Carrie Lam, una nueva líder para Hong Kong frente a la división política y social

Por Laura MANNERING
Los candidatos a la jefatura ejecutiva de Hong Kong (de izquierda a derecha), Woo Kwok-hing, Carrie Lam y John Tsang, posan durante las elecciones el 26 de marzo de 2017

Carrie Lam, la primera mujer en dirigir el Gobierno de Hong Kong, se enfrenta a la ardua tarea de calmar las tensiones políticas, pero sus opositores temen que la nueva líder acentúe la división de la antigua colonia británica.

Los partidarios de Lam, designada este domingo por un comité electoral compuesto en gran parte por las élites de Pekín, elogian su tenacidad y sus competencias.

Lam, de 59 años, trabajó en la función pública antes de entrar en política.

La nueva líder fue hasta principios de año la adjunta del jefe del Gobierno saliente, Leung Chun-ying, cuya impopularidad ?acusado por sus detractores de ser la marioneta de Pekín? ha salpicado a Lam.

El campo democrático le es especialmente hostil y sus detractores la acusan de ser la "niñera" de Leung ('lai-ma', en cantonés) por sus muestras de fidelidad.

Esta imagen negativa se vio reforzada cuando apoyó en 2014 un proyecto de reformas defendido por Pekín, criticado por la oposición por representar una "falsa democracia".

Este paquete de reformas movilizó a decenas de miles de personas que salieron a la calle para reclamar un verdadero sufragio universal en Hong Kong. Sin embargo, Pekín no cedió.

Lam, que no se ha comprometido a debatir de nuevo sobre la reforma política, intenta más bien encontrar un consenso en el terreno social.

Durante la campaña, Lam se presentó como la artífice del cambio, centrándose en cuestiones sociales como la pobreza y la vivienda, que también alimentan la insatisfacción en la excolonia británica, devuelta a China en 1997.

Aunque en las encuestas de opinión se encontraba muy por detrás de su rival, John Tsang, exministro de Finanzas, Lam cuenta con el apoyo de las personas mayores.

Tsang, una figura del 'establishment' percibido como más moderado, contaba con el respaldo de los jóvenes.

Carrie Lam fue favorita desde el principio y considerada la candidata de Pekín. Cuando en enero dejó su puesto de adjunta para hacer campaña, su dimisión fue rápidamente avalada por China.

Sin embargo, Pekín tardó más de un mes en aceptar la dimisión de Tsang.

La nueva jefa ejecutiva prometió intentar "restablecer la fe y la esperanza" en el futuro de Hong Kong y anunció que también pretendía "reforzar la relación entre Hong Kong y China".

"Hong Kong, nuestra casa, sufre graves divisiones y acumuló mucha frustración. Mi prioridad es curar estas fracturas", dijo después de su victoria.

Pero, para Lam, no hay "espacio" para las reivindicaciones independentistas de los jóvenes militantes decepcionados por el fracaso de la Revolución de los paraguas de 2014.

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