China está encarcelando secretamente a cerca de 1 millón de personas y prácticamente nadie lo sabe

Pese a que desde hace algunas décadas China se ha abierto al mundo, lo cierto es que el régimen comunista sigue siendo uno de los más opacos y muchas de las prácticas que tienen lugar en el país hoy en día continúan siendo muy desconocidas para el resto del planeta. Una de ellas es la que tiene que ver con los prisioneros.

En los últimos años han proliferado los centros de reeducación, lugares en los que las personas están en contra de su voluntad y son obligadas a estudiar historia china, cantar canciones patrióticas o escribir reflexiones personales. La mayoría son torturadas y no se les permite irse a casa, tal y como denuncia Business Insider.

Policías paramilitares hacen formación en Xinjiang, China (REUTERS).
Policías paramilitares hacen formación en Xinjiang, China (REUTERS).

Estos centros se han constituido fuera del sistema judicial y los motivos por los que se puede llegar allí son diversos, siendo el hablar con un familiar en el extranjero o el llevar barba algunos de los más sórdidos, aunque el más frecuente es pertenecer a una minoría étnica. Los cálculos más recientes apuntan a que miles de personas o incluso más de un millón han pasado al menos una vez por uno de estos lugares.

En este sentido, Xianjiang, una región en la que la minoría nacional uigur constituye cerca del 95% de la población, está en el ojo del huracán. El Gobierno intenta que esta etnia deje atrás sus costumbres y por eso a las mujeres se les ha prohibido usar burka y velo y miles de personas se han visto obligadas a entregar el pasaporte y deben pedir una autorización especial para viajar al extranjero. La vigilancia es constante, ya que las autoridades han instalado aplicaciones de vigilancia en los teléfonos y han recolectado muestras de ADN y de sangre de la población en edades comprendidas entre los 12 y los 65 años.

Precisamente los expertos creen que en Xianjiang es donde se han establecido muchos de estos centros de reeducación, aunque el Gobierno, para intentar ocultar su existencia, los disfraza como centros de formación profesional. En los últimos meses han aparecido numerosas ofertas gubernamentales para construir o mejorar estas instalaciones, incluyendo 73 centros solo en esta región.

Lo que se solicitaba no deja lugar a dudas: salas de vigilancia, vallas de seguridad, equipos policiales, dispositivos de inspección, muros o incluso cadenas de hierro. Una descripción que se asemeja mucho más a una cárcel que a un centro de formación…

Expertos como Adrian Zenz, un investigador social de la Escuela Europea de Cultura y Teología, apuntan a que se ha producido una gran campaña de reclutamiento en zonas de China en las que hay potentes minorías étnicas, mientras que la situación de estas se ha visto mucho más comprometida por las férreas formas de vigilancia.