Carles Francino: "Me tocó escuchar 'te va bien por ser el hijo de tal"

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El actor Carles Francino (Imagen de archivo). (Photo: Carlos Álvarez via Getty Images)
El actor Carles Francino (Imagen de archivo). (Photo: Carlos Álvarez via Getty Images)

Carles Francino (Tarragona, 1980) o ‘Carlas’, según la vocal neutra del catalán. Se le puede llamar como uno quiera, porque le “encanta” que le llamen ‘Carles’, confiesa. El actor ha sumado una nueva serie a su trayectoria, y no menor: una producción británica, The Mallorca Files, que ya se ha emitido en la BBC y se puede ver en COSMO.

Además, es parte del reparto de la ficción de Antena 3 Amar es para siempre, a pesar de que cuando participó en Bandolera “le pudo ese ritmo frenético”, le agobió, y se dijo a sí mismo: “Se acabó, no voy a hacer más series diarias”.

Sin embargo, hay algo que ha aprendido y que admira de su padre, el periodista Carles Francino. El trabajo “o lo haces con pasión o no lo haces”. Y en eso está él, en disfrutar de todos los proyectos que le han llegado a la vez, además de los mencionados: Operación Marea Negra (Amazon Prime Video), una miniserie sobre el naufragio del narcosubmarino de Cangas, y Días mejores, en la misma plataforma, junto a Marta Hazas y Blanca Portillo.

Sobre todo ello, además de la fecha de caducidad de “lo de consumir series y series y más series” o cómo las cadenas ponen a competir las ficciones españolas para “pisarse” —aunque entienda que no se mete una producción a una hora a “mala hostia”—se arranca a hablar en esta conversación con El HuffPost, siempre con una sonrisa en la cara.

Tu salto a la fama vino de la mano de Hospital Central, aunque ya hubieses trabajado antes. ¿Qué tienen las series de hospitales que invaden la programación?

Sí, la han invadido y la vuelven a invadir ahora. Bueno, no sé si alguna vez han dejado de estar de moda. Supongo que la gente se siente identificada. Un hospital es un lugar por el que pasaremos todos tarde o temprano, pero en las series tiene el extra de lo cotidiano. Es un envoltorio maravilloso porque puedes meter ahí el asunto del que realmente emana la ficción, las relaciones humanas. Además, hay historias de superación, y eso nos agrada a todos.

Y ahora apareces en Mallorca Files, que ya se ha emitido en la BBC. No todos los españoles pueden decir que han trabajado en una producción británica de esa relevancia. ¿No presumes, aunque sea un poquito?

No, porque sigo sufriendo mucho con el inglés, así que si presumo igual me llevo un susto… (ríe). Fue un gusto, el proyecto salió en un momento en el que estaba haciendo mucho teatro, justo antes de la pandemia. Hacía bastante tiempo que no hacía nada de ficción, y apareció esto. Entré supernervioso, pero salí supercontento, y medio equipo era español, se hizo una familia muy bonita. Lo haría otra vez, sé que lo pasaría muy mal. Cuando trabajas en otro idioma tienes que saberte el texto al 300%, porque si no es así no te permite navegar por todos los sitios. Fue una experiencia muy bonita y no, no presumo de ella (ríe nuevamente).

Entraste “supernervioso” y tengo entendido que no te ha resultado fácil, además de que tampoco ‘presumes’ de controlar el inglés casi como un nativo. ¿Cómo has llevado trabajar en ese idioma?

No es fácil. Sobre todo sufres por el trato que vayas a tener con la directora, con los compañeros, que puedas estar a la altura y entender lo que te dicen. Luego siempre va mejor de lo que uno imagina. Constantemente se estaban relacionando con españoles, están muy acostumbrados. Si siempre fuera así, sería maravilloso. Uno siempre se obsesiona. En mi caso, para entrar en el mercado latino lo tengo complicado, aunque las cosas van cambiando por suerte y podría hacer un mexicano, pero tengo esta cara más de europeo... Uno empieza a rallarse con este tipo de cosas y no vale la pena porque nunca podrás hacer un nativo. Este, por ejemplo, era un personaje que habla inglés pero es español, y te obsesionas con la pronunciación, pero al final se te entiende.

Sin embargo, aunque reconozcas humildemente que necesitas perfeccionar el inglés, no descartas irte a Hollywood.

Ojalá pudiera vivir esa experiencia, no lo descarto porque sería maravilloso. Una amiga que venía de Los Ángeles me dijo “no te lo pienses y no te obsesiones con el trabajo, vete a vivir la experiencia”. Aunque siempre es mejor cruzar el charco con más cosas debajo del brazo, que te vengan a buscar... pero sí, ir a vivir la experiencia a lo loco sería increíble.

El primero en ponerse trampas soy yo mismo

De hecho, dices que, justo ahora, es el momento de irte fuera “aunque tengas 40 años”, como si eso supusiera ser un actor “mayor”. ¿De verdad lo entiendes así?

(Ríe). Esta es otra de las tonterías que nos metemos en la cabeza, que pasan los años y, a medida que pasan, va costando más que te muevan de tu sitio. El primero en ponerse trampas soy yo mismo. Lo de buscar el momento adecuado lo decía por inquietudes, pero la llegada de las plataformas es extraordinaria y quizás hace más fácil dar el salto, siempre manejándose un poquito. Esta es una profesión muy distraída, es un desastre en general, pero estamos muy distraídos.

Dejaste Bandolera, una serie diaria, por su ritmo frenético, y ahora te embarcas en Amar es para siempre, que lleva más de 2.000 capítulos. ¿Por qué esa contradicción?

Me encanta que me lo preguntes porque me da cosa hablar de esto, al final se trata de la historia personal de cada uno. Hace 11 años hice el casting de Bandolera, me cogieron y adelante, pero luego hice autocrítica y no supe gestionarlo bien. Me pudo ese ritmo frenético, me agobié. Lo pasé muy bien y conocí a gente maravillosa, pero a veces uno se encierra, y puse la cruz de “no voy a hacer más series diarias, se acabó”, como estas gilipolleces que dices cuando sales de la escuela de teatro tipo “solo voy a hacer teatro, no televisión”, y mira, si me descuido… ahí estoy. Era más un asunto mío, malentendido, pero llegó esta oportunidad de Amar es para siempre y me lo pensé, si debía hacer el casting o no. Hice balanza y ganó el lado de ‘tienes que trabajar, tienes ganas, quieres que se te vea otra vez’, y qué mejor sitio. Me estoy dando yo mismo contra una pared por dejar pasar tantos años.

Se dice de Cuéntame que es una de las series más longevas de la televisión, pero también lo es Amar es para siempre.

Estar en Amar es para siempre te da mucha repercusión y muchos me decían que después de pasar por ahí siempre pasan cosas. Se mete a las telenovelas en un saco concreto. A ver si nos nominan ya en unos premios.

Las turcas comen terreno a la producciones españolas en abierto. ¿Por qué? ¿Volvemos a esa época de antaño, la de las telenovelas?

La telenovela siempre ha funcionado bien. Que lleguen productos que funcionan mejor y quitan espacio a los españoles… siempre ha sido así, lo que pasa es que ahora ponemos más la mira en eso. A la gente le ha enganchado las series turcas, no sabemos por qué. Luego hay otras iguales o mejores de prime time que no terminan de enganchar y nadie sabe tampoco por qué. Quien consiguiera la fórmula se haría de oro. Me gusta pensar que es por el momento adecuado y el sitio adecuado. Si todo lo que consumimos fuera español… bienvenido todo a compartir la parrilla.

Estaría guay tener más ficción en televisión, pero no sé si es bueno meter tanta caña a las cadenas

Punta Escarlata te marcó como proyecto, pero la programaron en verano y de noche. Hay actores que se quejan de ese ‘poco cuidado’ con las ficciones por parte de las cadenas. ¿Te sumas a esa crítica?

Cuando uno está metido en un proyecto como Punta Escarlata es parte de ti, y si suceden esas cosas te puedes encabronar. En el caso de Punta Escarlata la serie se pasó a Cuatro, y entonces empezaba pasadas las 11 de la noche. Los que estábamos metidos en la producción y el público sabíamos que era una cosa que no se había hecho nunca, de calidad, con muy buena pinta. Aunque también es cierto que llega un momento en el que está bien hacer el ejercicio contrario: ¿Qué pasaría si yo fuera la cadena de televisión? No lo hacen con mala hostia lo de meter la producción a una hora. Sí que diría que no se pongan estas ficciones a competir, a pisarse. No sé si maltrata la ficción, harán lo que crean conveniente, lo que pasa es que desde fuera es como ‘qué pena’, y más para los que nos dedicamos a esto. Estaría guay tener más ficción en televisión, pero no sé si es bueno meter tanta caña [a las cadenas].

La peor parte de participar en un programa, el único, Planeta Calleja, fue “que tenían que indagar un poco en tu vida personal”. ¿Eso te pone nervioso, te enfada, te asusta?

Una vez que estás ahí no sucede nada, y menos con alguien como Jesús Calleja. No lo pasé mal, aunque alguna pregunta me daba un poco de cosa, de vergüenza... en las entrevistas, intento, cada vez más, hacer lo que me viene en ese momento y de verdad, uno se limpia mucho. Simplemente fluir, aunque hay veces que mi mujer me dice “cuidado con esto” [ríe], pero si lo haces desde la sinceridad no pasa nada. Luego hay compis que lo tienen todo superpreparado, y me parece maravilloso también, pero no es mi elección. Hay momentos de vergüenza, pero una vez que accedes, si te tiras, adelante.

Se mete a las telenovelas en un saco concreto. A ver si nos nominan ya en unos premios

Sin embargo, si algo sabemos de tu vida es que eres hijo del periodista Carles Francino, y además te gusta que se sepa. A todos aquellos a los que no les gusta que se le relacione con su saga familiar ‘famosa’. ¿Algún consejo?

Uff... No, Dios me libre (ríe). Es la experiencia personal de cada uno. Mi padre es conocido, pero es periodista y no actor. En el caso de compañeros con padres que se dedican a lo mismo, que también son actores, igual se complica más la cosa por las comparativas. Yo ahí me salvo. A mí solo me tocó escuchar “te va tan bien porque eres el hijo de tal”, y me tocó explicarlo, incluso a amigos, porque nos meten a todos los famosos en el mismo saco. Ya solo ha quedado como una curiosidad. Ningún consejo.

¿Qué es lo que más admiras de tu padre?

Su trabajo. Es un gran periodista, un apasionado. Me encanta también su mirada familiar y lo cariñoso que es. Ahora sucede algo muy bonito y es que teniendo hermanitos pequeños lo puedes ver ejerciendo de padre e imaginar cómo era contigo, que uno ya no se acuerda de todo. Pero la pasión por su trabajo… te hace aprender: o lo haces así, con pasión, o no lo hagas.

Por suerte, eres de los que no para de trabajar...

Bueno, bueno (ríe).

Vale, eres de los que vive de su trabajo.

Sí, eso sí.

La industria vive una época en la que se le plantea un futuro incierto. ¿Temes ese futuro? Dijiste que esta locura de las plataformas y de las series que dan la vuelta al mundo no durará siempre.

Me da la sensación de que dentro de esta locura maravillosa en la que se producen muchas cosas, existe el miedo a la velocidad con la que se consume, porque ahí es de donde viene el miedo del boom, de que esto puede acabar petando. Da vértigo ver hasta dónde vamos a llegar, porque para mí tiene fecha de caducidad. Esto tiene que variar, lo de consumir series y series y series… me da la sensación de que este ciclo terminará y no sé hacia dónde iremos. Tiraremos como siempre. Cuando hay algo que va a esa velocidad tan rápida acaba petando. Por otro lado, esto que tanto nos asusta a algunas generaciones, las que critican toda esa locura y esa mezcla con las redes sociales… Hay que hacer un ejercicio y decir “ey, los tiempos cambian, es maravilloso que lo que podamos estar haciendo aquí se pueda ver en todo el mundo, esa mezcla esas coproducciones”.

Como las salas de cine. ¿Se extinguirán?

Desde el romanticismo me gustaría pensar que la sala de cine no va a desaparecer. El vinilo estuvo a punto de hacerlo y mira qué locura hay otra vez. ¿Van a ir los niños al cine? Espero que sí, aunque puedas ver los estrenos desde casa. Hay que potenciar que vayamos al cine y que no solo sea ir a ver a una película, sino venderlo como una experiencia. Lo del teatro era impensable y mira cómo aguanta, o los libros en papel. Avanti con la cultura.

Tenías mucho contacto con Jordi Rebellón [actor que falleció a principios de septiembre].

Nos veiamos poco, pero siempre había mucho cariño, también a los míos. Es de esas amistades que se te quedan. La semana de antes [de su fallecimiento] fuimos a ver a Nacho Fresneda al teatro, con los compañeros de Hospital Central, y luego tomamos algo, hablamos de todo. Es otro ejercicio más que tenemos que hacer, no estar pensando todo el rato en la mierda que es la vida. Mi mujer, que es muy sabía, me decía: “Piensa que te has podido despedir de él”.

Te declaraste feminista en un vídeo. ¿Has sido testigo de algún episodio machista en tu profesión?

Habré visto algo, puede ser, pero en casa, con los amigos, en el colegio, en uno mismo... La educación y la cultura nos ha llevado muchas veces a un sitio que no es el correcto. Tenemos que aprender a que nos salte la alarma en ciertas cosas, o al hablar de cierta manera. Todos somos personas, se trata de hacer ese ejercicio.

Ahora, con los proyectos que tienes por delante, te reencuentras con Marta Hazas (Bandolera) diez años después.

Sí, y está igual la cabrona. Voy a trabajar con ella en una serie que en principio se llamará Días mejores, en Amazon Prime Video. Tiene un rollo americano, una comedia con drama sobre una especie de terapia. Me gustaría decirle a las generaciones nuevas algo: por favor, dedicad un poquito a cuidar vuestro oficio, que no la profesión, porque al final acaban pasando cosas. Quiero pensar que con esta pandemia, que ha supuesto mi parón más largo, hemos podido generar cosas para que pasen otras.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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