Chóferes al frente y camiones parados: la inusual basura callejera de Dnipro

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Por entre casas despanzurradas y jardines aún cuidados de un barrio de Dnipro, se acumula a la intemperie un montículo de bolsas de plástico con basuras sin recoger. Mientras escucha música salsera, el vicealcalde de la ciudad, Mykhailo Lysenko, lo señala desde su coche extendiendo el brazo, y se queja. "Eso es por la guerra. Antes no ocurría", afirma.

"El problema no son los camiones de la basura, porque tenemos. El problema es que no hay suficientes personas que conduzcan esos camiones. Muchos de los que lo hacían se han alistado, se han ido a conducir tanques, y nos hemos quedado sin", explica.

Antes del estallido de la guerra, en la zona trabajaban "unos 110 conductores, ahora son solo 60, por lo que en Dnipro ya no podemos recoger la basura dos veces al día, sino solo una, y en las zonas más alejadas la recolectamos una vez cada dos días", detalla al añadir que en la ciudad ahora mismo hay alrededor de 900.000 residentes y entre 200.000 y 250.000 desplazados.

Con estos problemas insospechados en tiempos de guerra, la vida real así se transforma en ciudades como Dnipro, la urbe ucraniana que hace frontera con tres frentes bélicos en el este y sur de Ucrania.

Aquí el día a día dista de las películas o de una novela de John Le Carré, ni es solo la imagen -que sí es recurrente- de una barricada de un puesto de control, o de una pila de sacos de arena agrupados delante de algún edificio que se cree un potencial objetivo de los enemigos. Se parece más a una carretera que quedó a medio asfaltar, que nadie sabe cuándo se arreglará y por la que pasar es peor que un rally de precisión.

El problema de la falta de multas

Como si no fuera suficiente, “ahora se hacen menos multas que antes”, sostiene Lysenko, al sugerir el daño económico que esto supone para el ayuntamiento y todas las instituciones locales. “Eso sí, el servicio de correos funciona perfectamente. No hay problema con eso”, afirma.

Algunos vecinos incluso se ríen de ello. “¡Eso no es verdad! Cuando estalló la guerra dejaron de hacer multas, pero luego se dieron cuenta de que necesitan dinero y ahora han empezado a hacerlas de nuevo”, gruñe Denys, un ucraniano nacido en Mariupol pero criado en esta ciudad.

No debe sorprender. Dnipro, ciudad que hasta 2016 se llamó Dnipropetrovsk -la decisión la tomó el Parlamento ucraniano en una polémica decisión para la ‘descomunistización’ de la ciudad-, ha mutado de piel tantas veces que resulta difícil recordarlas todas.

Fue fundada en 1778 como Yekaterinoslav —en honor de Catalina II de Rusia—, luego en 1796 cambió su nombre a Novorrosiisk, y posteriormente recuperó su denominación anterior en 1726. Pero se llamo así solo hasta 1926 cuando nuevamente —esta vez, las autoridades soviéticas— le cambiaron el nombre a Dnipropetrovsk.

“Por muchos años, cuando la ciudad era un importante centro industrial, metalúrgico y aeronáutico (en los años de la carrera espacial entre Rusia y Estados Unidos), los soviéticos incluso mantuvieron secreta la existencia de Dnipropetrovsk, no estaba en los mapas (hasta la perestroika) y para entrar en la ciudad incluso había que pedir un permiso especial”, afirma Denys. Tanto así que las crónicas de la época incluso recuerdan que hasta los noventa entrar en la ciudad era una misión casi imposible para cualquier extranjero.

Las matrículas de los coches de otras ciudades que se ven ahora merodear por la ciudad —muchas AX, por Járkiv, AP, por Zaporizhia, AH, por Donetsk—, muchísimos de ciudades cercanas del este de Ucrania, recuerdan que esta ya no es la Dnipro de hoy.

Incluso la cultura no ha sido ajena a este desfase de la realidad, como cuenta Svitlana, trabajadora en un museo de Dnipro. "La guerra nos ha cambiado. Aunque en los primeros días tuvimos que esconder algunos de los objetos más importantes del museo, ahora también tenemos tareas nuevas como recoger información sobre el conflicto", explica. "No somos los únicos. En otro museo se han escondido estatuas de los siglos XI y XIII, y tampoco se reciben visitas", dice, al pedir que no se añada ni la ubicación ni el nombre de su galería por temor a ataques.

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