar y someter a los demás antes de que los intimiden o sometan a ellos. Creen que el mundo está dividido en personas fuertes con poder y personas vulnerables sometidas, por lo que se aseguran de estar en el lado “mejor”.

Humillar, menospreciar e intimidar a los demás les aporta una sensación temporal de poder que les hace sentir seguros. De hecho, los ataques y el maltrato son mecanismos a través de los cuales el ego defiende una autoestima frágil. Tener poder sobre los demás les permite seguir pensando que son personas fuertes y seguras que tienen todo bajo control.

En el fondo, el deseo de dominar a los demás nace de la necesidad de contrarrestar un sentimiento interno de inseguridad e inferioridad. Los maltratadores y acosadores suelen reafirmarse a través de las relaciones de poder y sometimiento. Por eso, aunque pueden molestar a cualquier persona que sea vulnerable, es más probable que elijan a alguien que les haga sentir inadecuados o frustrados. Molestar a esa persona se convierte en una manera para exorcizar sus demonios interiores y volver a sentirse fuertes y seguros.

A largo plazo, ese comportamiento intimidatorio termina siendo negativo para el propio maltratador ya que, por una parte, le impide reconocer, aceptar y superar sus propias sombras y, por otra, es un obstáculo para mantener relaciones saludables con los demás. Estas personas tienen un riesgo mayor de desarrollar enfermedades psicosomáticas y sufrir experiencias psicóticas, según reveló un metaanálisis.

¿Cómo lidiar con el acoso y la intimidación en la vida adulta?

Ante una provocación, no te limites a reaccionar, detente y evalúa tu respuesta. [Foto: Getty Images]
Ante una provocación, no te limites a reaccionar, detente y evalúa tu respuesta. [Foto: Getty Images]

- Mantén la distancia, si puedes

En la vida, dispones de un tiempo y una energía limitados, de manera que debes elegir inteligentemente las batallas que quieres luchar. Por tanto, siempre que sea posible, lo más conveniente es mantener a distancia a esa persona que necesita someter e intimidar a los demás para sentirse superior.

A menos que haya algo importante en juego o que esa relación sea significativa para ti, es probable que no valga la pena luchar contra una persona que defiende a capa y espada un ego frágil. Ya se trate de un colega de trabajo, un conductor hostil o un familiar tóxico, evita mantener una relación demasiado personal, a menos que sea absolutamente imprescindible.

- Responde en vez de limitarte a reaccionar

Tu felicidad, bienestar y equilibrio mental son importantes, de manera que debes protegerlos. Aunque los acosadores son expertos en detectar las debilidades de los demás y presionar sus puntos sensibles, es importante que mantengas la calma porque si te enfadas o irritas esa persona habrá conseguido su objetivo.

Recuerda que enfadarte solo servirá para alimentar la agresión. Por tanto, cuanto menos reactivo seas, mejor porque podrás pensar con racionalidad para responder a las provocaciones de manera madura y asertiva. Así podrás decidir si lo dejas pasar y o das una respuesta firme.

- Despliega la empatía, aunque sea difícil

Comprender que ese ataque o provocación no es algo personal te ayudará a gestionarlo mejor. No te lo tomes demasiado a pecho porque en realidad lo que desean esas personas es hacerte sentir inseguro y desequilibrarte emocionalmente. No se trata de ti, sino de su imperiosa necesidad de sentirse superiores y poderosos.

Intenta ponerte en su lugar, aunque en un primer momento sea difícil. Si comprendes que en realidad se trata de una persona insegura que está intentando validar su imagen a través de ti, podrás asumir una distancia psicológica que te permita ver lo que ocurre en perspectiva. Asume que ese ataque es solo un reflejo de sus inseguridades, no de tus defectos, y que es probable que esa persona se sienta amenazada de alguna manera por ti.

- Establece límites y deja claras las consecuencias

Trata a los demás como querrías que te trataran a ti”, dice la regla de oro de la ética. Eso también incluye a la persona que está intentando intimidarte. Aunque es difícil no enfadarse cuando te sientes atacado o menospreciado, si quieres mantener la situación bajo control y evitar que se repita en el futuro, será mejor que establezcas límites claros de manera firme, pero sin involucrarte emocionalmente.

Pídele a esa persona que detenga el comportamiento que te molesta y si no lo hace, expón las consecuencias. La capacidad para dejar claras las consecuencias de las conductas intimidatorias es esencial para neutralizar a los acosadores. Si eres capaz de articular las consecuencias con serenidad y firmeza, es probable que esa persona reflexione sobre su comportamiento y pase de violar tus derechos a respetarte o, al menos, dejarte en paz.

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