Carlos Michelena, 40 años incomodando al poder en Ecuador a punta de humor

Quito, 7 oct (EFE).- El comediante ecuatoriano Carlos Michelena cumple cuarenta años lanzando desde los escenarios fuertes críticas al poder a punta de un humor mordaz con el que ha denunciado abusos y propiciado reflexiones en asuntos tan candentes como la discriminación, la corrupción y la política, entre otros.

Conocido popularmente como "El Miche", el comediante ha sufrido a través de los años represalias desde el poder por sus comentarios, la mayor parte de ellos emitidos desde un parque público en Quito al que él suele llamar: "Mi despacho".

CULTURA DEL DESPERDICIO

Nacido en Quito hace 67 años, Michelena ha representado entre otros personajes a políticos, militares y policías, y ha usado la figura del diálogo con "la vecina" para -escudado en el humor- denunciar atropellos y abusos, y también cuestionar el chisme y la mentira en las altas esferas y en el ciudadano de a pie. Porque al "Miche" nada ni nadie se le escapa.

Por represalias hace varios años que iban limitando sus espacios de presentación, cuenta a Efe Michelena, debió "refugiarse" en el parque "El Ejido" para ofrecer sus obras, inicialmente con un grupo de amigos con los que llegó incluso a formar el Partido Ecuatoriano de Oposición (PEDO), que luego se desvaneció.

El actor asegura que, "como toda gente que reclama sus derechos", a él le han reprimido, golpeado e incluso encarcelado, pero no han logrado callarlo.

Y se siente orgulloso de ir siempre "en contravía" y no callar ante las injusticias, aunque ello le haya representado tener que sufrirlas en carne propia.

Aparte del parque, Michelena también ha pasado por televisión y salas de teatros, luciendo siempre su cara pintada de blanco, con sombrero o pañuelos, y sencillas vestimentas con las que recrea a sus personajes.

Sus cuarenta años de trayectoria los celebrará este jueves con una obra en el emblemático Teatro Nacional Sucre, en el centro colonial de Quito, donde también expondrá con su particular sátira "la nueva normalidad" que ha emergido a raíz de la pandemia por la covid-19.

UN LLAMADO A LA REFLEXIÓN

Actor callejero, según se define a sí mismo, el humorista considera que ahora más que nunca "el arte es un imperativo", pues el encierro por la pandemia "empezó a afectar la psiquis" y ha evidenciado muchos caminos torcidos en la sociedad.

"No hay que maldecir la enfermedad, sino reflexionar sobre la cultura que vamos teniendo desde hace rato: una cultura del desecho, del desperdicio, una actitud egoísta entre países hacia los más pobres", comentó al cuestionar el descuido de los gobiernos hacia los más vulnerables y la existencia de una "burocracia internacional inepta".

Para él, la pandemia ha sido la oportunidad para que la ciudad regrese a ver al campo, que se comprenda cuánto cuesta producir y el esfuerzo de los pequeños productores para distribuir sus productos, incluso en momentos en que la población estaba bajo un encierro casi absoluto por la covid-19.

"Dio una bofetada (a la sociedad) para que reflexionemos sobre qué hacemos y cómo concebimos la vida", consideró al tiempo de lamentarse de que ese proceso no ha calado en todos con la misma intensidad.

Y es que su humor y sátira, la mejor de sus armas, buscan no solo las carcajadas del público sino, sobre todo, incitar a la reflexión en una sociedad a la que asegura haberle dado su "sinceridad" y su "vida".

Un humor que usa, dice, para desvelar "las máscaras de poder y las máscaras sociales", porque "el arte escénico sirve para eso": "Yo no me invento nada, recreo lo que existe".

En su presentación de este jueves también recordará a varios actores de la política nacional que, con sus "frases célebres", han dejado atónitos a más de uno, sin saber si reír o llorar.

Susana Madera

(c) Agencia EFE

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