La Commonwealth, el organismo internacional liderado por la monarquía británica

La Commonwealth o Mancomunidad de Naciones es probablemente el mayor legado internacional que deja Isabel II. Esta monarca dedicó gran parte de su influencia a fortalecer esta organización que agrupa a una gran parte de las antiguas colonias británica y que fue la salida que encontró Reino Unido para preservar cierto poder internacional tras la decadencia de su imperio colonial. La duda ahora está en si Carlos III podrá preservarla de la misma forma que lo hizo su madre.

El fallecimiento de Isabel II el pasado 8 de septiembre ha puesto en relevancia algunos de sus legados simbólicos y políticos que ha dejado en más de 70 años de reinado. Entre ellos destaca especialmente el fortalecimiento de la Commonwealth o Mancomunidad de Naciones, una organización internacional que agrupa a Reino Unido y a algunas de sus antiguas colonias que ha sido fundamental para este antiguo imperio desde mediados del siglo XX.

Los inicios de lo que se comenzó a llamar como Commonwealth datan de las primeras décadas del siglo XX. Para esos años, Reino Unido era una potencia imperial y algunas personalidades políticas consideraban que era importante otorgar a sus colonias un estatus de independencia o semiindependencia que las permitiera autogestionarse sin salir del paraguas de control británico.

La Commonwealth, una opción para un imperio en decadencia

Pero su formación no se pudo dar hasta 1931. En un contexto de crecientes sentimientos nacionalistas entre las colonias y de crisis global. Reino Unido se centró en crear una organización que permitiera a la metrópoli conservar lazos políticos ante posibles independencias y mantener un círculo comercial que hiciera que su economía sufriera menos la inestabilidad del momento.

Una estrategia que todavía cobró más relevancia tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda, Reino Unido ya no tenía la capacidad política, militar y económica para mantener su basto imperio y comenzó a ver a la Mancomunidad de Naciones como su única salida para intentar mantener cierta relevancia internacional.

Algo de lo que Isabel, que por aquel entonces era la heredera al trono, era consciente. Con su ascenso como reina en 1952, Isabel II decidió invertir gran parte de su tiempo en fortalecer las relaciones con las colonias que se estaban independizando. Sin importar si seguía siendo reina de esas naciones o no.

Uno de los puntos que más favorecieron el crecimiento de esta organización internacional es que los países que la conformaran, no tenían la necesidad de reconocer al monarca británico como jefe de Estado, aunque esta figura si es la cabeza de la organización.

Esta unión ha sido fundamental para Reino Unido durante décadas, ya que ha promovido fuertes lazos comerciales entre sus miembros y ha acaparado grandes porcentajes de exportaciones e importaciones para Reino Unido.

Aunque no tiene un carácter vinculante para los estados miembros, esta organización ha intentado mantener una postura firme con la defensa de la democracia y los derechos humanos durante décadas, llegando a suspender a algunos de sus miembros, como Sudáfrica o Pakistán, por eventos como el Apartheid o golpes de estado autoritarios.

¿Cuál es el futuro de la organización sin Isabel II a la cabeza?

Sin embargo, su funcionalidad ha sido criticada en más de una ocasión debido al carácter neocolonial que tiene para algunos de los habitantes de las antiguas colonias. Durante los últimos años de reinado de Isabel II, su hijo, el ahora rey Carlos III, ha intentado reforzar la importancia de esta organización de la que ya es su líder. No obstante, algunos miembros han expresado su postura contraria con respecto a que el nuevo monarca lidere la organización.

Las críticas sobre el rol de la monarquía en los países donde todavía sigue teniendo presencia -como Australia, Canadá o Nueva Zelanda- y sobre el carácter neocolonial que puede llegar a tener una organización como la Commonwealth han crecido en los últimos años y pueden aumentar tras la muerte de Isabel II. Aunque, para muchos, apartar a la monarquía de su rol protagónico no tiene por qué significar terminar con la Mancomunidad de Naciones.

Una cuestión muy delicada para Reino Unido, especialmente en un momento en el que sus relaciones con otras organizaciones que en el pasado han sido fundamentales para su economía, como la Unión Europea, se han visto afectadas por el Brexit. Algo a lo que hay que sumar el golpe simbólico que supondría para una institución como la monarquía, que es bien aceptada en Reino Unido, pero cada vez más cuestionada en otros territorios.