¿Nos causan rechazo las personas adictas al alcohol?

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La estigmatización engloba actitudes, conductas y emociones discriminatorias por parte de un grupo social hacia los miembros de otro subgrupo minoritario. Y coexiste con elementos como etiquetar, generar estereotipos, separar, perder el estatus social y discriminar. Las personas con problemas por el alcohol y las drogas sufren una alta estigmatización.

En un estudio realizado en 14 países en el que se clasificaba el grado de estigma al que se enfrentaban diferentes colectivos, el hecho de ser alcohólico o drogodependiente ocupaba las primeras posiciones. El consumo de sustancias a menudo se asocia con otras condiciones de salud también estigmatizadas, como el VIH y el sida, la hepatitis y diversos problemas sociales.

La criminalización de los comportamientos relacionados con el uso de drogas parece legitimar la condena moral. Estos estereotipos hacen que la vergüenza y la culpa por haber desarrollado la dependencia alcohólica favorezcan la internalización de esos estereotipos (autoestigma). Esto dificulta la solicitud de ayuda y la búsqueda de tratamiento para solucionar los problemas provocados por el alcohol.

La primera encuesta nacional sobre el estigma hacia el alcoholismo

Conocedores de esta situación, la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica (SEPC) y la Asociación In Recovery han llevado a cabo la primera encuesta nacional para determinar el grado de estigma de nuestra sociedad hacia el alcoholismo y otras condiciones clínicas.

La encuesta ha sido realizada por smartmeanaytics.com, utilizando entrevistas online sobre un muestreo de 2 500 residentes en España, con cuotas representativas por género (1 242 mujeres y 1 258 varones) y edad, en mayores de 18 años. Se trata de datos preliminares que todavía están pendientes de ser revisados y publicados en una revista científica.

Cada entrevistado tenía que colocar por orden de preferencia las siguientes siete condiciones para cada uno de los roles que se recogen en la tabla adjunta: adicción al cannabis, obesidad mórbida, sida, vagabundo, adicción al alcohol, malformación / cara desfigurada y depresión.

Los resultados de esta encuesta, presentados en este Día Mundial sin Alcohol, ponen de manifiesto (véase la Tabla) que la adicción al alcohol es la más rechazada para los roles de personas fuera del entorno familiar.

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Respuestas de los entrevistados. Author provided

El hecho de tener sida, seguido de la adicción al alcohol, eran las condiciones más rechazadas para padecerlas las personas del entorno familiar. Cuando se analizaron las diferencias por género, eran las mujeres las que mayor rechazo refirieron hacia la adicción al alcohol para casi todos los roles.

Se seleccionaron las personas que colocaron la adicción al alcohol en el último lugar de preferencia para todas las personas del entorno familiar (uno mismo, hijo, pareja) y se determinó qué características diferenciaban a ese 6 % de encuestados del resto.

En ese grupo de personas con importante grado de estigma al alcoholismo en el entorno familiar predominaban de forma significativa las mujeres, los bebedores ocasionales, quienes afirmaban tener amigos o familiares con problemas de salud mental y quienes referían tener amigos o familiares con problemas por el alcohol.

Interpretación de los datos y consecuencias

Los encuestados consideraron la adicción al alcohol y el sida como las condiciones más rechazadas para personas con las que poder convivir, trabajar o que nos representen o cuiden. Tener sida provocó más rechazo que la adicción al alcohol para tenerla uno mismo o alguno de nuestros familiares.

Los porcentajes de máximo rechazo se situaban por encima del 20 % de los encuestados para todos los roles, lo que indica un importante grado de rechazo hacia el alcoholismo.

El hecho de que el grupo de mayor rechazo al alcoholismo dentro del entorno familiar reconociera que tenía amigos o familiares con problemas por el alcohol arroja una situación inédita, ya que los resultados de otros estudios apuntan a que son precisamente los familiares de las personas con dependencia del alcohol quienes menos rechazo tienen hacia esa enfermedad.

Estos resultados reflejan que la sociedad española tiene un importante grado de estigmatización pública e intrafamiliar hacia la condición del alcoholismo, lo que podría agravar las consecuencias de esta adicción en nuestro país.

Entre las consecuencias negativas del estigma social hacia el alcoholismo se han considerado las siguientes: baja autoestima, menor autoeficacia para evitar recaídas, aumento del estrés, mayor desanimo para conseguir metas relacionadas con la recuperación, escaso seguimiento de las recomendaciones para solicitar ayuda, y pobre adherencia a los tratamientos llevados a cabo por grupos de ayuda-mutua o por los profesionales.

Los datos sobre el importante grado de estigma de nuestra sociedad hacia el alcoholismo son coherentes con los publicados hace quince años. Teniendo en cuenta la escasa variación de los cambios experimentados en las últimas décadas en las actitudes hacia los trastornos mentales en general, y hacia el alcoholismo en particular, cabe hipotetizar que el estigma se encuentra entre los factores sobre los que habría que actuar para mejorar la recuperación de estas personas.

¿Qué estrategias se podrían implementar para reducir este problema?

Tradicionalmente se han considerado dos tipos de agendas para disminuir el estigma de este tipo de enfermedades: las orientadas a promover la búsqueda de tratamiento (agendas orientadas a los servicios) y las que favorecen la afirmación y las actitudes positivas de las personas en recuperación (agendas orientadas a los derechos humanos).

Los resultados de estudios basados en la evaluación de campañas donde se informaba a la población general sobre aspectos relativos a cómo y en qué consiste la enfermedad y las ventajas del tratamiento han sido de utilidad en trastornos como los depresivos o en la prevención de la conducta suicida. También lo han sido los implementados en colegios australianos (Mental Health First Aid) para disminuir el estigma hacia los trastornos mentales en jóvenes.

Las campañas orientadas a los profesionales de Atención Primaria para detectar los problemas precozmente e iniciar el tratamiento parecen cumplir ese requisito y se deberían apoyar desde las administraciones públicas con incentivos. Las aseguradoras de salud deberían plantearse la incoherencia de tratar enfermedades como la hepatitis o la cirrosis alcohólica y excluir de sus seguros a quienes reconocen haber tenido problemas con el alcohol. Lo único que se puede conseguir con dicha actitud es al aumento del estigma y la ocultación de la enfermedad.

Con relación a las estrategias para sustituir la discriminación hacia las personas con enfermedad mental por actitudes que consideren los aspectos positivos de esas personas se han propuesto agendas que tenían como objetivo la interacción con personas afectadas por trastornos mentales.

Entre las diferentes propuestas, figuran las educativas, basadas en contrastar mitos y realidades de los trastornos mentales, y las que facilitan el contacto con las personas afectadas. Un metaanálisis realizado hace unos años demostraba que este tipo de intervenciones basadas en las reuniones con personas que sufren determinados trastornos mentales eran más eficaces que otras donde se prescindía de la interacción.

Si trasladamos este tipo de estrategias al ámbito de la adicción al alcohol, se deberían apoyar las iniciativas propuestas por movimientos como In Recovery, tanto en nuestro país, como las implementadas en Estados Unidos. En ellas se aconseja visibilizar las facetas positivas de las personas en recuperación y su interacción con la sociedad.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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