Así es la cesta de productos básicos francesa en la que se ha fijado Yolanda Díaz

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Una empleada de un supermercado de París, colocando mercancía, en una imagen de archivo. (Photo: THOMAS SAMSON via Getty Images)
Una empleada de un supermercado de París, colocando mercancía, en una imagen de archivo. (Photo: THOMAS SAMSON via Getty Images)

Una empleada de un supermercado de París, colocando mercancía, en una imagen de archivo.  (Photo: THOMAS SAMSON via Getty Images)

“Quiero un acuerdo con las distribuidoras para topar los precios de alimentos básicos como el pan, la leche o los huevos”, dijo el lunes Yolanda Díazen una entrevista a Eldiario.es. Un día después, ya en el Consejo de Ministros, afinó: “Nunca he hablado de topes unilaterales, he hablado de acuerdo”. Ni es una medida unilateral, dijo, ni se hará sin consenso, pero la idea de la vicepresidenta segunda del Gobierno de España y ministra de Trabajo y Economía Por Unidas Podemos ya encontró eco en la la ministra portavoz, la socialista Isabel Rodríguez. Es “una medida bien recibida”, la respaldó.

El debate ya está en la calle y se especula con cómo llevar a cabo la medida. Los ojos, de pronto, se han girado hacia Francia. el ejemplo que puso Díaz como una de las opciones a seguir. “Estamos estudiando medidas que (...) han tenido buenos efectos en Francia con distribuidoras como tenemos aquí. Estamos hablando de un acuerdo” entre la gran distribución y asociaciones de consumidores, enfatizó.

¿Pero de que hablaba la vicepresidenta? Pues de un proyecto aprobado en 2011 por el Gobierno galo, en manos del conservador Nicolas Sarkozy, que vio la inflación disparada y decidió actuar. Entonces, los problemas de los precios venían, sobre todo, por las Primaveras Árabes y sus consecuencias. La subida media de los precios estaba siendo del 2%, pero en productos de alimentación esenciales estaba aún más agudizada, llegando a sobrepasar el 10%. Así que en abril de ese año su secretario de Estado de Consumo, Frédéric Lefebvre, uno de sus más estrechos colaboradores, lanzó la propuesta de las panier des essentiels, o cesta de básicos.

Estaba previamente pactada con las principales cadenas de alimentación del país y con sectores clave como los agricultores y era sencilla y atractiva: consistía en que cada supermercado ofertase de forma rotatoria (cada semana) una serie de productos esenciales para las casas galas. No podía ponerse cualquier cosa, sino que obligatoriamente debía contar al menos con diez productos, entre los que tenía que haber frutas, legumbres, una pieza de carne y otra de pescado, quesos, lácteos y una bebida. No era un coladero para que las firmas se deshicieran de lo que menos les convenía, no eran las sobras, eso también estaba estipulado.

Los nueve grandes del sector -Auchan, Carrefour, Match, Géant Casino, Monoprix, E.Leclerc, Cora, Intermarché y Les nouveaux commercants- dijeron que sí al Gobierno y comenzaron a venderse lotes por valor de entre diez y veinte euros, la mayoría, que se iban cambiando y así completaban a bajo precio las despensas de los ciudadanos.

La medida no prosperó, por varias coyunturas. Primero se estableció un periodo de tres meses de prueba, que luego los supermercados podrían extender hasta un año, pero se produjo una estabilización de los mercados tras los primeros ardores e incertidumbres de las Primaveras y se quería recuperar el negocio. Además, el Ejecutivo impulsor de la medida perdió, llegó a El Elíseo François Hollande y, pese a ser socialista, no retomó las cestas.

Sin embargo, es cierto que quedó en Francia una cierta costumbre de lanzar de cuando en cuando packs de productos reunidos a buen precio, por ejemplo antes de las vacaciones o de las fiestas navideñas, ya sin las obligaciones de tener de todo lo que es esencial para las familias. Una práctica que se contagió a países como Bélgica, donde hay influencia de marcas galas.

El plan de Sarko fue criticado en su momento. Sus detractores entendían que era un parche, una medida de cara a la galería en tiempos de zozobra y a un año de las elecciones presidenciales, pero Lefavre siempre defendió que era una medida orientada no sólo a aliviar los bolsillos de los consumidores, sino a mejorar sus hábitos de alimentación y también a potenciar los productos locales, ya que se pacto que preferentemente se usaran piezas de empresas del país.“No es la cesta de un pobre, sino el comienzo de un enfoque de alimentación de calidad”, enfatizó. También defendió que el Estado no estaba interviniendo los precios ni generando competencia desleal, otro de los reproches, que todo estaba hablado, medido, y que era una experiencia “inicial”. No hubo luego posibilidades de darle un poco más de tiempo.

La medida de la cesta de esenciales que Díaz puso sobre la mesa se está discutiendo nuevamente en el país vecino, donde sufren la peor inflación en 40 años, en consonancia con el resto de Occidente, por esa tormenta perfecta que suman la pandemia coleante, la guerra de Ucrania y sus consecuencias comerciales y energéticas. El presidente, Emmanuel Macron, liberal, no lo ve por el momento, aunque la idea surgió en varios mítines la pasada primavera, cuando hubo elecciones y pudo renovar mandato. Se la recordaron el izquierdista Jean-Luc Mélenchon y la ultraderechista Marine Le Pen, de punta a punta. El único paso dado por ahora ha sido el de fijar un precio máximo para toda una serie de productos esenciales en los territorios galos de ultramar.

Carrefour, siguiendo la estela de las viejas cestas, ha empezado también a vender nuevos bloques, a 30 euros, en el país vecino...y también en España, con el lanzamiento de un pack que estará disponible en sus tiendas a partir del lunes 12 y hasta el 8 de enero, con el objetivo de “proteger el poder adquisitivo de sus clientes”. Hoy mismo se verán sus directivos con Díaz, pero ya se le han adelantado.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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