Carvalho Calero, la enormidad literaria espera homenaje

Ferrol, 17 may (EFE).- Este domingo es de rabia contenida en Ferrol. La ciudad que nunca dejó a un lado a Ricardo Carvalho Calero aguanta la tristeza por no poder salir a las calles a festejar su Día de las Letras Gallegas. Años de trabajo para lograr que se le dedicase la jornada, para derribar el muro que le separaba de otros ámbitos por su férrea defensa del reintegracionismo entre gallego y portugués, y la pandemia obliga ahora a postergar el homenaje a un autor completo como pocos en el último siglo.

De su prolífica trayectoria han quedado sobrados ejemplos de legado para un idioma en persistente lucha por la subsistencia. El aplauso colectivo se limita esta vez a un breve acto en su localidad natal, donde el Ayuntamiento ha desplegado una lona que deje grabada en la mente la relevancia de un vecino ilustre.

Hijo predilecto de la urbe naval, donde vino al mundo en octubre de 1910, ejerció como profesor, escritor o filólogo, pero son solamente algunas de las facetas que desempeñó.

Su singladura la trufó de una extensa obra en el ámbito del ensayo, pero no desdeñó una poesía que le granjeó el reconocimiento del gran público. La propia evolución de su primer apellido, de Carballo a Carvalho, plasmó en sus portadas su afán por la plena integración del gallego y el portugués para reincorporarse al mismo tronco linguístico. Es, sin embargo, una intención que sigue topando con las cúpulas académicas y que diversos colectivos intentan mantener viva.

"Vieiros", editado en 1931, marcó su apertura a la poesía, que completó con casi una decena más de títulos. Teatro o creación para el público infantil, uno de los estandartes en su conmemoración de este 1920, enfocaron su trayectoria hacia un segmento cada vez más amplio de público, pero la narrativa ratificó su versatilidad. Dos libros, "Xente da barreira" (1951) y la célebre "Scórpio" (1987), ya en el anochecer de su vida, cimentaron su prestigio.

Carvalho Calero también hizo las veces de editor de clásicos en lengua gallega y alimentó las tesis del llamado Segundo Renacimiento del idioma autóctono en aras de una "coherencia" entre gallego y portugués. Defendió esa posibilidad etimológica, pero la resistencia académica fue impenitente.

Primer catedrático de lengua e historia de Galicia en la Universidad de Santiago de Compostela, su consagración profesional le valió para resarcirse tras su encarcelamiento en la Guerra Civil.

Tras la victoria franquista, quedó relegado a la enseñanza privada, pero no abandonó su lucha por solitaria que le pareciese. Admirador de Rosalía de Castro, bandera del renacer cultural gallego, posibilitó en 1963 la "Historia de la literatura gallega contemporánea".

Con 22 años, convertido en funcionario municipal en Ferrol, ya apuntaba maneras: desde su primer poema con 15 años, "A Galiza", a múltiples colaboraciones con las revistas que ya llenaban los grandes nombres de la literatura de su época.

Aquella casa de Ferrol Vello en la que Carvalho tiene sus orígenes acumula ya demasiados años languideciendo. Con fachada a la calle San Francisco, la principal arteria del barrio portuario, fue adquirida por el consistorio, pero el deterioro no ha podido detenerse y apenas unos pilares la mantienen en pie.

Antes de la covid-19, el Gobierno local, que roza su primer año de mandato, reivindicó la recuperación de su proyecto de rehabilitación, pero los usos concretos que albergaría el inmueble siguen sin definirse.

Treinta años después de su muerte en Santiago de Compostela, el profesor y escritor Henrique Dacosta recuerda para Efe que costó "bastante trabajo" asignarle las Letras Galegas de 2020. Se suma a las voces, cada vez más, que piden que su protagonismo se prolongue hasta 2021.

De esta forma, cree que se podría paliar que el entorno educativo no haya podido abordar con calma su figura o recuperar en el calendario la multitud de eventos paralizados por el coronavirus.

"Nos coge con esta crisis tan adversa; las redes están trabajando a más no poder, pero puede que sea demasiado poco", dice en alusión a la abundancia de propuestas sobre el autor que surgen estos días en internet.

Sugiere que la Real Academia Galega "se avenga a razones del clamor popular" y no se ciña al pleno de la institución, que por lo pronto se ha fijado para el 31 de octubre en el ferrolano teatro Jofre. Se le antoja como "sucedáneo" de lo que realmente merece el artífice de obras como "Scórpio".

Dacosta aboga por "unidades didácticas" en colegios o que la ciudadanía pueda "visitar los lugares más emblemáticos" que trazan la relación de Carvalho Calero con Ferrol.

Para él, que su casa natal esté en pleno arranque del Camino Inglés a Santiago de Compostela tampoco debe descuidarse como gancho incluso "a nivel turístico". Una casa a punto de ceder que sitúa como "un verdadero desastre, se dejó caer" pese a simbolizar lo mejor de un "monumento humano".

"Lo tocó absolutamente todo", apostilla el escritor, que tilda al intelectual de personaje desde la "enormidad" y con un "posicionamiento tan claro" sobre el reintegracionismo que le condenó al "ostracismo".

Mayo de 2020 parecía el momento ideal para el rescate de su importancia de cara al gran público, pero habrá que esperar.

Raúl Salgado.

(c) Agencia EFE