Carlos, de la UME: "Estoy donde quiero estar al cien por cien"

Madrid, 19 mar (EFE).- "Esta gente sí que no para". El que habla es el cabo Carlos Rodríguez, a cargo de un pequeño grupo de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que recorre estos días pueblos de las afueras de Valencia armado con 3.500 litros de agua y lejía.

Atiende a EFE al teléfono desde una gasolinera y lo primero que le viene a la cabeza a este asturiano de 46 años es pensar en esos otros que estos días, también, tienen que trabajar para conseguir, "más pronto que tarde", olvidarnos todos del coronavirus.

Se refiere a los seis o siete camiones de la estación de servicio que ve mientras habla por el móvil. "No somos solo nosotros, son los camioneros, los que reponen los supermercados... es una labor nacional en conjunto", asegura.

Carlos los ve cada día mientras va de Torrent a Chirivella y de Chirivella a Alacuás matando al virus que tiene en jaque al mundo. Él y su equipo de otros tres militares -un conductor y dos "fumigadores"- ha desinfectado, por ejemplo, una residencia de mayores donde han fallecido tres personas por el Covid-19 y en la que recuerda a los ancianos asomados a las ventanas con caras de "entre muestras de ánimo y preocupación".

Lleva 25 años en el Ejército y ha vivido otras catástrofes como incendios o inundaciones, pero esta crisis, reconoce, "es una parcela más que nos ha tocado descubrir". Su objetivo lo tiene claro: "Apoyar a todos los españoles, que para eso estamos".

Ahora, dice, está donde quiere estar "al cien por cien". "Y si no estuviera, querría estar donde estoy ahora", añade convencido después de explicar las armas con las que estos días combaten al "enemigo".

Un camión autobomba (como los de bomberos) con 3.500 litros de agua y lejía al 1%, mochilas al hombro con 20 litros de esa sustancia, trajes EPI, gafas, mascarilla y guantes. De todo, dice, tienen de sobra, así que no está preocupado por su salud.

"Cuando hacemos cualquier trabajo nos cambiamos los guantes para no estar mucho rato con ellos, y las mascarillas igual, te trasladas a otro sitio y de vez en cuando las cambiamos".

Padre de dos hijos de 6 y 9 años, se las arregla estos días porque su mujer se había cogido vacaciones para unas Fallas que nunca llegaron. Luego ya verán qué harán, pero lo cierto es que él está fuera más de doce horas diarias.

Sale de la base a las ocho de la mañana y hasta las diez de la noche no llega porque cuando vuelven aún tienen que desinfectar los camiones y destruir los trajes. "Higienizar todo para empezar al día siguiente", resume, y aunque cree que librarán cada dos días, él está dispuesto a trabajar toda la semana seguida.

Su familia comprende que su trabajo es especial, como el que, dice para volver a mirar a otros, "están haciendo emergencias, policía o sector sanitario". "Entienden que para eso nos han formado, aunque -reflexiona acto seguido- nadie había preparado esto para una infección como el coronavirus".

En los dos días que ha estado desplegado, su impresión es que los ciudadanos cumplen. "Por la calle se ve a muy poca gente y, la que se ve, sale a comprar a un supermercado o está paseando al perro".

Va con su equipo donde se le reclama y se presenta a los alcaldes o guardias civiles para preguntar dónde se les necesita. Centros médicos, mercados municipales, supermercados y residencias de ancianos, hospitales, estaciones de tren, cuarteles, donde la gente les saluda dándoles las luces y pitando desde los coches. "¡Muy bien lo que estáis haciendo!", les gritan.

"Lo que necesita ahora mismo la gente es tener la tranquilidad de que el Estado está ahí", resume Carlos, aunque reconoce que quienes no están tan relajados son sus padres, recluidos en un pueblecito de Lugo y a los que intenta apaciguar con los datos de propagación, aún bajos, de Valencia.

"Les dices para tranquilizarlos que esto es como una gripe, lo que pasa es que los medios solo hablan del estado de alerta, del coronavirus... y la gente está asustada", pero él está seguro de que vamos a ir a mejor.

"Son momentos duros, pero confío en que con las medidas del Estado, las sanitarias y la gente en casa se conseguirá, más pronto que tarde, que nos olvidemos del coronavirus", afirma antes colgar y subirse de nuevo al camión para seguir de pueblo en pueblo acabando con esta amenaza invisible.

Por María Traspaderne.

(c) Agencia EFE