Cinco estrategias para ayudar a una persona que niega su problema

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Presionar a alguien para que vea la realidad a través de tus ojos solo generará resistencia. [Foto: Getty Images]
Presionar a alguien para que vea la realidad a través de tus ojos solo generará resistencia. [Foto: Getty Images]

El que está fuera del agua nada bien”, dice un antiguo proverbio. Cuando una situación no te afecta directamente o no estás implicado emocionalmente, es fácil verla con perspectiva y hasta esquivar sus golpes. Sin embargo, para quien se ha implicado de lleno puede ser difícil divisar los peligros o incluso nadar en esos mares.

Cuando a una persona querida le toca atravesar esas situaciones difíciles, es comprensible que tu primer impulso sea ayudar. Sin embargo, tu ayuda no siempre es bienvenida. A veces esa persona la rechaza porque no es capaz de ver el daño que se está haciendo ya que minimiza, evita o niega la situación en la que se encuentra.

Esos casos pueden ser frustrantes, agotadores e incluso incomprensibles. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta del daño que se está haciendo? ¿Cómo lograr que acepte tu ayuda?

Lo primero que debes tener en cuenta es que presionar a alguien para que vea la realidad a través de tus ojos solo generará resistencia. Esa lucha es agotadora y estresante, tanto para ti como para la persona en negación, y es probable que conduzca a un deterioro de la relación. La solución pasa por otras vías.

Comprender el mecanismo de la negación

La negación es un mecanismo de defensa que nos permite ganar tiempo mientras desarrollamos los recursos psicológicos necesarios para lidiar con el evento doloroso. [Foto: Getty Images]
La negación es un mecanismo de defensa que nos permite ganar tiempo mientras desarrollamos los recursos psicológicos necesarios para lidiar con el evento doloroso. [Foto: Getty Images]

Comprender por qué ocurre la negación podrá ayudarte a desarrollar una actitud más compasiva hacia la persona. En la inmensa mayoría de los casos, la negación no es una decisión intencional sino un mecanismo de defensa al que la persona recurre para protegerse.

Anna Freud creía que nuestra mente pone en marcha ese mecanismo de defensa cuando entra en conflicto con la realidad o consigo misma. Al negar la realidad o los impulsos internos, es como si no existieran, lo cual mitiga el daño psicológico que podrían causar. No obstante, esas pulsiones siguen ejerciendo una presión subsconsciente, de manera que el contenido emerge cuando nuestra mente está lista para procesarlo e incorporarlo en nuestra historia vital.

Desde esa perspectiva, la negación sería un mecanismo para ganar tiempo mientras reclutamos los recursos psicológicos que necesitamos para lidiar con el evento doloroso. Sin embargo, a veces esos contenidos no son resueltos, sino que se mantienen reprimidos, generando una tensión emocional añadida que conduce a un ciclo disfuncional.

El psiquiatra Theodore L. Dorpat explicó ese ciclo desadaptativo: cuando percibimos una situación como potencialmente peligrosa o traumática, esta genera una emoción dolorosa que nos “obliga” a desviar la atención de lo que nos perturba hacia algo menos amenazador. Ese rechazo nos permite dejar de pensar en lo que nos turba, pero también nos impide procesar adecuadamente lo que está ocurriendo y nos mantiene en un nivel de razonamiento muy básico. Por eso podemos quedarnos atrapados en situaciones tóxicas sin darnos cuenta del daño que nos estamos haciendo.

De hecho, la negación es un mecanismo que suele activarse en personas que sufren una adicción, enfermedad o evento traumático. Esa negación activa de la realidad significa que aún no están preparadas para afrontar la lucha que tienen por delante.

Negarse a hablar de un problema o conflicto que tiene un impacto negativo considerable en la vida es uno de los signos de negación. También lo es recurrir a excusas para justificar la inacción o los comportamientos dañinos, así como postergar las decisiones que podrían solucionar el problema.

En resumen, es importante que comprendas que la negación es una respuesta humana completamente natural ante el dolor, pero a largo plazo no suele ser saludable. Sin embargo, dado que quizá esa persona no está preparada para lidiar con la realidad, enfrentarla a los hechos y desarmarla con argumentos no suele ser la mejor opción.

¿Qué puedes hacer para ayudar a una persona en negación?

No apresures el proceso de sanación. La persona saldrá de la negación cuando esté preparada. [Foto: Getty Images]
No apresures el proceso de sanación. La persona saldrá de la negación cuando esté preparada. [Foto: Getty Images]

1. Infórmate a fondo sobre su problema

Los problemas, cuando son inesperados o nos desestabilizan emocionalmente, pueden crear una especie de ceguera temporal que nos impide ver sus causas y vislumbrar posibles soluciones. Por eso, aunque te parezca que la solución es muy simple y evidente, es probable que para la persona que quieres ayudar no lo sea.

Ya se trate de la adicción a las drogas, la pérdida de un ser querido, un trauma psicológico o una relación de pareja tóxica, si quieres ayudar a esa persona debes comprender la magnitud de lo que está viviendo. Necesitas entender que lo que resulta evidente para ti, no lo es para ella. Y que las decisiones fáciles para ti, pueden ser conflictivas para el otro.

Para comprender hasta qué punto un problema puede trastocar la vida de una persona, es importante que profundices en sus implicaciones, ya sea en Internet, hablando con otras personas que hayan pasado por lo mismo o consultando a un especialista. Así podrás comprender su situación y experimentar una empatía auténtica.

2. Intenta no juzgar

Cuando juzgas a una persona, esta se sentirá atacada y su primera reacción será amurallarse. Es comprensible, sobre todo si está atravesando una situación difícil y se siente vulnerable. Las recriminaciones y los juicios negativos no ayudan a tender puentes. Al contrario, los destruyen.

Por eso los sioux decían que “antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines”. Si quieres ayudar a alguien, en vez de convertirte en su juez, intenta recordar un momento doloroso o particularmente difícil de tu vida. ¿Cómo te sentiste? ¿Qué necesitabas?

En aquel momento, es probable que lo último que deseabas era a alguien que te juzgara o dijera lo que tenías que hacer. Solo necesitabas comprensión para recomponer los pedazos rotos. Eso es lo mismo que espera esa persona de ti.

3. Crea un espacio seguro y compasivo

No juzgar a la persona que lo está pasando mal no significa aceptar su punto de vista ni compartir su negación, sino tan solo comprender y respetar esa fase. No puedes arrastrarla fuera de la negación, pero puedes construir un espacio seguro para que procese ese dolor.

Imagina que esa persona tiene una herida profunda que aún no ha cicatrizado. Es probable que no te atrevas a quitarle el vendaje antes de que comience a sanar. Si lo haces, podría exponerse a una infección. Lo mismo vale para la negación psicológica.

Quizá la persona a quien quieres ayudar aún no está preparada para lidiar con las repercusiones del evento traumático que vivió o no tenga fuerzas para tomar una decisión radical. Por tanto, por el momento solo necesita un espacio donde se sienta acogida y al seguro mientras sana su herida.

4. Practica la escucha activa

La escucha activa es la principal herramienta que tienes a tu disposición para ayudar a una persona en negación sin ser demasiado agresivo o invasivo. Implica mostrar un interés auténtico por la persona y su problema, manteniéndote emocionalmente disponible y plenamente presente.

Considera que cuando las personas están en negación, es habitual que recurran a excusas para justificar su comportamiento. No las rebatas. En su lugar, recurre a las técnicas de la escucha activa. Puedes parafrasear lo que ha dicho resaltando lo que más te ha impactado, resumir lo que te acaba de contar o replantear sus palabras en forma de pregunta.

Con estas técnicas animas a la persona a explicarse mejor y, con un poco de suerte, podrás desencadenar un ejercicio de introspección que le ayude a tomar conciencia de su situación para que pueda reaccionar y salir del bucle tóxico en el que se encuentra.

5. Zambúllete en las emociones

Si una persona niega las evidencias y le da la espalda a la realidad, hay un 99,99% de probabilidades de que exista una gran implicación emocional. Aunque en ocasiones dejarse llevar por las emociones puede ser positivo, otras veces puede conducir al borde de un precipicio. Para ayudar a esa persona, es importante que comprendas las emociones que han hecho que meta la cabeza bajo tierra como un avestruz.

Mostrar tu propia vulnerabilidad y llevar la conversación al plano emocional puede animarla a hablar sobre lo que siente. Si compartes sucesos dolorosos de tu vida, esa persona podría verse reflejada, establecer un vínculo afectivo más intenso, bajar las defensas y dejarse ayudar.

En cualquier caso, recuerda mantener la calma y no actuar con la prepotencia del sabelotodo o el desdén del fuerte. Aunque esa persona esté negando el problema e incluso pueda parecer feliz, en su interior bulle la tensión y el conflicto por lo que es normal que a veces reaccione con irritabilidad y enojo. Simplemente expresa lo que sientes desde la empatía y la compasión.

No apresures el proceso de sanación. Deja que sea la persona quien marque el ritmo. Saldrá de la negación cuando esté preparada.

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