¿Quién dice que los chicos adolescentes no pueden cantar?

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¿Ha oído alguna vez que si un adolescente está cambiando la voz no debería cantar, porque quizás se pueda hacer daño en la garganta? ¿Que la voz cambia de repente, de un día para otro? ¿O que la voz de los chicos cambia pero la de las chicas no lo hace? ¿O que los chicos desafinan más que las chicas y por lo tanto en general cantan peor debido a los famosos “gallos”? ¿Todos estos mitos de dónde proceden?

Hoy en día sabemos muy bien lo que ocurre durante el cambio de la voz en la adolescencia y cómo este afecta al aprendizaje del canto, tanto en su aspecto fisiológico como en el psicológico y social.

Falsos mitos

Lo primero que debemos saber es que nada se rompe en la garganta por el hecho de crecer. La laringe se desarrolla y crece en la adolescencia, queramos o no, y lo hace por una cuestión biológica, evolutiva, y esto ocurre en ambos sexos, aunque de diferente forma.

También debemos saber que los estudios nos dicen que cantar con moderación durante la adolescencia no conlleva ningún riesgo para la salud (igual que hacer deporte moderado en estas edades, tampoco). El cuerpo está creciendo; pero eso es todo, sigue estando plenamente funcional.

Y por supuesto, aunque la voz hablada pudiera aparentar ser repentinamente más grave, en realidad el desarrollo laríngeo es algo gradual, paulatino, predecible y sostenido en el tiempo.

La habilidad de cantar bien tiene mucho más que ver con la educación musical recibida en la infancia y las horas de práctica que con ningún otro factor. Y esto incluye también la habilidad de combinar diferentes registros vocales (evitando así los “gallos”) y de hacerlo igualmente con una afinación aceptable.

En la educación coral, la adaptación musical a las características vocales de las distintas fases de la vida lo es todo. También ocurre así en la adolescencia.

Sexismo y tradición coral en Europa

El caso es que toda esta investigación se ha ido desarrollando en EE UU a partir de la segunda guerra mundial (país donde apenas tienen el problema descrito en este artículo) pero claro, la tradición coral europea es mucho más antigua que la investigación científica, y esto da lugar a una distorsión entre el aspecto artístico (más ligado a la tradición) y el pedagógico (más ligado a la investigación).

Así las cosas, han surgido distintas prácticas vocales irregulares y poco éticas (por ser discriminatorias) a lo largo de la historia: todos conocemos el caso de los famosos castrati (niños varones castrados) durante buena parte de la Edad Moderna, así como de la existencia de coros religiosos donde sólo cantan chicos, por no mencionar la tendencia actual de separar las voces blancas (agudas) de las graves en agrupaciones corales diferentes, en función de un criterio estético que en la gran mayoría de los casos sobrevalora las voces agudas por encima de todas las demás.

Nos han hecho creer que cantar agudo es simplemente mejor, más difícil, más artístico. Pero, ¿es esto cierto?

El ‘demonio’ del cambio de voz

Durante décadas se ha expulsado a infinidad de varones de innumerables coros juveniles con el pretexto del cambio de la voz. Parece ser que los chicos, cuando crecen, ya no pueden cantar. ¿Se imaginan ustedes que les dijéramos esto mismo a las chicas en relación al deporte? Inaceptable, ¿verdad? ¿Por qué, entonces, la gran mayoría de coros juveniles son femeninos? ¿Dónde están los “chicos perdidos”?

La educación para la igualdad de género no sólo consiste en que las mujeres accedan a roles y profesiones estereotipadas como masculinas, sino que también debería ocurrir a la inversa. En el ámbito social, los chicos también deberían poder cantar en un coro, practicar ballet clásico, ser personal auxiliar de aviación o dedicarse a la educación infantil, por citar algunos ejemplos.

El papel de los institutos

En Europa, muchos coros juveniles no dan cabida a los chicos, o de tenerla, participan de una forma testimonial, y casi siempre cantando de falsetto, para adaptarse ellos a las voces femeninas de sus compañeras. Es decir, lo que manda es el criterio estético, que es inflexible e innegociable: cantar agudo por encima de todo. Si eres mujer, bien por ti, y si eres hombre, te adaptas y punto.

Pues bien, este criterio es inasumible en el mundo escolar actual basado en el diálogo y la inclusión. Un adolescente carente de práctica vocal demandará identificarse en primer lugar con la voz que conoce, el registro vocal que usa para hablar, es decir, su voz grave. Sólo a partir de esta podrá aprender a cantar paulatinamente más agudo, y de hecho esto ocurre en ambos sexos.

Por lo tanto, paradójicamente, la educación coral escolar ofrece la posibilidad de usar un modelo inclusivo mixto que permita que muchos adolescentes de ambos sexos aprendan a cantar de una forma progresiva. Así es como en algunos casos, un buen proyecto coral educativo se convierte en el trampolín para que estos jóvenes descubran su vocación como cantantes y continúen con esta practica coral a lo largo de su vida.

Este modelo flexible debería afianzarse en Europa en toda clase de coros juveniles, tanto en los escolares como en los que no lo son. Hay distintas formas de conseguirlo. Sólo hay que atreverse a comenzar.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Alfonso Elorriaga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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