El PP fulmina a Álvarez de Toledo para reconquistar el centro

Asier Martiarena
·3 min de lectura
Teodoro García Egea, Cayetana Alvarez de Toledo y Pablo Casado en la bancada popular.
Teodoro García Egea, Cayetana Alvarez de Toledo y Pablo Casado en la bancada popular. (Photo by Carlos R. Alvarez/WireImage)

Cayetana Álvarez de Toledo tenía los días contados al frente de la portavocía del PP en el Congreso. La única duda que quedaba por despejar es si se iría ella antes de que la destituyeran. O si se trataría de un despido 'en diferido' o en 'forma de simulación'. Finalmente ha optado por la primera opción tras sentir la presión de la práctica totalidad del partido que veía en ella una traba para ganar votos en el centro y recuperar, así, la hegemonía parlamentaria.

Porque el relevo en la portavocía del grupo parlamentario venía siendo reclamado desde hace meses por el sector más moderado del partido que, en las últimas semanas, ha acabado por convencer hasta el que era el máximo valedor del nombramiento, el propio presidente del partido. La reconversión de Pablo Casado tras las elecciones gallegas y vascas ha sido tal que hasta ha reconocido internamente el error táctico de colocar al partido en la crispación constante para seguir la estela de Vox.

La salida de Álvarez de Toledo, además, era cuestión de horas tras haberse sentido ninguneada por el secretario general del partido. Lo que ha ocurrido es que Teodoro García Egea ha desautorizado las últimas propuestas planteadas por la portavoz popular como su iniciativa de levantar un Gobierno de concentración entre el PSOE, PP y Ciudadanos. Y en vistas de que ésta no se había dado por aludida ni había cesado de remar en contra de la dirección, Egea llegó formalizar el cese de su mano derecha, el hasta ahora jefe de asesoría parlamentaria del PP, Gabriel Elorriaga.

A pesar de resignarse y aceptar su destino, el cabreo de Álvarez de Toledo es de los grandes. Tanto que, internamente, acusa al partido de hacerle 'mobbing' para forzarla a ser ella quien se marchara antes de tener que echarla. Así mismo lo ha dejado caer en una entrevista concedida este fin de semana a El País, en la que ha calificado el cese de Elorriaga como una "invasión de competencias" de parte de Génova. Veremos si la cosa queda ahí, o si Álvarez de Toledo muere matando, como así ocurrió tras su primera etapa en el partido.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

¿Cómo ha llegado la cosa hasta aquí? En realidad es muy sencillo. En el PP se han cansado de que todo lo que pase por las manos de Álvarez de Toledo acabe contaminado como sucede tras un accidente nuclear. Así ha ocurrido con la salida de antiguos miembros del PP como Borja Semper, la postura del PP respecto del 8-M al usar el concepto de 'mujer florero' para criticar a la ministra Irene Montero (Podemos), las críticas a Núñez Feijóo (PP) al espetarle que "su política lingüística no difiere de la de cualquier nacionalista", o la estrategia para confrontar el ministerio de Igualdad provocando "un enfrentamiento identitario entre mujeres y hombres" tras señalar en campaña ¿Un silencio es un ‘no’? ¿De verdad van diciendo ustedes ‘sí, sí, sí’ hasta el final?”.

Con cada polémica el PP perdía un área en la que disputarle el voto al PSOE. Y poco a poco se está quedando sin espacio hacia el centro. Por eso el PP ha decidido aparcar ese perfil 'destructor' por otro más 'gestor'. Y para cubrir ese hueco todo el mundo mira a la exalcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, quien en las próximas horas será confirmada en el cargo.

El PP busca la reconquista del terreno perdido entendiendo de una vez cómo debe hacer oposición al Gobierno sin verse lastrado por los complejos con respecto de Vox.

Más historias que te pueden interesar: