Ciudades como bosques en el futuro

De un tiempo a esta parte el término biomimesis es cada vez más común en los desarrollos tecnológicos con los que nos soprenden los ingenieros. Definido como el proceso de tomar las cualidades de los organismos vivos y emplearlos como modelo en el diseño de soluciones a problemas humanos, en este mismo blog os he hablado de sus aplicaciones en más de una ocasión. Ahora, en un nuevo paso adelante, veo que la biomimesis comienza a aplicarse al desarrollo urbanístico, por lo que no es descabellado pensar que las ciudades futuras funcionarán como bosques, o que los sistemas de transporte público imitarán al cuerpo humano.

Y es que si queremos salvar al planeta, no queda otro remedio que imitar las soluciones que la naturaleza, suprema diseñadora, ha ido encontrando en ese constante proceso de cambio al que llamamos evolución.Tomemos como ejemplo el trabajo del arquitecto berlinés Max Schwitalla, quien se ha propuesto revisar la relación entre la mobilidad y los espacios urbanos de un modo sistemático. En su proyecto Flywheel, premiado por su innovador planteamiento por el fabricante de automóviles Audi, Schwitalla prentende eliminar la división entre vehículos públicos y privados inspirándose en el funcionamiento interno de la célula a la hora de diseñar un sistema de transporte que de servicio a una ciudad entera.

Su inspiración ha sido, como digo, el modo en que las proteínas se mueven y entregan suministros en el interior de la célula, empleando para ello una especie de zarcillos con los se agarran a los túbulos (véase primera imagen). No es de extrañar que el equipo de colaboradores de Schwitalla integre a un bioquímico y a un experto en tránsito, con cuya colaboración ha ideado un vehículo circular que sea a la vez rueda, motor y habitáculo (véase imagen inferior).

La circulación de estos FlyWheel, que podrán girar 360º, se hará de dos modos: rodando “hacia adelante” por sus propios medios, para los desplazamientos locales, y “lateralmente” unido a otros módulos idénticos (formando una especie de tren-tubo) sobre una pista movil a la que se unirá neumáticamente. La idea es que así agrupados, puedan recorrer las grandes avenidas de la ciudad sin rodar, ya que en realidad el movimiento lo ejecutará la propia pista, que los portará sobre sí misma como si fuese una cinta transportadora. (Véase imagen inferior.)

Ahora cambiemos de tema de forma radical. Situémonos en un pueblo de la India llamado Lavassa. Una ciudad privada a dos horas de Pune y cuatro de Mumbai, edificada enteramente de la nada después de la independencia de la India, inspirándose en la pintoresca villa italiana de Portofino. Ni siquiera el nombre tiene significado, este mega proyecto urbanístico de 27.000 millones de euros, recibió su nombre de una empresa estadounidense especialista en marcas.

Durante el monzón, Lavassa se ve anegada por 8 metros de agua, lo cual obviamente erosiona su suelo. ¿Cómo solucionar esta degradación anual? Los bioingenieros observaron el modo en el que los cercanos bosques de las montañas Ghats occidentales lidiaban con este ‘húmedo’ problema en busca de inspiración. Se dieron cuenta de que en los bosques, la lluvia del monzón atraviesa tres capas antes de tocar el suelo: el dosel de las copas de los árboles, los niveles inferiores de arbustos, y finalmente la capa de restos de vegetación que cubren el suelo. Cuando una gota alcanza la tierra, ha perdido casi toda su velocidad al ir rebotando de superficie en superficie, por lo que el suelo puede absorberla gradualmente.

Cuando los dirigentes de Lavassa, consultaron a la empresa HOK, cómo expandir su ciudad, construyendo un nuevo barrio en las colinas próximas para dar cobijo a 30.000 habitantes; los diseñadores aplicaron la biomimesis inspirados por el funcionamiento del bosque. Lo que les propusieron para moderar la degradación del terreno, provocada por las lluvias durante el monzón, fue crear una regla de tres etapas previas al golpeo de las gotas en el suelo. ¿Cómo? Básicamente cubriendo las abundantes zonas verdes con una densa capa arbórea y de arbustos, agrupadas en grandes terrazas colgantes.

Otra de las recomendaciones de HOK para reducir la erosión del suelo fue la de emplear aditivos naturales en la tierra, para lo cual se inspiraron en las termitas. Estos insectos emplean su saliva, mezclada con minúsculos granos de tierra, para formar una superficie resistente al clima que protega a sus termiteros. A imitación de ellas, en lugar de construir un millón de diques y muros por doquier, HOK intentó tratar con aditivos el suelo de las laderas (con inclinaciones moderadas) para estabilizarlo y combatir la erosión.

Como véis, para encontrar soluciones a nuestros problemas más complejos, muchas veces basta con sentarse a observar el modo en que la naturaleza los solucionó. Tal vez muy pronto, nos movamos por nuestras ciudades imitando el modo en que las proteínas recorren el interior de la célula, y salvemos los problemas estacionales de la lluvia en nuestras urbes, para evitar inundaciones, al estilo de los bosques de la India.

Me enteré leyendo Yahoo! news.

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