Claudio Rodríguez, poesía y participación

Una mujer observa la exposición “Claudio Rodríguez: de la aurora a la piedra", que se ha inaugurado este jueves en Valladolid. EFE/Nacho Gallego

Valladolid, 16 ene (EFE).- La vida, el sentimiento y su forma, la realidad de la naturaleza y los cambios de la historia alimentan el concepto de "participación en la poesía" que Claudio Rodríguez (1934-1999) defendió con su discurso de ingreso en la Academia, según recuerda una exposición inaugurada este jueves en Valladolid.

La lectura fue en 1992, cinco años después de una reñida elección que franqueó la Docta Casa (sillón I) a Claudio Rodríguez, y con él un cierto reconocimiento a los poetas de la Generación del 50, a sus 58 años y en la recta final de una vida y creación que culminó con "Casi una leyenda" (1991), lema y guía de la exposición.

"El poeta no tiene carta de inmunidad, ni siquiera ha de ser 'actual' adrede", en todo caso "ha de estar integrado, seguro y fresco", expuso durante esa declaración de principios al ingresar en la Academia en sustitución de Gerardo Diego, y cuyo discurso dedicó al ejemplo vital y poético de Miguel Hernández.

Ediciones de libros, revistas, cartas -enviadas y recibidas-, algún telegrama, dibujos a él dedicados, junto a fotografías y manuscritos donde se aprecian numerosos tachones, correcciones y acotaciones, conforman este muestrario con fondos mayoritariamente cedidos por la Fundación Jorge Guillén, custodio de su archivo.

Hasta el 23 de febrero, "Claudio Rodríguez. De la aurora a la piedra. casi una leyenda", permanecerá en Valladolid, una ciudad que "entra dentro de la geografía cordial" del autor de "Don de la ebriedad" (1953), ha precisado Antonio Piedra, director de la Fundación Jorge Guillén.

"La vida no es poesía, pero la poesía es vida aunque hable de la muerte", matiza el protagonista en otro pasaje de su discurso académico, uno de los ejes de esta exposición organizada también por el Seminario Permanente Claudio Rodríguez y que inició su andadura el pasado noviembre en Zamora, donde había nacido en 1934, con motivo del vigésimo aniversario de su fallecimiento.

Ahora recala en Valladolid, por iniciativa de la Fundación Municipal de Cultura, donde el visitante puede contemplar los documentos originales de algunos de los principales premios obtenidos a lo largo de su vida, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras (1993) y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1995).

Se dio a conocer a los 18 años con "Don de la ebriedad" (1953), su primer y más conocido poemario, glosado como uno de los mejores de la lírica española desde la segunda mitad del siglo XX, y que también destaca este muestrario que sigue una línea biográfica y desemboca en "Casi una leyenda" (1991), en el que empleó quince años.

El manuscrito de "Balada de un treinta de enero" y el retrato que le realizó el pintor Carlos Evangelista reciben al visitante que desea adentrarse en el universo de Claudio Rodríguez, quien se inició en la poesía en 1948 con unos tanteos que él denominó "ejercicios para piano", aunque su estreno en letra impresa data de 1949 con la "Nana de la Virgen María" que le publicó el rotativo "El Correo de Zamora".

A "Don de la ebriedad" le sucedieron "Conjuros" (1958), "Alianza y condena" (1965), "El vuelo de la celebración" (1976) y finalmente "Casi una leyenda" como broche de un andadura distinguida también con el Premio de la Crítica (1965), el Nacional de Poesía (1983), y el Castilla y León de las Letras (1986).

Veinte años después de su muerte, la poesía de Claudio Rodríguez no es sólo figura sino aliento, como apuntó él mismo en uno de los versos de "Lamento a Mari", incluido en el libro "Casi una leyenda" y que el visitante de la exposición puede llevarse impreso en un desplegable como recordatorio de "cuando ya sin dolor no hay ilusión, / cuando la luz herida se va a ciegas".

Roberto Jiménez