Comitancillo llora a su "Messi", un migrante guatemalteco asesinado en México

Edgar CALDERON
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Sobre el ataúd del futbolista Marvin Tomás reposa su camiseta, la 16, del Juventud Comiteca. Como una premonición, es el mismo número de migrantes guatemaltecos asesinados en enero en México en ruta ilegal a Estados Unidos, un "equipo" que él integró.

Marvin era zurdo como el astro argentino Lionel Messi. "Era su admirador y quería jugar en el (equipo) que Messi jugaba", el Barcelona, dijo Élida, de 29 años, hermana del fallecido.

La familia habita en el barrio Las Flores, distrito de Comitancillo, San Marcos, un departamento en la frontera con México, localizado a unos 330 km al oeste de Ciudad de Guatemala.

Repatriado el viernes desde México, al igual que otros 15 de sus compatriotas, la familia y amigos velan el cuerpo del futbolista en la habitación donde dormía.

La casa, construida con bloques de barro y techada con láminas de zinc, está en una polvorienta ladera, donde el acceso es complicado y un mal paso puede llevar al visitante al abismo.

El talento de Marvin permitió que lo ficharan en la tercera división del fútbol de Guatemala, un país de 17 millones de habitantes con más de la mitad de su población en pobreza.

"Era admirador de Messi y dijo que iba a llegar a jugar como Messi, por eso se dedicaba a entrenar", rememora Élida.

Con 22 años y querido por sus coterráneos, el deportista y técnico en salud no logró conseguir empleo en su área.

Debió alternar su pasión por el fútbol con el trabajo en el campo cultivando maíz y frijol, una actividad común en el pueblo pero que paga unos 4 dólares por jornada trabajada.

- De futbolista a migrante -

Ángela Pérez, la madre de Marvin, descansa en una silla. Tiene poca movilidad a causa de una hernia que le fue operada gracias a donaciones de pobladores tras conocerse el destino fatal de 'El Zurdo'. Recuerda que su hijo era amoroso y trabajador.

Ante la falta de ingresos, resolvió partir a Estados Unidos, para ver si allí conseguía un trabajo que le permitiera apoyar en la salud de su madre. Varios de sus vecinos hicieron lo mismo, en muchos casos ayudados por traficantes de personas conocidos como "coyotes" que cobran por el servicio.

Pero no resultó. El 22 de enero, los cuerpos de 19 personas calcinadas, entre ellos tres mexicanos, fueron localizados en una zona despoblada de Camargo, Tamaulipas, cerca de la frontera estadounidense.

Aunque los primeros días no había confirmación de que la mayoría de víctimas eran de Comitancillo, en el pueblo ya lo presentían. Algunos de los viajeros se habían comunicado por teléfono desde la ruta antes de la tragedia.

Doce eran de este empobrecido pueblo, otros dos de poblados vecinos y un par de hermanos de Granados, Baja Verapaz (norte).

Los cadáveres fueron hallados en un camino rural en el interior de un vehículo pick-up que había recibido 113 impactos de bala y fue posteriormente quemado. Doce policías mexicanos fueron detenidos por su responsabilidad en lo ocurrido.

"Solo Dios lo llevó a irse, pero ya está en su casa, con sus hermanas, aunque con dolor y con pena”, lamentó la mujer de 52 años.

En sus testimonios, los familiares de las víctimas cuentan que su gente resolvió ir a Estados Unidos en busca de un empleo que les permitiera mandar dinero.

Las remesas a Guatemala alcanzaron un récord de 11.300 millones en 2020, pese a la pandemia, un monto similar a lo que recibe el país por exportaciones, equivalente al 15% de su PIB.

- Adiós al "Zurdo" -

Sobre el féretro de Marvin están las banderas de Guatemala y la de Comitancillo. También la camisa de su club con su número, el 16, y su nombre "Marvin Zurdo", como lo conocían.

"Aquí vivimos, compartimos, aquí nació en esta casa. Me amaba y me besaba cuando salía a jugar fútbol o a estudiar, ahora ya está conmigo (...). Luchó por sus sueños, pero no lo logró", dice su madre resignada.

En la página de Facebook del Juventud Comiteca, el sencillo pero aguerrido club de fútbol del pueblo, aún siguen llorando su partida.

Marvin nunca conoció a su papá, quien murió cuando él aún estaba en el vientre materno. Era el único hombre entre cinco hermanas.

Algunos sepelios comenzaron este sábado. La familia de Rubesly, otro de los fallecidos, con 15 años, acomodó el ataúd en la parte trasera de una camioneta.

Al son de una banda, con trompetas, tambores y saxofones, el vehículo partió al cementerio, escoltado a pie por unas 500 personas.

Pero la mayoría de los restos repatriados serán enterrados el domingo. Entre ellos Marvin, que descansará bajo el suelo de aquel pueblo que defendió con sus botines.

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