"No podemos comer carbón": el lema de la ugandesa Vanessa Nakate

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La activista ugandesa Vanessa Nakate, entrevistada por la AFP al margen de un acto de Youth4Climate en Milán, Italia, el 29 de septiembre de 2021 (AFP/Miguel Medina)

"No podemos comer carbón". Este axioma se convirtió en el mantra de la joven activista ugandesa Vanessa Nakate, que repite su mensaje a través del planeta en apoyo a las comunidades más vulnerables al cambio climático.

En los pasillos del centro de conferencias de Milán, donde fue aplaudida por 400 jóvenes de todo el mundo -reunidos para elaborar su visión de la acción climática-, la joven, de 24 años, lleva incluso este lema inscripto en su sudadera fabricada por su hermana, "WE CANNOT EAT COAL" (No podemos comer carbón).

Si estuviera en el poder, empezaría por ahí. "Hay tantas cosas que me gustaría hacer, pero creo que la primera sería poner fin a las inversiones en proyectos de combustibles fósiles", explica a la AFP. "Porque no se puede comer carbón, no se puede beber petróleo, no se puede respirar gas", agrega.

Para ella, la continuación de la construcción de centrales eléctricas de carbón, oleoductos y gasoductos es la prueba de que los dirigentes mundiales no están comprometidos con el clima.

"Si alguien realmente se preocupara por la vida de las comunidades y por las poblaciones expuestas a los peores impactos de la crisis climática, ejercer un verdadero liderazgo sería detener las inversiones" en dichos proyectos, considera.

Esta lucha contra los combustibles fósiles y sus emisiones de gases de efecto invernadero sería útil para el planeta en general, pero sobre todo para "los que están en primera línea en esta crisis, sin ser responsables de ella", precisa, contenta de poder "amplificar" la voz de estas poblaciones más pobres.

- "Es la esperanza la que me impulsa" -

Para ayudar a su comunidad, la licenciada en Administración de Empresas -junto con su organización Rise Up Movement- puso en marcha en su país el proyecto "Vash Green Schools", que permite instalar en las escuelas rurales paneles solares y hornos ecológicos que sustituyen la cocción a leña.

Pero para Vanessa Nakate, ayudar a los países en desarrollo a reducir sus emisiones, e incluso a adaptarse a los efectos devastadores del cambio climático, no es suficiente. Quiere que los países ricos movilicen dinero para compensar los perjuicios sufridos, una reivindicación ampliamente compartida por los países del sur.

"Las pérdidas y los daños ya están aquí. Los dirigentes deben reconocerlo y comenzar a pagar por esas pérdidas y daños", prosigue la que se define como una militante de la "justicia climática".

"Hay ciertas cosas a las que no puedes adaptarte. No es posible adaptarse al hambre, ni a la extinción. Tampoco a las tradiciones perdidas o a la historia perdida", insiste la joven, haciendo referencia a las comunidades que serán expulsadas de sus tierras o que tendrán que cambiar de modo de vida.

En cuanto a su futuro personal, Vanessa Nakate, "conmocionada" por los aplausos que recibe durante sus viajes por el mundo, lo ve más bien por el momento "tranquilo", en Uganda, donde pasa "desapercibida" y donde quiere realizar nuevos estudios centrados en el medio ambiente.

Pero sin renunciar a su lucha. "Es la esperanza la que me impulsa a seguir reclamando la justicia climática", explica.

"Con una visión y la imaginación de un futuro que nos merecemos, espero poder seguir hablando en voz alta y confío en que las cosas salgan bien", resume.

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