Los animalistas deben entender que cazar cotorras es la única solución viable

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La cotorra de Kramer (Psittacula krameri)​
La cotorra de Kramer (Psittacula krameri)​

El pasado 30 de noviembre, el Partido Animalista (PACMA) convocó una concentración frente al Ayuntamiento de Madrid para exigir al alcalde, José Luis Martínez Almeida y al delegado del área de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, “el cese inmediato del exterminio de cotorras del municipio madrileño”. En su escrito de convocatoria alegan que el Ayuntamiento ha contratado cazadores, armados con carabinas de aire comprimido, que están eliminando las cotorras en diferentes emplazamientos madrileños, y exigen una gestión ética no lesiva de estas aves mediante el uso de otros medios. Entre estos métodos alternativos se encuentra la “esterilización de los machos y los huevos”, afirma en el comunicado Ana Béjar, tesorera del Partido Animalista. “Es un método realmente efectivo, no como la masacre que están realizando, e infinitamente más barato”.

No obstante, la realidad y la práctica se han mostrado muy diferentes, e incluso contrarias, a estas arriesgadas afirmaciones de la tesorera de PACMA. Las legislaciones y normativas europeas, los estudios y análisis publicados y el consenso de investigadores especializados apuntan a que el método más rápido, eficaz, económico e inocuo para el ser humano ha sido, hasta el momento, la caza selectiva con carabina de aire comprimido”, nos explica Álvaro Bayón, Doctor en Biología especializado en especies invasoras y conocido divulgador científico. “Hasta donde sabemos representa el método que menos sufrimiento animal conlleva (ya que la muerte es casi instantánea) y está aprobado por la normativa europea de bienestar animal, por no causar ningún sufrimiento”. El método de esterilización que PACMA propone es, o bien ineficaz (no consigue el objetivo, que es retirar con éxito la población de cotorras invasoras de los parques), o bien inespecífico (afecta a otras especies, además de a la cotorra) o bien inviable (ya sea económicamente, por infraestructura o por el tiempo que requiere).

Las únicas ciudades que han conseguido algún éxito frente a la invasión han utilizado precisamente la caza selectiva con carabina de aire comprimido. Destacan Zaragoza, Mallorca y la Isla de la Palma. Ninguna de las tres ha vuelto a tener poblaciones estables de cotorras hasta ahora.

Si analizamos en profundidad la propuesta de PACMA de esterilización, nos encontramos que los diferentes métodos utilizados hasta el momento solo han supuesto un gasto de tiempo y dinero sin conseguir ningún resultado práctico.

  • La captura, esterilización quirúrgica y posterior liberación del animal.

Este método es simplemente inviable. “Pretender capturar toda una población mediante trampeo es algo poco realista. Las cotorras son animales muy inteligentes y aprenden a evitar las trampas muy rápido, esto exige cambiar el método de trampeo cada poco tiempo”. Nos encontramos además ante una invasión de dos especies distintas, la cotorra de Kramer (Psittacula krameri) que resultar ser la más invasora y la cotorra argentina (Myiopsitta monachus). Ambas despliegan diferentes impactos medioambientales.

Además estas aves llegan a vivir hasta 35 años y pueden duplicar su población cada tres años, por lo que se reproducen a más velocidad de la que nosotros las podemos capturar. “Estamos hablando de trampear y esterilizar a más de 12.000 cotorras en un año”. PACMA omite que este método se ha intentado "en otras ciudades españolas como Zaragoza y apenas pudieron trampear 2000".

El método de la esterilización y posterior liberación, plantea además un problema legislativo importante: liberar deliberadamente una especie invasora es ilegal. De hecho, es ilegal desde hace muchos años y PACMA lo debería saber. Las dos especies de cotorra están incluidas en el Catálogo español de Especies Exóticas Invasoras, en el Real Decreto 630/2013 de 2 de agosto. Se podrían capturar los machos, tal y como Ana Bejar apunta, pero a día de hoy y con la ley en la mano… no se podrían volver a liberar.

Como alternativa a la liberación, en algunas ciudades se ha propuesto también captura con trampa y eutanasia con gas. Esta medida se está llevando a cabo en Sevilla, por petición de los grupos animalistas. Apenas se están consiguiendo sacrificar unas 60 cotorras al año, y la captura, el transporte y el gaseado supone un mayor sufrimiento para el animal que el disparo con carabina. El ejemplo vivo de Sevilla muestra que el sistema es ineficaz, y a nivel de bienestar animal es claramente peor.

La cotorra argentina (Myiopsitta monachus).
La cotorra argentina (Myiopsitta monachus).
  • Uso de piensos esterilizantes

Es un método muy inespecífico y afectaría con toda seguridad a otras poblaciones de aves. Dada la gran esperanza de vida de las cotorras, éstas causarían impactos aún durante varias décadas y el impacto negativo del pienso sobre otras poblaciones daría ventaja a las cotorras. “Existe un problema importante adicional y es que para que el pienso sea efectivo deben consumir una cantidad específica y actualmente desconocemos cuál es esa dosis mínima efectiva”, explica Bayón. “Si consumen menos pienso del necesario la esterilización no se produce e incluso puede ser contraproducente: podíamos estar sobrealimentando a las cotorras (el pienso esterilizante no deja de ser pienso, comida al fin y al cabo).

El uso inadecuado de estos piensos de esterilización en poblaciones de palomas en Barcelona ha resultado ser causa de incremento de su crecimiento en un 20%, es decir el efecto contrario del que se buscaba. “Nada nos dice que en las cotorras tenga por qué ser distinto”, apunta el biólogo.

  • Captura, esterilización e ingreso en instalaciones adecuadas.

Podría funcionar en municipios más pequeños o con poblaciones incipientes de cotorras (menos de 500 individuos). Pero en ciudades como Madrid, Sevilla, Málaga o Barcelona sería inviable por el volumen de captura que sería necesario y por el coste de crear y mantener instalaciones capaces de albergar a un elevado número de ejemplares.

  • Captura y regreso a su hábitat natural original

Algunas voces han propuesto enviar las cotorras de vuelta a su hábitat natural, lo que produciría un efecto que conocemos como “invasión en la región nativa”. La población de cotorras que tenemos en nuestra ciudad es muy distinta a la población silvestre. Hay que tener en cuenta que han pasado por un proceso de selección artificial muy brusca: captura, transporte, distribución, escape… en cada fase, muchas cotorras mueren, y sobreviven solo las que son más competitivas, las que tienen más resistencia, o las más inteligentes (capaces de escaparse de una jaula, por ejemplo). Esto genera, por mera evolución darwiniana, una población de cotorras mucho más competitiva, resistente e inteligente que la población nativa. Reintroducirlas en su medio natural implica un riesgo de que las cotorras reintroducidas sean más capaces de evitar depredadores, más resistentes a distintos tipos de estrés, o mucho más capaces de competir por los recursos, alterando no solo la población original, sino desestabilizando el ecosistema receptor. En definitiva, sería trasladar la invasión a otro lugar.

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