Cómo interpretar el etiquetado de los alimentos para comer mejor

Uno de los asuntos que más preocupa a los expertos en salud es el azúcar que consumimos sin saberlo, además de otras sustancias que no vienen bien a nuestro cuerpo. Lo peor es que, muchas veces, una incorrecta lectura del etiquetado hace que se cuele más azúcar de la cuenta en la dieta.

Conviene echar un vistazo al etiquetado... con precaución.Foto: Wikipedia/Rishehaan (CC)

En este sentido, la empresa de seguros DKV ha lanzado el manifiesto Por un consumo responsable de azúcar de la mano del nutricionista Carlos Ríos, creador del movimiento Realfooding, y el doctor Jesús Vioque, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, de la Universidad Miguel Hernandez, CIBERESP y ISABIAL. El objetivo del documento es divulgar las causas, los riesgos y las consecuencias de un consumo abusivo de azúcar, y dar pautas para reducir su ingesta.

Para poder realizar buenas elecciones alimentarias, lo básico es saber interpretar el etiquetado nutricional de los productos. Para ello, conviene tener en cuenta algunos consejos.

Debemos evitar quedarnos con la parte frontal del producto. El colorido del envase, las ofertas o reclamos que sugieren propiedades saludables del producto pueden influir en las decisiones de compra y primar por encima de la auténtica información nutricional.

Guiarse por las etiquetas ‘light’, ‘zero’, ‘0%’, ‘ecológico’, ‘bio’, ‘integral’ o ‘natural’ es un error. Estos términos no hacen referencia al procesamiento del producto. Por ejemplo, se puede considerar ‘natural’ un producto cargado de azúcar, o un producto ‘sin azúcar’ que esté lleno de aceites industriales. Muchas veces se trata únicamente de reclamos comerciales de los que no hay que fiarse.

Los frescos siempre son una garantía para comer mejor. Foto: Free images

Dar la vuelta al producto y leer la lista de ingredientes y la tabla de valores nutricionales, un acierto. Los ingredientes están ordenados de mayor a menor cantidad, de tal manera que el primero de la lista siempre es el que en mayor proporción contiene. Esto pone en contexto la información que se nos ofrece en el frontal del paquete.

Podemos diferenciar si se trata de comida real o ultraprocesada echando un vistazo al listado completo de ingredientes. Ojo a las proporciones: si lleva más de cinco ingrediente y entre ellos, encontramos los azúcares añadidos, los aceites vegetales y harinas refinadas o aditivos y sal, se trata de un producto ultraprocesado.

No todos los procesados son malos: existen los procesados buenos. Estos suelen contener entre dos y cinco ingredientes y la cantidad de azúcares añadidos es reducida (esto es, menor o igual al 10%). Para saber si no se excede en esta cantidad, podemos acudir a la tabla nutricional y comprobar qué cantidad de grasas, proteínas, hidratos de carbono y azúcares contiene por cada 100 gramos de producto. De esta forma evitaremos el consumo excesivo de ultraprocesados, que le hacen un flaco favor a nuestra salud, la verdad.

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