Un gesto habitual al hacer snowbard es devastador para los animales

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man rubs snowboard sponge wax on the wooden floor
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Que las actividades que realizamos los humanos tienen un impacto en el medio natural no es ninguna sorpresa. Y que las actividades en los entornos de naturaleza tienen un mayor impacto, tampoco debería sorprender a nadie. Pero muchas veces hay impactos escondidos en lo que hacemos, que no resultan nada obvios.

Por ejemplo, el hecho de que la práctica del esquí tiene un efecto enorme en la fisiología y el bienestar de la fauna, es algo que cuesta imaginar. Otros impactos - por ejemplo el ruido, o la contaminación de los esquiadores subiendo a las pistas - sí resulta obvio. Pero que las ceras que se emplean en esquís y tablas de snowboard contienen tóxicos que afectan a la fauna, no resulta tan sencillo de imaginar.

Y sin embargo, esas fueron las conclusiones de un equipo de investigación, que estuvo estudiando la fauna cercana a una estación de esquí de cierta fama en Noruega, la estación de Granåsen en Trondheim.

Al analizar el estado de saludo de una especie en concreto, muy significativa del entorno de la estación, descubrieron que sufría varios daños. Los topillos rojos (Myodes glareolus) tenían dañado el sistema endocrino y unos niveles muy bajos de testosterona, y todo a causa de una sustancia contenida en la cera para skis conocida como PFAS.

El problema con esta sustancia es que contiene fluoro, y que permanece en los ecosistemas durante muchísimo tiempo. Al bioacumularse, provoca problemas en el metabolismo de la dopamina, que puede tener un efecto muy serio en los comportamientos de huída de los animales. Al perder el balance en la dopamina, se reduce el miedo y esto afecta, obviamente, a la supervivencia.

Bien, pero es que la cosa no queda ahí. Como hemos dicho, los investigadores observaron lo que pasaba en el entorno de la estación de esquí, y también en una zona cercana donde la práctica del esquí está limitada, para que sirviese de control. Pero no podían eliminar todas las variables. Igual el problema no estaba sólo en que los PFAS llegasen al medio, de ahí a las lombrices, y a través de las lombrices a los topillos. Igual había otros factores que se estaban perdiendo.

Así que para comprobarlo, los investigadores decidieron realizar un experimento y así eliminar el máximo posible de variables. En su laboratorio, con unas condiciones lo más óptimas posibles, situaron a una serie de ratones en dos grupos. A uno de ellos les proporcionaron una dieta con el mismo contenido en PFAS que la que habían detectado en el primer estudio, y al segundo una comida "limpia", sin estas toxinas.

Los resultados fueron llamativos. Que el metabolismo de la dopamina, y por lo tanto la sensación de miedo, se veía afectada quedó confirmado. Pero además, encontraron una buena y una mala noticia.

La buena noticia es que no detectaron problemas en los niveles de testosterona. Al menos en el laboratorio, la contaminación provocada por los PFAS de las ceras de ski no producían problemas en los niveles de esta hormona.

La mala noticia, y es muy mala, es que al analizar a los animales encontraron que los hígados de los ratones que consumían los PFAS quedaban dañados. Y esto es señal de alta toxicidad, ya que el hígado es el encargado de gestionar todas las toxinas y venenos que consumimos. si el hígado estaba dañado, era señal de que los PFAS eran más tóxicos de lo que se pensaba.

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