Caos un año después: las secuelas de la explosión de Beirut

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El vídeo dio la vuelta al mundo en segundos. El 4 de agosto de 2020 una espectacular explosión sacudió el puerto de Beirut y sus alrededores, y acabó con la vida de, al menos, 205 personas. La capital de Líbano se vio golpeada por una de las detonaciones no nucleares más fuertes nunca registradas, lo que provocó, además, más de 6500 heridos y cientos de miles de desplazados.

El estallido de 2.750 toneladas de nitrato de amonio –usado habitualmente como fertilizante agrícola pero también en la industria minera y para fabricación de explosivos– provocó un estallido inmenso que sembró el caos en la capital y cuyas causas siguen sin esclarecerse un año después.

Gente herida tras la explosión en el puerto de Beirut (Líbano) el 4 de agosto de 2020. (AP Photo/Hassan Ammar)
Gente herida tras la explosión en el puerto de Beirut (Líbano) el 4 de agosto de 2020. (AP Photo/Hassan Ammar)

Hoy, a las ruinas del puerto y a sus secuelas se une un colapso económico sin precedentes desde el final de la guerra civil en 1990 y la enésima crisis política en un país cuya frágil estabilidad descansa en el sectarismo y los equilibrios de poder entre cristianos maronitas, musulmanes suníes y musulmanes chiíes.

En estos 12 meses transcurridos no se ha esclarecido por qué se almacenaba esa cantidad del peligroso químico en el puerto, incorrectamente preservado durante años a escasos metros de las viviendas más cercanas al muelle. Tampoco se conoce cuál era su destino, si la detonación fue un accidente o fue intencionada y, sobre todo, quiénes fueron los responsables del desastre.

La tragedia llevó a la dimisión en bloque del Gobierno liderado por Hassan Diab seis días después, tras las manifestaciones masivas pidiendo responsabilidades. El entonces primer ministro reconoció que la explosión fue "una consecuencia de la corrupción crónica" en el país, en el que "la red de corrupción es más grande que el Estado".

Aunque más de veinte personas han sido detenidas, entre ellos el director general de aduanas y otros mandos del puerto, las responsabilidades pasan por la clase política libanesa, pues desde que se descargó el nitrato de amonio en 2014 se han registrado varias cartas oficiales de los responsables del puerto alertando del riesgo que entrañaba el material, ante las que nadie hizo nada.

A pesar de las promesas de justicia por parte de los representantes libaneses a una población ya harta del cúmulo de corrupción y clientelismo en el país –donde se han sucedido las protestas desde 2019–, la élite política ha bloqueado una investigación completa y ha recurrido a la inmunidad procesal de los altos cargos.

Organizaciones como Amnistía Internacional exigen una misión internacional de investigación dados los “defectos de procedimiento y sistémicos”, como injerencias políticas flagrantes, la falta de respeto a las normas de imparcialidad procesal o la inmunidad procesal de altos cargos políticos.

Puerto de Beirut un año después de la explosión. (Photo by JOSEPH EID/AFP via Getty Images)
Puerto de Beirut un año después de la explosión. (Photo by JOSEPH EID/AFP via Getty Images)

Una campaña y varias manifestaciones en las últimas semanas piden levantar la inmunidad de los altos cargos después de que el ministro del Interior provisional denegase la petición del juez instructor, Tarek Bitar, para investigar a miembros del Parlamento y altos mandos de los cuerpos de seguridad, entre ellos, Abbas Ibrahim, uno de los generales más importantes del país.

De momento, la impunidad sigue campando a sus anchas en Líbano, que acaba de nombrar a su tercer primer ministro en un año: Najib Mikati, un empresario prosirio que fue ministro de Trabajo Público y también primer ministro en dos ocasiones, y que se tendrá que enfrentar a una enorme crisis económica y al profundo malestar de buena parte de la sociedad.

Crisis económica sin precedentes

Añadido a la crisis política y social, Líbano vive inmerso en una fuerte recesión económica desde 2019, exacerbada por la crisis sanitaria de la covid-19. El Banco Mundial la ha calificado como una de las peores depresiones de la historia moderna.

Su moneda ha perdido más del 90% de su valor en una situación insostenible desde hace meses, que se ha agravado en las últimas semanas y que se eterniza por la ausencia de un gobierno con plenos poderes para implantar reformas.

Protestas en Líbano contra el Gobierno. (Photo by -/AFP via Getty Images)
Protestas en Líbano contra el Gobierno. (Photo by -/AFP via Getty Images)

Los libaneses se enfrentan a una fuerte escasez de productos básicos, como medicinas y combustible, además de a constantes apagones, sin que tampoco haya diésel para poder usar los generadores privados.

El país se precipita a un colapso financiero mientras la comunidad internacional condiciona su ayuda no urgente a la formación de un ejecutivo, y más de la mitad de la población ya ha caído en la pobreza ante la incapacidad y negligencia de la élite político económica.

EN VÍDEO I En medio de los escombros de Beirut, una anciana se sienta al piano y toca un tema escocés lleno de esperanza

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