Carla Simón: "Para mí es natural rodar en catalán. Cuando hablas de tu cultura hay que respetar el idioma"

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Carla Simón, directora de 'Alcarràs'. (Photo: Getty Images)
Carla Simón, directora de 'Alcarràs'. (Photo: Getty Images)

Carla Simón, directora de 'Alcarràs'. (Photo: Getty Images)

Cuando Carla Simón estudiaba, apenas tenía tres referentes: Pilar Miró, Icíar Bollaín e Isabel Coixet. Ahora ella, y gracias en parte a ganar el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín 2022 con Alcarràs —que se ha estrenado este viernes en cines—, se ha convertido en otra referente para las mujeres que sueñan con ser directoras.

No cree que se haya roto aún el techo de cristal, aunque “es verdad que ha habido un reconocimiento muy grande últimamente en los festivales muy importante, porque significa que hemos venido para quedarnos, que no era una moda pasajera del #MeToo”, pero sigue sin haber paridad.

Alcarràs cuenta la historia de una familia que cultiva una gran extensión de melocotoneros. Aunque, después de ochenta años cultivando la misma tierra, se enfrentan a su última cosecha por un cambio de negocio en unas tierras que no son suyas.

Carla Simón, que ganó con Verano 1993 el Goya a Mejor dirección novel, reconoce hacer cine de resistencia, odiar la palabra ‘contenido’ porque “algo audiovisual es arte” y lo negativo que es que las nuevas generaciones hayan aprendido a hacer películas con muy poco presupuesto: “Creo que hay una falta de confianza en la cultura en general y del cine en concreto, del poder de exportación que tiene”.

Llama la atención en Alcarràs ver un tema tan poco manido en cine, pero en auge en la actualidad, la situación de los trabajadores en el campo. ¿Por qué elegiste esta historia?

Porque mis tíos cultivan melocotones en Alcarràs, es un tema que me toca de cerca y tenía ganas de explorar su mundo y conocerlo un poco más. Yo no crecí ahí, pero he ido de vacaciones. Mis tíos siguen cultivando, pero cuando murió mi abuelo, cuando estaba escribiendo Verano 1993, llegó el momento de plantearme qué pasa si algún día desaparece esto. De ahí surge la idea de un mundo que se acaba y de una gente que tiene que dejar la tierra que de alguna forma es algo que le pasó a mucha gente, incluso ahora mismo, esta manera de hacer agricultura en familia ya no es sostenible, aunque se hace desde hace mucho. Necesitamos esa conciencia ecológica y me parece muy fuerte que estemos dejando de pensar en eso.

No puedo dejar de preguntarte por el catalán en el audiovisual, ya que tus rodajes son en catalán. ¿Cuál es la importancia de rodar en catalán?

Para mí es natural, Verano 1993 habla de mi infancia, mi infancia fue en catalán y sería muy raro haberlo hecho en otro idioma, y en el caso de Alcarràs es un retrato muy contado donde se habla un tipo de catalán muy específico. Para mi surge de manera natural y creo que cada historia tiene su propio idioma y en algún momento haré películas en otros idiomas. Es importante cuando hablas de tu cultura respetar el idioma.

Y también contáis con el trabajo de actores de doblaje.

Verano 1993 la estrenamos sin doblar y la doblamos más tarde cuando fue seleccionada para representar a España en los Oscar, fue cuando la llevamos a los cines en versión doblada. En el caso de Alcarràs lo hemos hecho desde el principio para que la pueda ver todo el mundo, porque cuando va con subtítulos siempre hay límite de salas para verla.

Me sorprende la cantera potente, especialmente de actores, en Cataluña. ¿A qué lo achacas?

Tiene mucho que ver con las escuelas, esa búsqueda de la naturalidad por parte de los directores a la que los actores responden, Sí, hay un cambio de la manera de actuar de las generaciones nuevas. Son ambas cosas las que hacen que veamos a actores jóvenes con esa naturalidad.

Todavía no hemos roto el techo de cristal. Cuando ves cuántas mujeres y hombres dirigen cine, sigue siendo mucho más alta la cifra de los hombres, no estamos en la paridad

Venimos de una época en la que las mujeres estáis pisando fuerte en los festivales. ¿Estáis rompiendo el techo de cristal?

Creo que todavía no. Es verdad que ha habido un reconocimiento muy grande últimamente en los festivales muy importante, porque significa que hemos venido para quedarnos, que no era una moda pasajera del #MeToo, pero cuando ves las cifras de cuántas mujeres y hombres dirigen cine sigue siendo mucho más alta la de los hombres, no estamos en la paridad. Es donde tenemos que apuntar, porque si somos la mitad del mundo deberíamos ser la mitad en contar historias y es a donde debemos apuntar, y ahí no estamos. Debemos impulsar esa reparación histórica y eso cuesta un tiempo. Espero que nuestras alumnas ya no se planteen si pueden o no hacer cine.

Es cierto que hablando de alumnas, dicen en CIMA que la mayoría de mujeres se matriculan en guión porque tienen miedo a que no les llegue la oportunidad como directoras. ¿Tú también lo notas?

Creo que está cambiando mucho esto, había una falta de referentes femeninos muy grandes, pero cuando empiezas a ver mujeres dirigiendo y empiezas a tener referentes concretos eso cambia. Cuando yo estudiaba estaba Pilar Miró, Icíar Bollaín e Isabel Coixet, había muy poco y ahora, en cambio, quienes estudian ven una nueva generación de directoras y ya ni se lo plantean.

Había una falta de referentes femeninos muy grandes, pero cuando empiezas a ver mujeres dirigiendo y empiezas a tener referentes concretos eso cambia

¿Por qué dices que haces cine de resistencia?

Porque es una manera de hacer cine muy artesanal y hay algo de dedicarle mucho tiempo, pero entre Verano 1993 y Alcarràs han pasado cuatro años que es algo normal cuando haces una película compleja, y muchas veces siento que el mundo no tiende a esa cocción lenta, va todo muy rápido y se habla de contenido que es una palabra que odio, cuando algo audiovisual es arte. Siento mantenerme firme con mis convicciones para hacer cine de la manera que quiero hacerlas. Es un acto de resistencia.

“El gran valor del cine español es que se ha aprendido a rodar con poco dinero”, has dicho.

Desde luego es un gran valor, pero siento que las nuevas generaciones hemos aprendido a hacer películas con muy poco presupuesto, pero tampoco es bueno, porque es trabajar desde una precariedad que no es justa. Lo he sentido mucho con Alcarràs, que teníamos más presupuesto porque era una coproducción con Italia y tiene unas connotaciones muy positivas, porque poder tener el tiempo necesario para todo y tener que hacer menos renuncias permite hacer la película de una manera más cercana a como la tenías en la cabeza, y cuando tienes un presupuesto justo tienes que renunciar a necesidades del proyecto.

Las nuevas generaciones hemos aprendido a hacer películas con muy poco presupuesto, pero tampoco es bueno, porque es trabajar desde una precariedad que no es justa

¿Por qué cuesta tanto invertir dinero público en producción de cine en España?¿Es una cuestión meramente política?

Creo que hay una falta de confianza en la cultura en general y del cine en concreto, del poder de exportación que tiene. Mis experiencias han sido de darme cuenta del poder del cine de exportar cultura y de que la gente sepa que existe un idioma que se llama catalán gracias a ver las películas, o que existe comer caracoles o tradiciones concretas y yo digo: ¿Cuántas cosas sabemos nosotros de los franceses gracias a su cine? O de los japoneses. Eso es en parte gracias a la cultura cinematográfica. ¿O cuántas cosas sabemos de Estados Unidos, cosas que ni siquiera son necesarias, gracias a sus pelis? Falta creer en ese poder para que la gente conozca nuestro país. Ojalá lo de Berlín sirva para algo.

¿Dudamos de que podáis ser grandes embajadores?

Sí, porque talento no falta, falta apoyarlo y creerlo un poco más. Pasa por apoyar cine que no venga del sector privado. Nuestras pelis viajan.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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