China, implicada a su pesar en la crisis política en Birmania

Aidan JONES
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China se ha visto implicada a su pesar en la crisis que paraliza Birmania, donde ardieron varias de sus fábricas y los obreros chinos se esconden ante unos manifestantes que acusan a Pekín de connivencia con la junta militar.

Aunque niega cualquier implicación en el golpe del 1 de febrero, el régimen del presidente Xi Jinping se enfrenta a un aumento del sentimiento antichino en este país aliado.

Durante una visita a Birmania en enero de 2020, Xi Jinping elevó a su vecino al rango de "país de destino compartido", un alto honor diplomático desde el punto de vista de Pekín.

Un año después, el país del sudeste asiático está sumido en un caos sangriento tras el golpe de estado que derrocó al gobierno civil de Aung San Suu Kyi.

Desde entonces, los activistas prodemocracia que se manifiestan a diario contra el golpe acusan a China de trabajar entre bastidores a favor de los militares.

Mientras sigue la represión de la oposición --más de 200 muertos, según un balance provisional--, Pekín se enfrenta a un dilema: apoyar a los militares o ponerse del lado de una población cada vez más antichina.

"No importa quién esté en el gobierno, China quiere un Estado que proteja sus intereses y proyectos" dice el politólogo Richard Horsey.

Pero "Pekín no cree que los militares puedan proporcionar esa estabilidad (...) y cuanto más intente China forjar un vínculo con este régimen, más se apartará la población", apunta.

- "Ambiente hostil" -

Al menos 32 fábricas de propiedad china fueron incendiadas el domingo en Rangún, la capital económica de Birmania, con daños estimados en 31 millones de euros (37 millones de dólares), según el periódico nacionalista chino Global Times.

El régimen comunista exigió justicia y protección inmediata para "los establecimientos chinos y su personal".

Las empresas chinas cerraron el martes en zonas sensibles, dejando a sus empleados ante un "ambiente hostil", según un representante de una fábrica textil de Rangún.

"Todos los empleados chinos permanecen en el interior (...) algunos policías también están apostados aquí", dijo sin querer identificarse.

Desde entonces, los medios chinos publicaron comentarios amenazantes, incluido uno que dice que Pekín podría "tomar medidas drásticas (...) si las autoridades no pueden detener el caos".

- Llamados al boicot -

El auge del sentimiento antichino en Birmania podría hacer mella en el resto del sudeste asiático, donde Pekín está ampliando su influencia a base de inversiones.

"Cualquier levantamiento popular a gran escala contra los intereses chinos puede ser contagioso y extenderse a Camboya, Laos u otros lugares", afirma el politólogo Thitinan Pongsudhirak, de la universidad Chulalongkorn de Tailandia.

En las calles de Birmania, las pancartas antichinas son habituales en las manifestaciones, llenas de rumores sobre vuelos chinos que entregan armas a la junta.

En internet se multiplican los llamamientos al boicot de los productos chinos, desde los videojuegos hasta los teléfonos Huawei o la aplicación TikTok.

"China está detrás del ejército birmano, es la principal razón de los disturbios en nuestro país", dijo un manifestante que pidió el anonimato.

Además de defender sus intereses económicos, China quiere afianzar su legitimidad en la escena internacional y "no puede hacer la vista gorda ante una feroz dictadura" a sus puertas, afirmó Thitinan.

Pekín tiene una influencia excepcional sobre Birmania y hasta ahora se ha negado a calificar la acción de los militares de "golpe".

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