Ciudadanos y la estrategia "from lost to the river"

La clase política está sometida al estrés de mantener su notoriedad cada día. Se trata de una batalla diaria por ganar la atención de los medios sean profesionales o sociales. Esto se hace evidente en las mareas de tweets, declaraciones, vídeos, etc. para intentar conseguir ese recurso escaso de nuestro tiempo: la atención. Hay algunos pocos jedais de la gestión de la atención mediática como Gabriel Rufián, cueste lo que cueste y sea como sea. Y otros son meros aprendices.

Ciudadanos y, en especial, Albert Rivera han conseguido nuestra atención durante algunas horas. Ambos están en una situación complicada a la hora de hacer socialmente aceptable y verosímil su oferta de “levantar el veto a Sánchez”. Partido y líder aparentan una serenidad que, en realidad, parece esconder cierto pánico. Incluso frente a parte significativa de sus votantes no sea que puedan llegar a creer que la veleta estratégica de Ciudadanos se ha direccionado sin sentido antes o después -o en ambas ocasiones- para contribuir a forzar la última repetición electoral.

El famoso principio de La navaja de Ockham, un filósofo y fraile del siglo XIV, sostiene que la explicación más simple es siempre la más probable de que sea cierta. Y ahora, la explicación más simple es que Rivera prefirió el conflicto abierto con el PSOE (que se sintetiza en la simplona metáfora de la banda de Sánchez, etc.) a conformar con Sánchez una mayoría absoluta de gobierno, ganar experiencia de gobierno nacional, demostrar sentido de estado y verdadera preocupación por el bien común. Después del 28A Rivera con sus diputados -el 10N es mucho menos probable que repita resultados- podría haber cambiado su argumentario de campaña de manera menos traumática que con la oferta de “levantar el veto a Sánchez”. Una oferta que ya, en la práctica, no tiene valor alguno. La media de todas las encuestas y sondeos ofrece una indiscutible pérdida de votos para Ciudadanos.

Promedios de intención de voto. Kiko Llaneras (El País)

En su huida hacia adelante Rivera deja atrás la expulsión o renuncia de disidentes internos cualificados y el error estratégico de haber malinterpretado tanto a Pedro Sánchez (cuando en la noche electoral se resistió a rechazar un pacto con Ciudadanos, mientras sus votantes, le gritaban “con Rivera no”) como el significado y duración del castigo electoral al PP. La élite de Ciudadanos parecería que creyó que el 28A habían ganado las elecciones en alguna dimensión paralela no discernible para el resto de la sociedad. Los anunciados y siempre pospuestos sorpassos de Podemos al PSOE y el de Ciudadanos al PP tienen dos cosas en común: el exceso de confianza -o euforia- que ha aturdido la comprensión real del oponente y, también, un efecto boomerang imprevisto para Podemos y Ciudadanos.

El volantazo de Albert Rivera no solo resulta socialmente inverosímil y penoso sino que evidencia bastante improvisación, incoherencia y, lo que no es menos preocupante, un cierto aroma a desesperación. Es de sentido común que el discurso de Ciudadanos, líder y partido, va a estar lastrado durante mucho tiempo por sus decisiones tras el 28A. Rivera ha mellado de forma gratuita su navaja de Ockham cuando la solución más simple era un gobierno con mayoría absoluta que estaría ya en condiciones de enfrentar una recesión económica en ciernes en mejores condiciones de las que vamos a estar en el próximo año. La oferta de Albert Rivera a Pedro Sánchez es más el reconocimiento de un grave error de comprensión -sostenido de forma tenaz hasta el pasado 24 de septiembre- que el inicio de una nueva estrategia. El criterio del bien público para Ciudadanos parece haberse alejado de su discurso político tanto como el de la banca pública y la salida del euro en el de Podemos.

Tan protagonista se habría sentido Rivera de impulsar el no acuerdo que ha permitido que mientras tanto el PP, el gran perdedor del 28A, con un rol de simple observer del intercambio de golpes entre PSOE-UP o Cs-PSOE y con una actitud pasiva-receptiva -una vez que la corrupción del partido no está día y noche en el prime time de prensa y televisión- se ha deslizado casi sólo al centro derecha. Así, desde un discurso previo al 28A, muy próximo en ocasiones a Vox, el PP parece menos radicalizado y Pablo Casado ha vuelto del verano con nueva imagen de madurez y menos crispante. Rivera ha facilitado -con su veto a Pedro Sánchez- que el PP esté en el camino de la recuperación de una parte significativa del 45% de los votos y de los 71 diputados que perdió el 28A.

Por último, la oferta de Rivera de “levantar el veto a Sánchez” solo admite dos interpretaciones: es falsa o Rivera no tiene el partido bajo control. La moción de censura presentada por Ciudadanos en el Parlament contra el presidente Quim Torra ha sido desatendida mediáticamente porque no había dudas de su fracaso. Todo señala, en realidad, a que la verdadera diana hacia la que Ciudadanos ha apuntado es el siempre ambivalente PSC. Si Pedro Sánchez utilizó como argumento aquello de la desconfianza recíproca con Pablo Iglesias para no aceptar un gobierno de coalición es poco imaginable que pueda haber sobrevivido rastro alguno de confianza con Albert Rivera. Seguiremos atentos.