5 señales psicológicas que revelan que estás al límite

Jennifer Delgado
·7 min de lectura
Si no hacemos
Si no hacemos "limpieza emocional" cada cierto tiempo, terminaremos funcionando al límite. [Foto: Getty Images]

Llevamos un ritmo de vida frenético que no deja mucho espacio para nutrir nuestra vida interior. Cuando las 24 horas no nos alcanzan, resulta difícil hacer esa pausa imprescindible para estar a solas con nosotros mismos. Sumergidos en ese día a día paroxístico, no es extraño que terminemos extenuados y con los nervios a flor de piel.

Cuando no nos detenemos para realizar una “limpieza emocional” en condiciones, las tensiones se van acumulando, los viejos problemas irresueltos se suman a los nuevos y los conflictos se multiplican. Así nos empujamos cada vez más al límite, hasta llegar al punto de no retorno, ese en el cual nos venimos abajo o estallamos llevándonos por delante todo lo que encontremos a nuestro paso.

Ignorar los límites constantemente no es sano

Cuando no somos capaces de realizar “limpieza mental” y establecer límites emocionales, es probable que los problemas, conflictos y tensiones se acumulen hasta provocarnos una “intoxicación emocional”. La acumulación de rabia, frustración, resentimiento o desesperanza puede convertirse en un veneno para nosotros mismos.

Generalmente llegamos a ese punto cuando ignoramos constantemente nuestros límites emocionales. Cuando nos cuesta decir “no” y aceptamos más tareas de las que podemos gestionar. Cada vez que aceptamos las intromisiones de los demás en nuestra vida. Cuando callamos lo que nos molesta para no generar más conflictos. Cerramos los ojos ante los problemas con la esperanza de que desaparezcan solos. O cada vez que ignoramos nuestras necesidades emocionales porque siempre hay algo más urgente o alguien más importante.

Es cierto que con esta estrategia evitamos la confrontación inmediata y el pico de estrés que puede generar, pero a largo plazo nuestro equilibrio emocional se resiente porque la tensión no desaparece. Al contrario, el estrés se va acumulando, las palabras no dichas se atragantan y el resentimiento crece. Cada vez que empujamos un límite emocional es como si añadiéramos una piedra más a nuestra mochila para la vida. Si en algún momento no nos detenemos para vaciarla, esa mochila pesará cada vez más y nos dificultará el camino, generando la sensación de que no podemos seguir adelante.

Cuando ese estado se prolonga en el tiempo, terminamos estallando o derrumbándonos. Nuestro cerebro experimenta un secuestro emocional en toda regla. El sistema límbico, que es la zona más antigua del cerebro, toma el mando y “desconecta” los lóbulos frontales, que son los que nos permiten sopesar nuestras respuestas y actuar de manera racional. Entonces las emociones fluyen sin contención. Nos volvemos reactivos. Y actuamos sin medir el alcance de las consecuencias.

Establecer límites emocionales que regulen la relación con los demás y contigo mismo protegerá tu equilibrio psicológico. [Foto: Getty Images]
Establecer límites emocionales que regulen la relación con los demás y contigo mismo protegerá tu equilibrio psicológico. [Foto: Getty Images]

Las señales de alarma

1. Reaccionas poniéndote a la defensiva

Si en los últimos tiempos cualquier comentario te parece un ataque o interpretas los gestos de los demás como amenazas veladas, es probable que estés funcionando al límite. Cuando las emociones toman el mando, percibes el mundo a través de su prisma, por lo que te convertirás en una persona extremadamente reactiva.

La ansiedad y el estrés, por ejemplo, pueden llevarte a asumir perspectivas más egocéntricas y hacer que veas peligros donde no los hay. Y si estás convencido de que los demás te atacan, entrarás en “modo autoprotección”. El problema es que cuando funcionas al límite tus inseguridades afloran y activan las respuestas de defensa. Por eso, cuanto más sensible y vulnerable te sientas, más a la defensiva estarás.

2. Te sientes desbordado por todo

Si no haces limpieza emocional cada cierto tiempo, las emociones tóxicas seguirán acumulándose, hasta sobrepasarte. Imagina que cada palabra que te has tragado, cada humillación, conflicto latente o foco de tensión activo es una gota que se añade al vaso. Si esa situación se repite a lo largo del tiempo, el vaso terminará desbordándose.

Cuando llevas mucho tiempo funcionando al límite, los problemas no solo te agobiarán, sino que todo se convertirá en un problema. Si tu capacidad para lidiar de manera adaptativa con la realidad está en mínimos, cualquier tarea, incluso las más sencillas, pueden parecerte una misión imposible. Tendrás la sensación de que todo pasa demasiado rápido o que las cosas se acumulan y sientes que no eres capaz de gestionarlo. El día a día simplemente te aplasta.

3. Pierdes el control a menudo

Una de las señales más reveladoras de que estás funcionando al límite es la pérdida del autocontrol. Si descubres que día sí y día también te enfadas o te frustras sin una razón de peso aparente y experimentas una tensión interior creciente que no sabes muy bien de dónde proviene, quizá estés llegando al punto de no retorno.

Es probable que te sientas en una montaña rusa emocional ya que cualquier cosa puede enfadarte, frustrarte o entristecerte infinitamente. Las emociones dictan tu comportamiento porque, aunque seas consciente de que son perjudiciales, no logras gestionarlas de manera asertiva. Su pulsión es más fuerte que tu voluntad. Esa labilidad emocional hace que pierdas el control y actúes de manera impulsiva, arrepintiéndote luego de ello. Por tanto, los gritos,

4. Te invade la indolencia

La intoxicación emocional no siempre se experimenta como un torbellino de emociones. En muchas ocasiones a la rabia, la angustia o la ansiedad le siguen periodos de apatía extrema. En esa etapa, que puede durar pocas horas o extenderse durante días, te sentirás desconectado del mundo y de ti mismo. Nada te motiva. Las cosas que antes te animaban solo te provocan indiferencia. Sigues adelante con tu vida de manera rutinaria, como por inercia y envuelto en una bruma de desgana.

Ese estado de “sequía emocional” suele producirse después de periodos de una gran tensión en los que experimentas un aumento del cortisol y otras hormonas que te ayudan a afrontar esos desafíos. Sin embargo, cuando la tensión es excesiva, tu cerebro genera una especie de “anestesia emocional” para protegerte. De hecho, no es casual que durante los fines de semana y festivos, precisamente cuando estamos más relajados, se reporte el mayor número de ataques de pánico.

5. Tu cuerpo empieza a resentirse

Si llevas un estilo de vida muy intenso volcado hacia el exterior, es probable que no prestes mucha atención a las señales psicológicas. Sin embargo, cuando pasas mucho tiempo al límite, tu cuerpo también empieza a enviar señales. Las emociones reprimidas que bullen en tu interior encuentran una vía de escape a través del cuerpo. Pueden manifestarse como problemas de salud puntuales o adquirir un carácter crónico, en dependencia de cuánto fuerces a tu organismo a vivir en ese estado de desequilibrio, contención, descontento o angustia.

Es probable que comiences a padecer alguna enfermedad psicosomática o reaparezcan antiguas dolencias. Generalmente se trata de brotes agudos, como cuadros de vómitos, náuseas, mareos o migrañas. No obstante, las tensiones acumuladas también pueden causar o agravar problemas musculares, afecciones de la piel o úlceras pépticas, entre otros.

¿Cómo evitar ese ciclo emocional tóxico?

Para evitar llegar al límite, necesitas hacer un alto y repensar el camino que te ha llevado hasta ese punto. Quizá descubras que has sido demasiado permisivo con los demás o que te has relegado a un segundo plano durante demasiado tiempo.

Marcar límites emocionales claros dará un nuevo orden a tu vida, mejorará tus relaciones interpersonales y te protegerá de las críticas destructivas, las agresiones indiscriminadas, la invalidación o la falta de consideración de los demás.

Sin embargo, esos límites no solo se proyectan hacia fuera sino también hacia dentro. Ser consciente de que necesitas cuidar tu equilibrio emocional y tener claras las líneas rojas que no debes traspasar también te ayudará a crear una barrera de contención para impedir que las emociones perjudiciales se acumulen hasta el punto de hacerte daño.

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