"Chamagol" González, el delantero que honraba al Chavo del Ocho con sus goles

·4 min de lectura
Chamagol González marcó una era como goleador en el Atlante.  (ALFREDO ESTRELLA/AFP via Getty Images)
Chamagol González marcó una era como goleador en el Atlante. (ALFREDO ESTRELLA/AFP via Getty Images)

Sebastián Chamagol González era fanático de todos los personajes de Chespirito y lo dejaba ver en cada uno de sus festejos. En el Atlante, equipo marcado por su identidad barrial, González dejó una huella imborrable gracias a sus goles, por un lado, pero sobre sobre todo por sus coloridas celebraciones en las que bien podía portar el gorro del Chavo del Ocho o el chipote chillón del Chapulín Colorado.

González ya había dado muestras de su olfato goleador en Colo-Colo, el club más popular de su natal Chile. Durante cuatro años marcó un total de 45 goles. Su hábil desmarque y sus recursos para rematar llamaron la atención de uno de los equipos con mejor ojo para reclutar jugadores provenientes del Cono Sur: el Atlante. Era un matrimonio perfecto. El goleador que busca proyección y el equipo sediento de referentes, porque a los Potros ningún jugador les duraba: cuando un refuerzo mostraba calidad, los grandes equipos lo hacían suyo a punta de billetazos.

El impacto de González fue inmediato. En su primera campaña como azulgrana, el Apertura 2002, marcó un total de 13 goles. El Atlante jugaba en Ciudad Neza y había encontrado en Chamagol a un referente en el cual depositar sus esperanzas. El andino correspondió a esa confianza con una fidelidad a prueba del dinero: torneo a torneo, su pase era uno de los más codiciados en el mercado de fichajes, pero los colores del Equipo del Pueblo se impregnaron en su corazón desde el primer momento.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver este contenido si te aparece no disponible debido a tus preferencias de privacidad

Y él también lo hizo en el corazón de los aficionados atlantistas. Lo consiguió de un modo muy peculiar: festejar sus goles como si fuera el Chavo del Ocho. La rutina era simple: marcar gol, lo cual se le daba muy bien, y acto seguido emprender el camino rumbo a la grada para colocarse el sombrero característico de Chavo y, además, sellar el segmento con el chipote chillón del Chapulín Colorado, otro emblema del repertorio de Chespirito.

El romance entre Chamagol y la grada era perfecto. Atlante, sin embargo, estaba resignado a ser un equipo con nulo protagonismo: la misión semestral era pelear los últimos lugares. Pero las grandes actuaciones del chileno habían encantado no sólo al pueblo azulgrana, sino a todo el futbol mexicano. Le marcó cinco goles en un solo partido a los Jaguares de Chiapas en 2003 y en tan solo tres años se instaló entre los cinco mejores goleadores históricos de los Potros de Hierro con 72 tantos. Los mejores equipos envidiaban al humilde Atlante por tener un portento de atacante en sus filas.

No existían dudas sobre su calidad, que también ponía al servicio de la Selección Chilena. Y sí, ahí también festejaba en honor a Chespirito, como cuando le marcó un gol a Brasil y se levantó la camiseta para mostrar el escudo del Chapulín Colorado. Le tocó vivir la época más desangelada del balompié andino, pero aun así se dio el gusto de disputar los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 en los que consiguió la medalla de bronce. Sí su momento de plenitud se hubiera extendido unos años más, habría formado parte de la cruzada revolucionaria de Marcelo Bielsa.

Chamagol festejando un gol con el gorro del Chavo.  (JUAN BARRETO/AFP via Getty Images)
Chamagol festejando un gol con el gorro del Chavo. (JUAN BARRETO/AFP via Getty Images)

Cuando Chamagol se marchó a Tigres en 2006 todo quedó en el olvido. Nada volvió a ser igual desde entonces. El letal goleador tuvo que marcharse por los apuros económicos del Potro y la ruptura dejó herido de por vida a González. En su único año con los felinos apenas marcó nueve goles para después comenzar un peregrinaje por equipos de diversas latitudes.

No brilló con la misma pasión en ningún club. Ni en Veracruz ni en Olimpo de Bahía Blanca, ni tampoco en el APOP Kinyras de Chipre. Tuvo un breve regreso a Atlante UTN, filial de los azulgrana, que solo sirvió para constatar que los grandes momentos de la vida tienen caducidad. Pese a todo, el legado de Chamagol y sus alegres festejos nunca dejará de vibrar en la memoria atlantista.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR | EN VIDEO: Angers 0-3 PSG

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente