El verdadero rostro de las pipas chinas de Mercadona

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Las pipas de Mercadona tienen una historia detrás más allá de su origen chino. (Fuentes: REUTERS/Sergio Perez y Mercadona)
Las pipas de Mercadona tienen una historia detrás más allá de su origen chino. (Fuentes: REUTERS/Sergio Perez y Mercadona)

Las pipas Hacendado son uno de los productos estrella de Mercadona y, más allá de su origen chino más que conocido, cargan una historia engorrosa a sus espaldas, con una imputación por delito de falsedad de cuentas y un gran banco nacional detrás.

Desde hace años son varios los consumidores que se quejan de que las pipas que comercializa la compañía de Juan Roig son chinas, pese a contar con gran cantidad de plantaciones de girasoles en España. Bueno, pues en este sentido, poca flexibilidad al debate puede haber, ya que como bien apunta el portal web 'Club Influencers', el 80% de los girasoles plantados en nuestro país se destinan a la producción de aceite. Es más, España es líder mundial de producción de aceite de girasol. Por tanto, ni poseyendo el restante 20%, Mercadona podría hacer frente a la demanda existente.

Así pues, es un caso diferente a las polémicas que otros productos como las naranjas han suscitado últimamente.

Sí llama la atención, sin embargo, que Mercadona recurra a China para importar sus pipas, cuando nunca han sido un productor de referencia en este sentido, como sí pueden ser Argentina y EE.UU. Pero todo reside en el precio. La mano de obra barata de China permite obtener mejores márgenes y, además, la calidad es más que aceptable. Esto permite que las pipas Hacendado sean hasta un 45% más baratas por kilo que las de productores especialistas como Grefusa.

La cara más oculta no es ni mucho menos esta, como ya hemos mencionado, sino la relación de su proveedor español, Importaco Casa Pons, con un rescate de Bankia. Más concretamente, el de su heredero, Francisco Pons, que fue uno de los directivos señalados en la peor época del banco como entidad.

A Pons se le presentó su gran oportunidad en la banca gracias a la dimisión de José Luis Olivas como vicepresidente del Banco Financiero y de Ahorros (BFA), debido a la presión de ser acusado de la mala gestión que terminó con la intervención del Banco de Valencia. Una mala gestión, en números del Banco de España, que se tradujo en un agujero de 1.000 millones de euros, más allá de imputaciones personales de corrupción: desfalco y falsedad contable.

Bueno, pues Pons también formaba parte de ese organigrama señalado, pero aún así fue el sucesor de Oliva en su puesto, aunque apenas le duró un año fruto de la intervención pública más grande ejecutada hasta la fecha.

Llegaría el rescate del Estado para la BFA, 23.465 millones de euros, que se sentó a negociar con Bankia, con el requisito obvio de la dimisión tanto de Pons como del resto del consejo de administración. Pero en ese momento no se acabarían los problemas para el heredero de Importaco, pues cinco años después sería uno de los 32 directivos de Bankia procesados por la salida a bolsa de la entidad.

Fue uno de los pinceles que pintaron los años más oscuros de Bankia, contribuyendo a arruinar a miles de familias en España. Murió en 2018, y no será recordado precisamente por esto, sino por hacer de Importaco Casa Pons, un negocio familiar, todo un imperio, habiendo presidido incluso durante dos años, sin importar sus imputaciones ni su pasado, la Asociación Valenciana de Empresarios.

Convirtió su negocio en el mayor distribuidor y fabricante de frutos secos nacional, con un patrimonio de más de 100 millones de euros. Un pasado con tonos oscuros, pero lúcido para su familia, que se encuentra presente en cada pipa Hacendado.

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