La Casa de la Historia de Europa, guardiana de una memoria común

Bruselas, 6 jun (EFE).- En el recinto de un antiguo zoo, reconvertido en parque en el barrio europeo de Bruselas, la Casa de la Historia Europea abrió sus puertas hace ahora cuatro años con el objetivo de mostrar las perspectivas de una memoria común y reforzar "vínculos", dice su directora, Constanze Itzel, en una entrevista con Efe.

A los pies del Parlamento Europeo y junto al resto de instituciones comunitarias, se emplaza este museo, que busca mostrar cómo aquellos momentos de la historia europea que “conocemos desde la perspectiva de nuestro país son en realidad compartidos con ciudadanos de otros países”.

“Lo que tratamos de compartir aquí son los puntos comunes de los procesos históricos que afectaron a todo el continente, pero, al mismo tiempo, la diversidad de cómo se vivió”, apunta Itzel

Cinco pisos recogen las efemérides que han dejado huella en la historia del continente, tanto los episodios más brillantes como aquellos más oscuros, que son la base de la Unión Europa (UE) y de una identidad común.

“La historia se vivió de forma muy diferente, tanto si se era víctima, por ejemplo, del Holocausto como si se estaba del lado de la colaboración o de los perpetradores. Creemos que es importante que se entiendan las diferencias, también para mejorar la comprensión de unos y otros”, destaca.

La muestra recorre la historia continental desde su propia génesis hasta la actualidad más inmediata, haciendo casi imposible que cualquier europeo no conecte con al menos uno de los episodios grabados a fuego en la memoria colectiva de Europa.

Si tuviera que elegir entre todos los momentos que se recogen en esta "casa", Constanze Itzel lo tiene claro: "la serie de 1989 es para mí extremadamente emotiva porque viví ese momento cuando estaba en Alemania Occidental y vivimos la caída del Muro de Berlín. Es una conexión muy emocional".

Varios televisores exhiben las imágenes más destacadas de esa noche de noviembre de 1989 en la que Europa comenzó a conformarse como se conoce ahora, en una sección que funciona como una especie de catarsis para la historia de Europa con la proliferación de los movimientos sociales por todo el continente y la consolidación de la Unión Europa como proyecto político.

Reflejo de ello es una escultura de un libro de seis metros y 40.000 páginas que recoge todas las leyes emitidas por la UE. “Hicieron falta ocho hombres para meterlo dentro del museo”, revela entre risas Constanze Itzel, quien resalta que esta obra representa cómo la UE se basa en “en el acuerdo voluntario de los países para adherirse” con el objetivo de aprobar leyes comunes.

Pero muchos años antes de la constitución de la Unión Europea, en todo el continente se iban rellenando las primeras páginas de una historia común.

Así, la primera planta funciona como “prólogo” en el que el visitante se sumerge en las raíces de Europa “en la cuestión de qué era, qué fue y qué será Europa”, agrega Itzel, a través del mito griego que dio nombre al continente y el nacimiento de las grandes civilizaciones antiguas.

Cronológicamente, el relato de Europa va a avanzando, prestando especial atención a los siglos de gran desarrollo humanístico y científico, al tiempo que las tensiones geopolíticas se iban acrecentando y el fantasma de la guerra empezaba a acechar a los países.

Todo estalló en 1914 con “el descenso al caos en la Primera Guerra Mundial”, avanzando luego al período de entreguerras “con los esfuerzos para construir la paz y también “para construir una unión paneuropea" .

Sin embargo, esos esfuerzos se vieron frustrados por la Segunda Guerra Mundial “con el deseo alemán de dominar Europa" y con la huella marcada en el relato europeo, detalla ltzel.

De una Europa en cenizas, surgió la primera comunidad europea mientras el mundo, y Europa misma, se dividía en dos bloques: el comunista y el capitalista.

“Muestra la reconstrucción del continente, aunque con el telón de fondo de los problemas de la década pasada, los problemas de cómo reconocer la culpa, por ejemplo, en las dos Alemanias o la falta de libertad en los países comunistas”, explica.

Como epílogo y cierre, la última planta está dedicada a la historia que estamos viviendo, que se está escribiendo ahora mismo, como el Brexit o la pandemia, que pronto tendrá una escultura dentro del museo, según asegura la directora, para recoger un episodio que dejará una huella permanente en la memoria común de los europeos.

Por Jorge Ocaña

(c) Agencia EFE