El día que Carlos Sobera se dejó la empatía en casa, ¿o quién no ha llegado a una cita y quiso salir corriendo?

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Por normal general, cualquier concursante que pasa por First Dates se presta sin problema a las reglas del juego, dejando que el destino y el departamento de casting del programa (con sus fórmulas para detectar compatibilidad), se ocupen del resto. Y así, a lo largo de seis años, hemos sido testigos de citas divertidas, bizarras, incómodas o alucinantes, mientras ellos le dan una oportunidad al amor a ciegas. Carlos Sobera ha demostrado con creces ser un anfitrión perfecto para el programa, poniendo toda su simpatía y empatía a la orden del formato, alentando a los concursantes y animándolos en la experiencia. Sin embargo, en una cita emitida el pasado miércoles 18 de mayo, el presentador se olvidó la comprensión en casa cuando una pareja hizo tambalear la idea que hace que este programa exista.

¿O quién no ha llegado a una cita a ciegas y, sin pensarlo dos veces, quiso salir corriendo?

Carlos Sobera en la cita de Carlos y Esther (Mediaset)
Carlos Sobera en la cita de Carlos y Esther (Mediaset)

Carlos y Esther eran dos de los concursantes que iban a vivir su propia cita a ciegas. Sin embargo, la cosa se torció ni bien se vieron las caras. Carlos fue buzo profesional, tiene tres hijos y tuvo mala suerte en el amor a lo largo de su vida. Por eso, para que la cosa funcione, necesitaba que se cumplieran ciertos requisitos: “que no sea muy alta, que pueda tener hijos, o quiera, y que tenga carnet de conducir”, o se lo quisiera sacar. Y es que según el hombre, vive en las afueras de un pueblo y necesita una mujer que tenga independencia para ir a verlo o si vivieran juntos.

Esther entró por la puerta decidida, con ganas de vivir la experiencia tras revelar que “le gusta ser el centro de atención y el alma de la fiesta”. Pero ni bien llegó, algo se pinchó. Dijo que no tiene carnet de conducir, y aunque Carlos Sobera hizo de todo para quitarle hierro al asunto y convertir el momento en algo encantador, se notaba que a la mujer le pasaba algo. Como si no quisiera estar ahí. Como si necesitara salir corriendo.

Los concursantes se saludaron pero Esther no quería ni quitarse la chaqueta. Y cuando el presentador le preguntó qué le pasaba, si no le gustaba la cita, ella reaccionaba incómoda ante lo que tenía que decir. “¿Qué, no te gusta? Si no lo has conocido todavía ¿tendrás que conocerle, no? Saber cómo es, de qué pie cojea…”le decía Sobera. Pero ella fue rotunda: “No es mi estilo. Lo veo muy rollo Pajares”.

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Aun así, el presentador les propuso que se sentaran en la barra y se conocieran durante un par de minutos, proponiéndoles que si la cosa no funcionaba, podían marcharse. Y ellos aceptaron. Siguieron las reglas del programa y dieron una oportunidad a la situación. Sin embargo, no había Super Glue que arreglara el asunto. “No es lo que buscaba, pero hay que conocer a las personas” dijo Carlos cuando el presentador volvió a ver qué tal había ido la charla. “La quería más joven porque yo quería tener una niña, no entras en el perfil mío” añadía el ex buzo.

Al final, ninguno de los dos quería seguir con la cita. Lo tenían clarísimo. No había química de ningún tipo y, seguir adelante hubiera sido una perdida de tiempo. Pero entonces Carlos Sobera reaccionó de una manera inesperada. Como si tuviera que defender el formato a toda costa les dijo que aquello no es cómo el supermercado, no es venir a por un paquete de arroz sí o estos espárragos no, esto es otra cosa y el problema es vuestro de no querer conoceros”.

Y en ese momento me quedé atónita. Ellos lo intentaron, él mismo les propuso que se den una breve oportunidad y si no, podían marcharse. ¿A qué venía la crítica? ¿Defender el formato contra la voluntad de dos adultos que no tenían ni el más mínimo interés de conocerse más?

Incluso al quedarse a solas con el barman, Matías, añadieron más leña al fuego diciendo “igual tenemos que reciclar el programa y convertirlo en un supermercado, con la gente por estanterías, pero en la sección de postres estaría toda la gente, estaría yo”.

Carlos Sobera en la cita de Carlos y Esther (Mediaset)
Carlos Sobera en la cita de Carlos y Esther (Mediaset)

Pero digo yo, ¿acaso a nadie le pasó de llegar a una cita a ciegas y sentir que la cosa no iba a funcionar? Y no hablo de atracción física solamente o de un rechazo meramente superficial. Personalmente me ha pasado en mi época de soltería y a muchos amigos también. Llegar a una cita con un desconocido de Tinder, por ejemplo, y ni bien cruzas un par de palabras sientes ‘un no sé qué’ que te hace sentir la seguridad de que la cita no va a ser de lo más placentera. Llamémoslo intuición o flor de piel, pero serían como flechazos opuestos donde denotas que no hay química alguna.

A veces la situación no se siente tan drástica, sino que puedes sentir que si bien no percibes atracción o química, estás ante una persona con la que reírte, disfrutar de una buena charla o incluso formar una amistad. Pero en algunas ocasiones simplemente percibes que quedarte sería una pérdida de tiempo. Me ha pasado, y a varios amigos también. Es una especie de intuición inevitable. Y eso fue lo que me pareció ver en Esther al llegar a la cita.

Es cierto que la concursante pecó de tirar por el lado del rechazo físico generando una situación incómoda, pero igualmente terminó cumpliendo las reglas del juego y le dio una oportunidad. Al igual que Carlos. Por eso no comprendo la reacción de Carlos Sobera, pasando de la empatía constante, de la comprensión y diversión a criticarlos por sencillamente no vivir la experiencia que esperaban en el programa. Cuando el amor es libre y rechazarlo también.

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