La misteriosa enfermedad de Chris Froome que solo le da fuera de Ineos

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Cycling - Tour de France - Stage 1 - Brest to Landerneau - France - June 26, 2021 Israel Start-Up Nation rider Chris Froome before the start of the Tour de France REUTERS/Stephane Mahe
REUTERS/Stephane Mahe

El 12 de diciembre de 2013, Chris Froome anunciaba con entusiasmo al diario inglés "The Independent" que por fin estaba libre de la esquistosomiasis que llevaba sufriendo desde hacía cuatro años, cuando se fue a pescar a un río de su Kenia natal, tocó el agua y contrajo un parásito llamado "bilharzia". Este parásito puede provocar una reacción exagerada del sistema inmune que deriva a su vez en procesos inflamatorios, afectación a órganos vitales y, de no tratarse con eficacia, puede provocar incluso la muerte.

Aquel mismo año, Chris Froome había ganado el primero de sus cuatro Tours de Francia, por supuesto, en la estructura Sky. El año anterior, ya había hecho de fiel escudero de su compañero Bradley Wiggins, ocupando un meritorio segundo puesto y, si nos remontamos unos meses atrás, a septiembre de 2011, Froome había quedado segundo en la Vuelta a España, por detrás del cántabro Juanjo Cobo, quien sería desposeído en 2019 del título por alteraciones sin justificar en su pasaporte biológico.

La esquistosomiasis, según los expertos, habría sido la causa de los horribles resultados de Chris Froome durante los años anteriores. En realidad, hasta ese septiembre de 2011, ya con veintisiete años, no es que Chris Froome fuera un corredor anodino, es que era de clase baja. Un buen rodador de complemento para echar una mano en momentos muy puntuales. De la noche a la mañana, y mucho más, lógicamente, cuando se deshizo del parásito que estaba intentando destrozar por dentro su sistema inmune, se convirtió en un dominador generacional: a sus cuatro Tours hay que sumarle dos Vueltas y un Giro. Siete grandes vueltas para un corredor que en 2010 había sido descalificado del Giro por subir el Mortirolo agarrado a un coche.

Aquel fue su primer año en el Sky, con el cazatalentos Dave Brailsford. No había nada en su rendimiento con el Barloworld que invitara al fichaje de aquel corredor desbargado y torpe en las subidas, pero Brailsford apostó y vaya si ganó. Froome llegó con su diagnóstico de la enfermedad parasitaria y se ve que el tratamiento fue de lo más eficaz (los corticosteroides son el mejor remedio) porque, ya digo, el año siguiente estaba luchando por grandes vueltas y la siguiente década llevaría por completo su nombre.

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El dominio de Froome no se interrumpió durante ocho años ni se volvió a saber de la dichosa enfermedad. Si aún en proceso de recuperación era capaz de ganar a los mejores, una vez dejada atrás la esquistosomiasis, el keniata-británico se convirtió directamente en imbatible. Así, hasta que una brutal caída mientras reconocía una contrarreloj de la Dauphiné 2019 le cortó las alas. Apenas había pasado un año de su exhibición en la Finestre y Sestrieres que le valió un Giro de Italia, metiendo una minutada él solo a un grupo en el que Dumoulin, Pinot y Reichenbach se dejaban la vida en los relevos.

A la mala noticia de la caída se sumaron dos buenas: el sobreseimiento de su positivo por salbutamol en la Vuelta de 2017, al parecer por culpa de la medicación contra el asma -otra enfermedad crónica de Froome- y la citada suspensión de Cobo, que dejaba al británico como vencedor de la Vuelta ocho años después. Lo que nadie esperaba era que una caída en un entrenamiento acabara en la práctica con su carrera y que, igual que pasó del todo a la nada, ahora pasara de la nada al todo. Más de un año estuvo Froome sin correr y, cuando volvió, su nivel recordaba más al de 2010 que al de 2018. El equipo Israel le hizo una oferta imposible de rechazar y Sky (ahora ya Ineos) no tuvo problema en liberarle.

Si fue un error de cálculo o no, es difícil de decir. Chris Froome, a sus treinta y siete años, ha hecho una temporada horrorosa... pero al parecer ya sabemos por qué. Esta misma semana, el equipo Israel ha anunciado que Froome recayó en primavera de la esquistosomiasis y eso le lastró en el último Tour de Francia, donde quedó 133º en la general, a cuatro horas de Pogacar. Solo ocho corredores quedaron detrás de él, lo que no deja de evidenciar el pundonor del británico, empeñado en acabar la carrera pese a no tener ninguna opción siquiera de meterse en una fuga.

Es una pena que el parásito bilharzia haya vuelto justo cuando Froome está en plena recta final de su carrera y tras marcharse del Ineos. Desapareció al poco de llegar a la estructura británica y ha vuelto a aparecer nada más irse. Estas cosas pasan. Los parásitos pueden producir recaídas de este tipo. Esperemos que en 2022, pueda tratarse en condiciones y con los medicamentos adecuados para al menos ver una versión de Froome más acorde a lo que ha sido su carrera. Un campeón como él no se puede retirar dejando tan mal recuerdo.

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