El coctel iraní de fe y gloria para ir al conflicto sirio

Homenaje en una avenida de Teherán a los iraníes fallecidos en Siria, entre ellos Mohsen Hoyayi, decapitado por el grupo terrorista Estado Islámico (EI). EFE

Teherán, 9 nov (EFE).- Mohamad tiene tan solo 21 años y ya ha viajado en dos ocasiones de Irán a Siria. Movido por su fe y una juvenil aspiración a la gloria, se embarcó como miles de sus compatriotas en una "guerra santa" sin miedo a la muerte.

"Si una persona muere de modo natural, nadie se acuerda de ella después de cien años, pero aquel que se convierte en mártir, su nombre se inmortaliza", dice a Efe este miembro de la fuerza paramilitar de Voluntarios Islámicos iraní (Basij) en un mausoleo de Teherán donde están enterrados algunos de los fallecidos en Siria.

Más de un millar de jóvenes enrolados por Irán han muerto en Siria, según la Fundación de los Mártires. Sus cuerpos han sido recibidos con honores en la República Islámica, que hace mes y medio organizó un multitudinario funeral al "mártir" Mohsen Hoyayi, decapitado por el grupo terrorista Estado Islámico (EI).

Los iraníes, pero también afganos y paquistaníes, que se unen a esta batalla contra el EI son llamados en Irán "defensores de los santuarios", ya que oficialmente su misión es defender los lugares santos chiíes de Siria.

Junto a este objetivo nominal, los nacionales iraníes sirven como asesores militares para el Ejército sirio de Bachar al Asad, mientras que los jóvenes procedentes de Afganistán y Pakistán integran facciones armadas que combaten sobre el terreno.

Los Guardianes de la Revolución de Irán defienden que esta ayuda fue solicitada por el régimen sirio y que gracias a estos asesores y milicianos los yihadistas no han llegado a las fronteras iraníes.

En esta línea, el joven Mohamad, que sirvió en el sur de Alepo y en las afueras de Damasco, asegura que él y sus compañeros iraníes fueron como "asesores y no como fuerza militar", integrados en la Fuerza Al Quds de los Guardianes y en la unidad Fatehín de los Basij.

Pese a su papel de asesores, se sitúan en el frente de batalla. Mohamad narra como uno de sus mejores amigos resultó herido cuando se acercó a rescatar a uno de los combatientes afganos: "Estaban atrapados a una pequeña distancia del EI", precisa.

El reclutamiento y entrenamiento de afganos -unos 2,5 millones de refugiados viven en Irán- ha estado rodeado de controversia.

Human Rights Watch (HRW) denunció en un informe en 2016 que los Guardianes de la Revolución enviaron a luchar a Siria a afganos indocumentados ofreciendo incentivos financieros y un permiso legal de residencia en Irán.

HRW también señaló en octubre pasado el supuesto reclutamiento de menores afganos, un caso rechazado por las autoridades iraníes, que aseguraron además que los afganos "actúan basándose en sus propias creencias religiosas".

Según Mohamad, los afganos y paquistaníes -enrolados respectivamente en las brigadas Fatemiyún y Zeinabiyún- venían en algunos casos de sus propios países de origen y en otros, de Irán.

"Los afganos están combatiendo, pero son chiíes los que defienden el santuario de Zeinab", zanja el joven, aludiendo al mausoleo de la nieta del profeta Mahoma, situado en el sur de Damasco.

No obstante, los voluntarios alistados por Irán no se quedan en Damasco. La Brigada Fatemiyún participó en las recientes batallas contra los yihadistas en la ciudad oriental de Deir al Zur.

La labor de los milicianos chiíes ha sido ensalzada por Damasco. El propio Al Asad afirmó hace unas semanas que "el pueblo iraní y sus fuerzas armadas son los socios principales en las victorias logradas frente al terrorismo en Siria".

Al Asad se pronunció así durante la visita a Damasco del jefe del Estado Mayor iraní, Mohamad Hosein Bagerí. Es frecuente la presencia en Siria de responsables iraníes, en especial la del general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Al Quds.

Esta presencia puede perdurar debido a que los iraníes continúan alistándose. Es el caso de Mehrdad, dueño de una tienda de cosmética en el bazar de Tayrish en Teherán.

Mehrdad, que asegura a Efe no pertenecer ni a los Basij ni a los Guardianes, se apuntó hace 6 meses pese a no contar con experiencia militar.

"Estoy de acuerdo con que vayan los jóvenes a Siria para defender el islam, es nuestra religión y debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano", explica.

El joven subraya que no tiene miedo a morir: "Mi mayor deseo es que me elijan para ir a Siria y de este modo poder convertirme en mártir", asevera, mientras que Mohamad afirma que si le llaman de nuevo a filas, volverá "sin duda".

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