El Clínico de Santiago afronta la segunda ola con la UCI en huelga simbólica

Agencia EFE
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Santiago de Compostela, 20 nov (EFE).- El Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela desafía la segunda ola de la pandemia con el personal de la UCI en huelga de carácter indefinido, si bien se trata de una protesta simbólica en demanda de mejoras en las instalaciones de la propia unidad y en la situación laboral de los sanitarios.

Los trabajadores mantienen el cien por cien de los servicios mínimos para que la asistencia sanitaria no se vea mermada y no perjudique la atención a los pacientes dadas las especiales circunstancias que atraviesa el centro sanitario, donde todos los recursos se vuelven escasos para tratar de frenar en la medida de lo posible los ingresos a causa del coronavirus y mantener la asistencia programada.

El Hospital Clínico Universitario de Santiago tiene una superficie total construida que supera los 140.000 metros cuadrados y más de 750 camas. A día de hoy las quince camas de la UCI dedicada exclusivamente a pacientes covid están ocupadas, pero las protestas del personal se hacen visibles porque se trata de un recinto abierto y no compartimentado en el que los sanitarios se quejan de que trabajan en condiciones precarias y con los riesgos que ello conlleva.

Integrado en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), cuando aparecieron los primeros casos de covid la dirección del Clínico decidió duplicar el número de camas de la Unidad de Cuidados Intensivos con el objetivo de proteger a los pacientes que no estaban infectados por el virus, en muchos casos inmunodeprimidos y con necesidad de un cuidado especial.

Al igual que en el resto de áreas sanitarias de Galicia, las últimas medidas restrictivas impuestas parece que comienzan a hacer efecto también en Santiago y si bien en la capital de Galicia la incidencia acumulada -casos por cada 100.000 habitantes- sigue a la baja, lo que sí se resiente y no parece fácil reducir es la presión en las Unidades de Cuidados Intensivos.

En el servicio de Anestesia y Reanimación reconocen que la presión asistencial y la respuesta sanitaria se lleva bastante mejor en esta segunda ola que en la primera cuando el virus atacó prácticamente por sorpresa. Sonia Veiras, anestesióloga jefa del Área de Procedimientos Quirúrgicos de Alta Complejidad, maneja casi a diario a pacientes covid.

Esta doctora percibe que la segunda ola se afronta prácticamente con el mismo personal que en la primera etapa y más cruda de la pandemia, si bien reconoce que la experiencia adquirida desde el inicio ayuda a llevar mucho mejor el día a día.

Además, explica que el hecho de ingresar prácticamente a diario a pacientes covid "no ha obligado a paralizar los quirófanos y se siguen realizando peonadas", término coloquial con el que en el sector sanitario se denomina a la actividad quirúrgica fuera de la jornada diaria ordinaria.

Sin embargo, el personal de la UCI dice tener más motivos para quejarse y todos los lunes se concentra frente a la entrada principal del centro sanitario para hacer visibles sus reivindicaciones e incluso han llegado a fabricar un ataúd de cartón con el que quieren poner de manifiesto el precario estado en el que según ellos se encuentra la sanidad pública.

Alfonso Mariño, médico intensivista, asume que se puede trabajar en una UCI abierta y sin cubículos, pero defiende que "está fuera de toda duda que si estuviese compartimentada el paciente tendría más autonomía y no se pondría en riesgo a los familiares ni a los propios sanitarios".

Otro de los integrantes del personal de UCI, Alberto Rodríguez Lamas, critica que el Hospital Clínico de Santiago tenga una UCI de adultos "totalmente obsoleta, desfasada; una unidad totalmente abierta que nos obliga a estar con los EPIs puestos toda la jornada de trabajo y con el estrés que ello origina".

Este sanitario se queja de que después de "múltiples reuniones" con la gerencia del centro sanitario "nada se hizo", y alude al "acuerdo" alcanzado a mediados de junio pasado para reacondicionar la unidad y prepararla para la segunda ola de la covid. "Todo fue un engaño al personal, estamos exactamente igual", afirma.

El personal de UCI demanda también personal especializado. "La UCI no es una unidad normal, eso genera mucha presión añadida", coinciden los sanitarios.

El doctor Pedro Rascado, ucista del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago, considera que la mejor forma de eludir ingresos en las unidades de críticos y que se produzcan muertes es tratar de evitar la transmisión del virus fuera de los hospitales, por lo que apela a la responsabilidad individual. "Las medidas restrictivas no van a funcionar si cada uno de nosotros no somos responsables en el cumplimiento", considera.

En un intento de reducir la presión asistencial y mejorar los servicios sanitarios, el Clínico de Santiago de Compostela se ha provisto desde marzo de nuevo material para las unidades covid y las urgencias se han reforzado ante el coronavirus con una nueva sala de observación con 40 camas más.

La obra, señalan desde el Servicio Gallego de Salud, se realizó en un tiempo récord al ser tramitada por procedimiento de urgencia ante la situación de la pandemia, lo que obligó a desdoblar este servicio para atender en dos circuitos diferenciados a los enfermos covid y de otras patologías.

También la Xunta de Galicia ha anunciado recientemente un Plan de contingencia covid-19 para todos los centros de la comunidad que incluye la contratación, a partir del 1 de diciembre y por un año, de 150 profesionales de Enfermería, contemplándose también 750 nombramientos de emergencia sanitaria en esta misma categoría sanitaria con una duración mínima de cuatro meses.

El proyecto de decreto de oferta de empleo público del Servicio Gallego de Salud prevé también la convocatoria de 652 plazas de personal licenciado sanitario, para médicos de familia, de urgencia, médicos del 061 y facultativos de atención hospitalaria de diferentes especialidades.

Desde algunos departamentos del Hospital Clínico de Santiago de Compostela muchas voces no entienden cómo no se ponen en marcha cribados masivos con mayor frecuencia entre el personal sanitario para la detección precoz de casos asintomáticos.

"Da la impresión de que no nos hacen cribados por temor a que haya muchos positivos y nos tengamos que quedar en casa, con la repercusión que ello tendría para la actividad asistencial", reconoce un portavoz sindical.

Por Juan Rodil

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