El caso de las municiones sumergidas en los lagos suizos reflota en Ginebra

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Un barco navega por el lago Lemán, en Ginebra, el 2 de febrero de 2021 (AFP/Fabrice Coffrini)

El ejército suizo renunció hace años a repescar toneladas de municiones sumergidas en su territorio tras la Segunda Guerra Mundial, pero la cuestión ha vuelto a la superficie en Ginebra tras el descubrimiento de cajas resquebrajadas en el lago Lemán.

Las autoridades ginebrinas se apresuran a lanzar en las próximas semanas operaciones para hacer el inventario de este arsenal que duerme desde hace décadas en el fondo de este emblemático lago, el más grande en los Alpes.

"En otoño, vamos a probar las técnicas de localización. Vamos a detectar masas metálicas desde barcos que van a usar sondas sumergidas", explicó a AFP el geólogo Jacques Martelain.

La búsqueda se desplegará en primer lugar en una zona de poca profundidad (50-100 metros). Será en función de los resultados de estas investigaciones técnicas y del estudio de riesgo que Ginebra decidirá si recupera o no las municiones.

Miles de toneladas de municiones y otros explosivos del ejército fueron lanzados a lagos suizos durante el siglo XX, particularmente tras la Segunda Guerra Mundial, simplemente para librarse de esas armas tras explosiones en algunos almacenes.

"Se trata principalmente de bombas de aviación, granadas, cartuchos usuales y residuos de explosivos", detalló a AFP una portavoz del departamento federal de Defensa, Mireille Fleury.

En Ginebra no fue el ejército quien las sumergió, sino la empresa de armamento Hispano-Suiza, hasta principios de los 1960.

Las autoridades ginebrinas han iniciado indagaciones para determinar si alguna normativa de la época podría llevar a esta empresa a pagar parte del saneamiento que debe realizarse.

- Un peligro público -

Análisis efectuados a principios de los años 2000 por el departamento federal de Defensa estimaron entre 150 y 1.000 toneladas el peso del material sumergido, sin poder determinar su localización exacta ni su tipología.

"Hay, en principio, bombas y obuses, y probablemente municiones para fusiles", mientras que algunos evocan la presencia de bombas de fosgeno, un gas mortal, dijo Martelain.

La antigua diputada ginebrina, y también buceadora, Salima Moyard, batalla desde hace años para que la ciudad se ocupe de la cuestión.

"La única solución viable a largo plazo es el saneamiento completo, total", afirmó.

"Hay individuos que podrían plantearse el pequeño reto de ir a buscar las municiones para ponerlas junto a su chimenea. Esto puede ser verdaderamente grave: para las propias personas, para los vecinos, para el medioambiente", dijo a AFP.

En Suiza, más de 8.000 toneladas de municiones fueron sumergidas por el ejército en el siglo pasado en los lagos Thun, Brienz y Cuatro Cantones, en el centro del país, en aguas más profundas que en Ginebra y con menos movimiento.

Las autoridades aseguran que las municiones están recubiertas por una capa espesa y creciente de sedimentos y no representan por ahora peligro ni generan ningún impacto negativo en el agua. Aun así, vigilan la situación regularmente.

Ginebra confiaba también en estos sedimentos hasta que buzos de la organización francesa Odysseus 3.1 descubrieron en 2019 algunas cajas resquebrajadas con munición a 50 metros de profundidad.

"A partir del momento en que estas municiones no están recubiertas todo el rato por sedimentos y de que nos encontramos en aguas poco profundas, podemos imaginar razonablemente fenómenos de corrosión más importantes" que en el resto de lagos suizos, advirtió Martelain.

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