Las claves para entender la crisis de la escasez de gasolina en Reino Unido

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El espíritu con el que nació y se impuso al fin el Brexit estaba impregnado de la idea de reservar los puestos de trabajos y los beneficios sociales para los ciudadanos británicos, frente a los del resto de la Unión Europea (UE). No era sólo una batalla para recuperar las fronteras, sino para que “lo de dentro” fuera para “los de dentro”, en palabras de Nigel Farage, uno de sus mayores impulsores.

Eso, sumado a la propaganda y directamente a las mentiras sobre los ahorros que iba a tener Londres si no le daba dinero a Bruselas -o, peor, a los países del sur o del este-, llevó a que en el verano de 2016 el 51,9% de los ciudadanos apostasen por el leave, la salida de Europa.

Irse tenía consecuencias. Y ahora Reino Unido las está viviendo como nunca, con una crisis por desabastecimiento de combustible y otros bienes esenciales que ha llevado a Boris Johnson a plantearse ofrecer permisos de trabajo temporales a transportistas extranjeros y a movilizar al ejército, tras resistirse, para tener conductores que lleven la gasolina. Tan básico como eso.

Las imágenes de colas y colas de vehículos en estaciones de servicio se repiten desde hace días, ante el temor entre los conductores a que se agote el combustible, después de que la petrolera BP cerrara algunas de sus instalaciones. Aunque las principales firmas llaman a la calma y confían en que “la demanda volverá a sus niveles normales en los próximos días”, el miedo sigue. Porque no es sólo la gasolina: hace meses que faltan otras cosas y nadie sabe si puede ir a más.

Cómo hemos llegado hasta aquí

El pasado viernes, la petrolera British Petroleum (BP) anunció que se veía obligada a cerrar “temporalmente” algunas de sus estaciones debido a la falta de combustible. A BP se le sumaron de seguido otros distribuidores, que han tenido que cerrar surtidores o gasolineras enteras por carecer de gasolina. Los que aún abren, como la compañía EG Group, que gestiona 341 estaciones de servicio en el Reino Unido, ha impuesto un límite de gasto a sus clientes de 30 libras (35 euros al cambio), debido a la “demanda de combustible sin precedentes” que han registrado en las últimas horas.

Lo que se ve estos días son colas de horas, accesos colapsados, personas con botellas de plástico y garrafas para llenarlas de gasolina, listos que se cuelan y generan peleas... un caos en las 8.000 gasolineras contabilizadas en el país.

A principios del verano del presente 2021, BP también cerró temporalmente una serie de estaciones, cuando se produjo otro problema de suministro en supermercados y grandes cadenas de restaurantes como McDonald’s, pero fue algo más puntual y generó menos alerta. La gente, además, estaba menos concentrada geográficamente, de vacaciones.

La razón básica de esta escasez es que la industria del transporte en Reino Unido se ha visto muy afectada en los últimos meses por la falta de conductores de vehículos de carga pesada, como las cisternas de gasolina, lo que ha incidido en la cadena de abastecimiento de combustible a través del país. La Asociación de Transporte por Carretera británica (RHA, por sus siglas en inglés) lleva meses advirtiendo de que faltan unos 100.000 conductores en el país para hacer frente a las necesidades del sector, que cuenta con una fuerza laboral total de 600.000 transportistas. Cerca de 20.000 conductores europeos han regresado a sus países de origen, especialmente en el este del continente, ya que, con la salida del Reino Unido de la UE, las empresas británicas no pueden contratar a comunitarios sin un permiso específico de trabajo.

El director de la Confederación de la Industria Británica (CBI, por sus siglas en inglés), Tony Danker, ha afirmado sin medias tintas que el escenario que afronta hoy economía británica se debe a la “resaca del Brexit”. “Hemos visto cómo algunos conductores volvían a casa, cuando no hubiéramos querido que volvieran a casa”, sostuvo el responsable de la patronal, que considera que el Gobierno debe reajustar el “sistema migratorio” y dar soluciones.

Cuando Reino Unido era parte de la Unión Europea, los conductores podían ir y venir como quisieran, pero la burocracia añadida en la frontera después del Brexit les dificultó la entrada y salida del país; a muchos camioneros les pagan por kilómetro recorrido en lugar de por horas, así que las demoras les cuestan dinero, además.

Ese es el nudo del problema, pero como las desgracias nunca vienen solas, se les ha sumado el efecto de la pandemia de coronavirus, que ha impedido que se expidieran miles de nuevas licencias para transportistas en los últimos meses. La industria le envió una carta al primer ministro diciéndole que había 25.000 candidatos menos que habían pasado sus pruebas en 2020 que en 2019. Y más aún: el de transportista, dice los profesionales, es un oficio en crisis en todo el continente europeo, cada vez hay más deserciones y, ya antes del covid-19, se estimaba que había unos 60.000 conductores menos de los necesarios en Reino Unido, informa The Guardian. No ayuda el hecho, denuncian los profesionales, de que sus condiciones son peores que en otros países europeos y los salarios, también.

El pánico ha calado y en algunas estaciones de servicio se ha llegado a disparar en un 500% la demanda de combustible en comparación con hace una semana, según apunta la Asociación de Minoristas de Gasolineras (PRA, por sus siglas en inglés).

¿Pánico o realidad?

Ante este panorama, y con una “lentitud” denunciada por la oposición, el Ejecutivo de Johnson se ha tenido que poner las pilas. Por delante lanza su mensaje de calma, asegura que no hay una escasez de combustible y que los consumidores deberían poder llenar sus tanques como de costumbre en “pocos días”.

Lo mismo que las empresas del sector, como BP, Shell y Esso, que han afirmado de forma conjunta que “ahora hay muchos coches que llevan más gasolina de lo habitual”, pero en unos días se “aliviará la presión” en las gasolineras y por eso piden a los ciudadanos que consuman como de costumbre. Los problemas están siendo ocasionados por “repuntes temporales en la demanda del consumidor, y no por una escasez nacional de petróleo”, remarcan.

Una fuente de la petrolera Shell en las islas británicas confirma a El HuffPost que “el flujo de combustible es estable y seguro” en sus refinerías, está llegando crudo y se trata con normalidad en dichas plantas. Efectivamente, no falta ni diésel ni súper ni gasóleo ni nada, pero “cuesta” aclarar “cómo se distribuye”. “El plan inicial es el de llevar las cisternas de forma preferente a los grandes nudos de comunicaciones, como las autovías, autopistas y zonas de puertos. En el interior o zonas rurales es donde más problemas de acceso se están dando”, asume.

Reconoce que hay “lentitud” y espera que se “tomen medidas que ayuden” a superar esta “coyuntura”, pero que con un “consumo responsable por parte de todos” no se deben dar “grandes lagunas” de suministro, “en ningún lugar del país”. Y recuerda que no hay problema en el caso de los transportes públicos, porque sus encargos suelen hacerse por trabajadores propios y cauces que no son los de las gasolineras.

Pero “las crisis de suministro de combustible tiende a operar con un mecanismo perverso: cuanto más se habla del desabastecimiento, más se apresuran los conductores a llenar sus depósitos y más rápido se vacían los surtidores”, recuerda EFE. Y eso afecta a personal de emergencias, por ejemplo, que se queja de que no tienen ni suministro garantizado ni trato preferente y se topan con la locura para realizar sus tareas esenciales. El tabloide The Sun citaba a una enfermera que tuvo que ir a tres gasolineras y esperar horas. “Ahora voy con retraso para visitar a mis pacientes, que me necesitan para sus comidas y medicamentos”, declaró al diario, llorando.

En mitad de esa espiral de temor, además, es difícil que el mensaje de calma cale cuando los que venden el combustible levantan la voz contra el Gobierno y no se acaban de creer que haya suficiente crudo. Gordon Balmer, director ejecutivo de la Asociación de Minoristas de Petróleo, dijo a la emisora LBC que algunas marcas de combustible están viendo cómo un 90 % de sus establecimientos se quedan sin depósitos. Y Brian Madderson, de la Asociación de Vendedores de Petróleo, critica en la BBC a Londres por ser “reacio a reconocer” que efectivamente los suministros están bloqueados en las refinerías o los depósitos de almacenamiento y que no se están entregando en las estaciones de servicio.

Lo que se está haciendo ya

El Departamento de Transporte está realizando cambios para permitir que los conductores de vehículos de carga pesada puedan obtener sus licencias más rápido. Su plan es aprobar 5.000 visados para conductores extranjeros, además, para agilizar el transporte de gasolina.

Su titular, Grant Shapps, fue el primero en reconocer que a lo mejor había que movilizar al ejército patra ayudar. “Evidentemente, si eso (recurrir al Ejército) va a ayudar, los llamaremos. Aunque habría cuestiones técnicas, como ver si pueden conducir camiones comerciales, podrían desempeñar otros roles, como examinar y formar a los transportistas”, dijo a la BBC.

Johnson luego lo negó pero, visto el panorama, este martes ha ordenado a los conductores de camiones cisterna del Ejército que se preparen para intervenir si la crisis lo requiere. Los chóferes militares -unos 150, que recibirán un adiestramiento de emergencia- transportarán la gasolina a las estaciones de servicio “donde más se necesite y para dar mayores garantías de que el suministro de combustible sigue siendo robusto”, informó el Ejecutivo en un comunicado.

Las leyes de competencia también se han eliminado, lo que significa que las compañías petroleras pueden compartir información con sus rivales para saber quién en el país necesita más gasolina en cada momento.

Colas en una gasolinera de Esso en Londres, este 25 de septiembre.  (Photo: PETER NICHOLLS via REUTERS)
Colas en una gasolinera de Esso en Londres, este 25 de septiembre. (Photo: PETER NICHOLLS via REUTERS)

Lo que viene

La situación recuerda a los años 1970, cuando la crisis energética obligó a racionar el carburante y a reducir la semana de trabajo a tres días. Hace unos diez años, las manifestaciones contra el alto precio de la gasolina también provocaron un bloqueo de las refinerías y paralizaron la actividad del país durante semanas.

Sin embargo, las encuestas demuestran que aún no le está pasando factura a la imagen de Johnson, que gobierna con mayoría absoluta, apuntalada precisamente sobre su apuesta feroz por el Brexit.

No está claro que vaya a seguir siendo así si, aunque se arregle el problema de las gasolineras, se repiten este otoño, a las puertas de la navidad, los del pasado verano, cuando durante meses, supermercados, procesadoras de alimentos y agricultores se quejaron de que la escasez de conductores de vehículos pesados estaba poniendo a prueba las cadenas de suministro, dificultando la llegada de los productos a las estanterías.

Ya se habla de un permiso inicial para 5.500 trabajadores avícolas, para que puedan trabajar en el Reino Unido hasta la víspera de las fiestas. Porque, como dice Paul Kelly, un importante proveedor de pavos de Essex, en declaraciones recogidas por el Guardian: “La razón por la que estamos teniendo todos estos problemas es enteramente el Brexit y nada más (...). A la gente que solía venir al país para desplumar y empaquetar nuestros pavos ya no les permiten entrar. Y eso es todo”.

Hasta que lleguen los parches, “Brexit means Brexit”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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