¿Comemos lo que queremos o la industria agroalimentaria nos impone el menú?

¿En qué medida la industria agroalimentaria impone nuestro menú? ¿Qué estrategias utiliza para influir en los poderes públicos? El libro ‘Des Lobbys au menu’ (Raisons d’agir, 2022) analiza cómo funcionan los grupos de presión del sector agroalimentario francés para influir diariamente en los poderes públicos e imponer sus intereses en nuestros platos. Una investigación llevada a cabo por los sociólogos Joan Cortinas y Daniel Benamouzig.

La investigación lleva como subtítulo “Las empresas agroalimentarias contra la salud pública”. Toda una declaración de intenciones. Le preguntamos a Joan Cortinas si verdaderamente comemos lo que queremos o si nos lo imponen. “Un poco de los dos”, nos contesta el sociólogo.

“Cuando uno va a comprar, y todos vamos a comprar, tenemos una información y una oferta disponible. En los dos casos, los grupos de presión intervienen, pero por suerte para nosotros, no son los únicos, están los poderes públicos”, aclara Cortinas.

En el libro, Cortinas y Benamouzig demuestran el fuerte peso que tienen los grupos de presión, los lobbies, para fabricar la demanda y también la oferta. “Es un sector económico muy importante, el segundo en Francia después de las farmacéuticas. Por lo tanto, es un sector con muchas empresas, y con mucho músculo”, agrega.

Esto es, tienen muchos recursos económicos con los que pueden movilizar a las instituciones para defender sus intereses. En la investigación han calculado que existen alrededor de 600 actores individuales y colectivos. “Lo que intentamos demostrar en el libro es que el trabajo de defensa de los intereses de este sector es de todos los días, gente que trabaja todos los días, de forma sistemática y cotidiana y eso tendría que ser mucho más visible”, explica el autor del libro.

Presión a los diputados para frenar o enmendar leyes que no les son favorables, financiación de informes ‘científicos’ para valorizar productos o deslegitimar otros. “Financian estudios, esto no quiere decir que estén manipulados y eso es importante tenerlo en mente. Sino que lo que hacen es orientar la investigación. Pongamos como ejemplo los productos lácteos. Pueden ser buenos para prevenir enfermedades neurodegenerativas, pero también menos buenos para el cáncer de próstata. Lo que van a promover es la línea de investigación para sacar resultados positivos”, dice Joan Cortinas.

El mecanismo de la duda, arma de los grupos de presión

Los grupos de presión del sector agroalimentario usan una estrategia para desacreditar posiciones que no le son favorables a través del llamado mecanismo de la duda. “Cuando hemos perdido la batalla de la ciencia, es decir, cuando hay un consenso científico en la comunidad científica que el alcohol no es bueno para la salud, lo que van a hacer es desacreditar diciendo, por ejemplo, que los estudios se han hecho con ratones y que no podemos compararlos con los humanos”, explica.

Unas estrategias que frenan la voluntad de los poderes públicos. Por ejemplo, con la puesta en marcha de Nutriscore, un indicador con colores letras sobre el valor nutricional que los alimentos que se venden en el supermercado. Fue tanta la oposición, que el Gobierno tuvo que dar marcha atrás y no imponerlo como obligatorio.

En la Asamblea Nacional francesa la presión es bastante fuerte. Hay grupos de presión que incluso entregan enmiendas por escrito a los diputados, diputados de diferentes signos políticos que presentan un mismo texto. Hay incluso clubes dentro de la Asamblea para influenciar en las leyes.

“Esos clubs son asociaciones financiadas por la industria y animadas por agencias de comunicación, Son legales. Organizan comidas, los diputados son libres de ir o no ir y si ellos deciden ir es totalmente legal, pero evidentemente ese tiene repercusiones en la percepción que los diputados tienen ciertos productos”, afirma el sociólogo.

Llegado a este punto, ¿el Estado francés está perdiendo peso en las políticas de salud en favor de los lobbies? “En todo caso, históricamente, el Ministerio de Salud, que es el que defiende nuestra salud, ha pesado mucho menos que el Ministerio de Agricultura, que es el que defiende la industria alimentaria”, sentencia.