¿Cómo evitan las hormigas sufrir epidemias?

Para determinar las interacciones entre hormigas, los investigadores acoplaron una señal a cada hormiga. Crédito: Timothée Brütsch

Un hormiguero es el lugar perfecto para que se de una epidemia. A fin de cuentas se trata de un espacio cerrado en el que viven un gran número de individuos, que interactúan entre ellos, y donde algunos salen al exterior quedando expuesto a posibles infecciones. Y sin embargo, es muy raro que ocurra, algo que lleva llamando la atención de los científicos desde hace años.

Un artículo reciente responde a esta cuestión. Y resulta que la solución que han encontrado las hormigas es realmente elegante: el hormiguero como sociedad cambia su comportamiento cuando detecta una infección. De esta manera evitan que se propaguen enfermedades, y protegen a los individuos más valiosos de la colonia.

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Empecemos por el principio. En la mayoría de hormigueros no todas las hormigas cumplen la misma función, y por lo tanto no interactúan igual entre ellas. Las hormigas más jóvenes actúan de “niñeras”, cuidando las larvas y limpiando la colonia. Las que ya han alcanzado cierta edad se convierten en “recolectoras”, y salen del hormiguero para buscar comida.

El contacto entre niñeras y recolectoras es reducido. Algunas recolectoras entran en contacto con niñeras para proporcionar comida, pero en general la hormiga que cumple una función se relaciona prioritariamente con las que hacen lo mismo que ellas.

¿Qué ocurre cuando se detecta una infección? El contacto entre “gremios”, entre hormigas que cumplen distintas funciones, se reduce aún más, hasta casi desaparecer. Y las hormigas que han sido infectadas quedan prácticamente aisladas, evitando así el contagio al resto de miembros de la colonia y la propagación de la infección.

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De esta manera no sólo se consigue que no se genere una epidemia, también se logra que los individuos más valiosos – la reina y las larvas recién eclosionadas – no sufran peligro. Porque incluso entre las niñeras hay una subdivisión del trabajo, y no todas las hormigas cuidan de los mismos individuos.

Aún hay otro detalle más que es interesante. Con este cambio de comportamiento no se evita por completo que las hormigas entren en contacto con el patógeno. Pero sí se reduce la cantidad con la que contactan, lo que ayuda a su sistema inmune. Este proceso es similar a la inoculación de un patógeno, que en medicina se denomina variolización.

Se trata del primer estudio que demuestra un cambio a nivel de comportamiento para enfrentarse a una enfermedad, y los investigadores esperan sacar conclusiones que sirvan para enfrentar problemas en humanos. Esperemos que sea así.