Cocaleros bolivianos anti-Evo quieren dialogar con su delfín Arce

Valeria PACHECO
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Los cocaleros de Los Yungas de Bolivia esperan vivir tiempos mejores con el nuevo presidente, Luis Arce, sin repetir los conflictos vividos en los años de Evo Morales, a quien tildan de "abusivo".

El retorno al poder del Movimiento al Socialismo (MAS) con Arce genera dudas entre los campesinos de los cultivos de hoja de coca de Los Yungas, la zona de bosque andino o selva de montaña situada al norte de la ciudad de La Paz, a 1.700 metros de altura.

"Arce tiene que amarrarse el pantalón duro para que no se meta el Evo (en su gobierno), tiene que decirle ya eres expresidente, yo voy a mandar", recomienda Regina Mamani, madre soltera de dos niñas y cuya familia cultiva cuatro catos de coca (cada uno de 1.600 m²) en El Choro, en la comunidad de Trinidad Pampa.

Los yungueños tuvieron una pésima relación con Morales, porque él legalizó en 2017 el cultivo de coca en las tierras bajas del Chapare, en el departamento central de Cochabamba y cuna política del exmandatario, en detrimento de Los Yungas, que tenían el monopolio y donde, aseguran, "el cultivo de la hoja es una herencia ancestral".

"Tengo fe" en Arce, agrega Regina, mientras su madre Natividad Quispe, de 84 años, va descalza limpiando con un azadón la maleza de la coca, bajo unos 35 grados de temperatura.

Una generación tras otra se repite el sacrificado oficio de labrar la tierra para la planta ancestral, de múltiples usos para los andinos y, a la vez, materia prima de la cocaína.

"Nosotros respetamos la elección (del 18 de octubre), pero queremos que nos respeten y queremos conversar" con Arce, dice a la AFP Daniel Mamani Quispe, un exdirigente cocalero de 55 años.

- "Nos dio más" -

La hoja de coca es la principal fuente de ingresos en estas comunidades campesinas aymaras, que abandonaron el cultivo de mandarina, naranja y café porque la tierra "no dio más" o porque la coca es más rentable.

"La coca me ha dado una buena economía, he salido adelante, he hecho estudiar a mi hija", cuenta Regina. En sus catos, llega a producir dos bultos de 22 kilos de coca cada mes, que se venden entre 1.000 y 1500 bolivianos (unos 143 dólares) cada uno.

Los niños y niñas de Trinidad Pampa, cuando no están en la escuela o jugando fútbol, ayudan a sus familias cosechar coca hoja por hoja. Una tarea que Regina pide a Dios que no les toque a sus hijas de 13 y 3 años: "Quisiera que estudien".

Los campesinos de la zona también tienen tres catos comunitarios y con las ventas financian obras en el pueblo.

La "coquita" es todo en Los Yungas y el Chapare, pero Bolivia tiene una deuda -desde los años ochenta- de reducir el cultivo de la planta: subió de 23.100 hectáreas en 2018 a 25.500 en 2019, un 10% más, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

Bolivia es tercer productor mundial de coca y cocaína, después de Colombia y Perú.

Algunos expertos sostienen que un 90% de la producción del Chapare y un 30% de Los Yungas se destina a la fabricación de cocaína.

Lo restante se destinaría a usos tradicionales, como el mascado, la infusión y rituales religiosos, que datan de tiempos precolombinos. También se usa en cosmética.

"Nosotros estamos molestos con el Chapare, no es coca legal, es coca excedentaria, el gobierno ha permitido eso", acusa Daniel.

El control de la producción es un desafío para las autoridades bolivianas y los sindicatos cocaleros. Hasta octubre de este año la policía decomisó 12,5 toneladas de cocaína.

- "Que no genere odio" -

Si bien esperan tiempos mejores con el delfín de Morales, nadie baja la guardia en Trinidad Pampa.

Cuando Evo Morales renunció al poder el 10 de noviembre de 2019, muchos sintieron un alivio en Los Yungas.

En el Chapare, en cambio, los cocaleros reclamaron el regreso de su líder, en cuyo gobierno de 14 años los precios de la coca se duplicaron en los dos mercados autorizados, La Paz y Cochabamba. 

Tras el triunfo de Arce, Morales ha advertido que en cualquier momento volverá a Bolivia.

"No quisiera que vuelva, un abusivo era (...) nos ha dividido. Evo ha hecho daño, ha buscado dirigentes corruptos, malos, perseguidores", opina Regina, quien pide a Arce “que no genere odio, que nos trate con igualdad a todos".

Arce ya anticipó que el exmandatario aymara no será parte de su gobierno, pero en Trinidad Pampa -que ya enfrentó a la policía- todos están alertas.

Si Evo se mete, "igualito la gente va a salir [a protestar], aunque sea a dormir a la calle, no importa, ya estamos acostumbrados a hacernos gasificar" por la policía, advierte Regina.

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