Para finales de siglo el 98% de las crías de cocodrilos podrían ser hembras

El calentamiento global afectará la descendencia de numerosas especies de reptiles y anfibios | imagen Stan Badz/PGA TOUR

En la naturaleza, siempre fascinante y sorprendente, existen numerosas especies de anfibios y reptiles en donde la temperatura de sus nidos nido determina el sexo de las crías. Esta particularidad la podemos observar en multitud de tortugas, caimanes, cocodrilos, etc. La determinación es tan precisa que, en muchos reptiles, si la temperatura del nido se encuentra entre 32.5ºC y 33.5ºC las crías que nacen son mayoritariamente machos, mientras que si la temperatura es superior o inferior, aunque sea solo unos grados, las crías que aparecen son principalmente hembras.

No resulta difícil adivinar que todas estas especies que muestran esta determinación del sexo basada en la temperatura resultan especialmente vulnerables a los efectos de un clima global que cambia rápidamente debido a su profunda sensibilidad a las señales térmicas durante el desarrollo. El calentamiento global ya está haciendo mella en algunas regiones del planeta, como, por ejemplo, la mayor colonia de tortugas verdes del Pacífico que ya atraviesa una situación crítica en la que el 99% de las crías que nacen son hembras.

Esta semana, y oculto tras la avalancha de noticias sobre el coronavirus, se ha publicado un inquietante estudio en la Revista Proceedings of the Royal Society B, en el que se analiza la situación de una especie en concreto, el cocodrilo americano (Alligator mississippiensis) examinando detenidamente la influencia de los factores climáticos en la variación de la temperatura de sus nidos y realizando una proyección de lo que podría pasar en las próximas décadas con esta especie.

La paciencia de este equipo de investigadores de la Universidad de Georgia es encomiable ya que han dedicado más de ocho años (entre 2010 y 2018) primero a localizar utilizando helicópteros, y más tarde a medir los perfiles térmicos de 86 nidos diferentes de cocodrilo americano a lo largo de dos regiones diferenciadas, tanto al norte como al sur. De 2010 a 2017, estudiaron un total de 56 nidos de cocodrilos situados al sur (en el Centro Espacial Kennedy / Refugio Nacional de Vida Silvestre Merritt Island) y desde 2015 a 2018, monitorizaron 30 nidos de cocodrilos más al norte, en el Yawkey Wildlife Center de Georgetown.

Distribución de los diferentes nidos de cocodrilo estudiados por los investigadores | imagen Bock, Samantha L., et al.

Las conclusiones del estudio exponen claramente que los cambios al alza en las temperaturas máximas diarias del aire impulsan las tendencias anuales en las temperaturas de los nidos, mientras que la variación en las temperaturas individuales de los nidos también está relacionada con los factores locales del hábitat y las características del microclima. Las mediciones realizadas por los investigadores reflejan una temperatura media de los nidos que varía entre 28,16°C y 35,08 °C. Las conclusiones son claras y fáciles de entender: las temperaturas promedio de los nidos eran más altas durante los años más cálidos, llegando al récord del 2016, en el que en ambas localizaciones se registró la temperatura media anual más alta (32,66 °C en el sur y 32.80 °C en el norte).

Tras las mediciones y registros térmicos, los investigadores realizaron una proyección matemática con un pronóstico descorazonador: sin ningún comportamiento compensatorio de anidación, y si los registros globales continúan aumentando sin cesar, la previsión es que las temperaturas de anidación aumenten de media entre 1,6 °C y 3,7 °C, dejando repercusiones dramáticas para estas comunidades de reptiles. Para mediados de este siglo, la proporción de sexos en ambas localizaciones se verá muy sesgada, una amenaza que irá en aumento puesto que para el año 2100, las temperaturas de los nidos podrían producir hasta un 98% de crías hembras.

Aproximadamente la mitad de todas las especies de cocodrilos ya enfrentan la amenaza de extinción debido a amenazas antropogénicas, incluyendo la destrucción del hábitat, los contaminantes ambientales y la caza furtiva. El calentamiento global se suma a todos estos peligros y, salvo un cambio drástico del comportamiento de anidación por parte de muchas especies de reptiles, asistiremos lenta y paulatinamente a una reducción en todas estas comunidades.