Así es la difícil lucha contra el cáncer infantil en tiempos de coronavirus

Hospital Universitario La Paz, Madrid

El hospital Universitario de la Paz es ahora mismo uno de los puntos fuertes de nuestra defensa contra el coronavirus. Debido al confinamiento, las calles que rodean al Hospital están en calma y vacías, pero dentro de sus instalaciones los pasillos están en continua ebullición. “A día de hoy, tenemos ingresados casi 1000 enfermos con COVID-19”, nos explica el Dr. Antonio Pérez-Martínez, “de todos ellos, el 99% son pacientes adultos y solamente hay diez niños contagiados ahora mismo”.

El hospital se ha transformado por completo en apenas unas semanas y especialmente en los últimos días. “Todos tenemos que ayudar porque la situación está desbordada, algo así como un escenario de guerra. Los especialistas han tenido que aparcar sus secciones porque ahora lo que necesitamos son médicos… pero no podemos olvidar que el cáncer no se detiene, no entiende de coronavirus. Un hospital infantil como el nuestro, que tiene todas las capacidades pediátricas, que tiene programas de trasplante de pulmón, de corazón, hepático, renal, intestinal, multivisceral y hematopoyético, y no podemos parar todo de repente. No se puede desvestir a un santo para vestir a otro. La enfermedad sigue existiendo, el cáncer en los niños sigue apareciendo, siguen las recaídas, nuevos diagnósticos, seguimos trasplantando, pero lo que ocurre ahora es que lo estamos haciendo con muchos menos recursos”.

Antonio Pérez-Martínez es el  jefe de Servicio de Hemato-Oncología Pediatría del Hospital Universitario La Paz, y el investigador principal del Grupo de Investigación Traslacional en Cáncer Infantil. Hablar con él en estos duros momentos no es fácil. Durante la entrevista que realizamos por skype, el doctor se excusa varias veces y corta la comunicación porque tiene que acudir a diferentes urgencias. “Perdona, Javier, tengo que salir, tengo que cortar porque ha llegado un nuevo paciente… en cuanto pueda vuelvo, esto ahora es así”…

Antonio Pérez-Martínez, jefe de Servicio de Hemato-Oncología Pediatría del Hospital Universitario La Paz durante la entrevista con Yahoo

A su regreso el doctor me describe cómo se está viviendo la situación en su unidad de oncología infantil. “En mi plantilla tengo a seis compañeros de baja, con COVID positivo. Solo uno lo ha pasado mal, el resto de ellos es positivo asintomático… pero no pueden trabajar y mucho menos en nuestra sección porque podría transmitir  la enfermedad a unos niños ya de por sí inmunodeprimidos. Así es como intentamos seguir con nuestro trabajo”.

La sección de cáncer infantil tiene dos áreas de trabajo, una en la sexta planta que mantiene 16 camas y que se destina a oncología general, y otra más apartada, en la octava planta que tiene 10 camas y es la Unidad de Terapias Avanzada. “En esta Unidad es donde tenemos todos los trasplantes y los pacientes más complejos. Ahora mismo de las 26 camas tenemos 23 llenas”, explica Pérez-Martínez.

¿Cómo evitar el contagio a pacientes inmunocomprometidos?

“Tenemos dos tipos de niños enfermos, los ingresados y los que vienen a consulta. Dentro de estos últimos hay dos grupos, uno son los que están en revisiones, pacientes que tuvieron cáncer y luego niños nuevos que están en control, en tratamiento activo, a los que hay que ver y seguir todos los días. Para estos hemos generado un circuito limpio, no-COVID, para que estén seguros, generando cortafuegos. Para ello, los equipos nos estamos dividiendo y generando estrategias”.

El paso del tiempo, la experiencia, el trabajo y los estudios publicados empiezan a ofrecer conocimientos, imprescindibles, frente a una enfermedad totalmente nueva y sus posibles repercusiones en niños inmunodeprimidos.

“Sabemos que el virus tiene una capacidad de infección muy alta y además, genera una linfopenia muy marcada, tanto que incluso empezamos a ver que podría ser un marcador biológico de enfermedad grave por coronavirus. Nuestros niños se encuentran en una situación muy particular: la mayoría ellos ya están linfopédicos por el tratamiento, por la quimioterapia o por la leucemia, es decir, ya tienen una situación de base más baja. Eso que a priori podría suponer una mayor gravedad, empezamos a ver que, al carecer de linfocitos, no tienen la puerta de entrada, y es como si estuvieran más protegidos y tienen menos capacidad para desarrollar la enfermedad”.

De esta manera, tanto los trabajos de China como los de Italia, apuntan a que la población pediátrica se infecta, transmite, pero apenas desarrolla COVID. “Su sistema inmune le protege de ello, pero además en los niños con cáncer, al no tener esta puerta de entrada (ya que reciben inmunosupresión), hace que el virus no se pueda replicar tan fácilmente, y si se replica no sucede esa respuesta inmunológica desordenada que ocurre con las personas mayores. Es decir, se infectan, pueden contagiar a otras personas, pero el desarrollo de la enfermedad en ellos es menor”.

“Tenemos niños con cáncer que se han contagiado de COVID, pero afortunadamente pocos desarrollan la fase más dura de la enfermedad porque, al estar muy bajos de linfocitos, la puerta de entrada es menor”

Empezamos a comprender que el COVID tiene tres fases, la primera es la fase de replicación viral, que dura de uno a diez días, una segunda fase, del día 10 al 15, se denomina fase pulmonar y la fase tercera, del 15 al 20, la inflamatoria. “En nuestra unidad tenemos niños con cáncer que además están contagiados con COVID pero, afortunadamente, estamos viendo que la fase replicativa es pequeña porque tienen pocos linfocitos y la puerta de entrada está disminuida. También estamos viendo que pueden desarrollar la fase pulmonar pero la inflamatoria, al estar inmunodeprimidos, en la mayoría de los casos no la desarrollan, aunque tristemente, siempre hay alguna excepción”.

Trabajar con esta incertidumbre es complicado. El virus SARS-Cov-2 aún es un gran desconocido pero sabemos ya algunas cosas sobre él. “Con otros virus, como la pandemia del VIH, lo primero que se paró fue la transmisión parenteral”, explica el oncólogo, “pero en el COVID, la vía sanguínea es segura, no se ha demostrado la trasmisión parenteral. De esta manera, los trasplantes, las transfusiones, las terapias celulares son seguras, y debemos seguir trabajando”.

La unidad de cáncer infantil no puede detenerse por el coronavirus, pero la escasez de recursos y de personal está dejando momentos muy comprometidos por todo el mundo.

“Acaba de recaer un niño ahora, mañana vamos a hacer una secuenciación masiva de la leucemia, el martes tengo un trasplante de médula a un niño, el jueves tenemos  un tratamiento CART…  el cáncer no para, tiene menos repercusión mediática que el coronavirus, es lógico, pero hay que entender que estas patologías no se paran”.

Para entender esta lucha constante por los recursos, el doctor Pérez-Martínez nos pone un ejemplo: “Hoy he tenido que batallar para conseguir un anestesista. Existe una patología en niños que se llama retinoblastoma, cáncer de retina, es uno de los cánceres que tienen los niños menores de un año pero tiene una particularidad: si se actúa a tiempo se pueden curar todos, es el único cáncer actualmente que es curable en niños, un 100% de supervivencia. Se cura con una técnica de quimioterapia que consiste en meter quimioterapia por la arteria ostálmica, una cosa muy selectiva. Se necesita un anestesista, un radiólogo intervencionista y un oncólogo infantil. Un equipo de tres personas. Las UCIS están llenas y los anestesistas están muy solicitados. Ha costado mucho esfuerzo poder conseguir uno para hacer la intervención, pero afortunadamente hemos podido contar con un anestesista durante el tiempo necesario. Al final hemos logrado hacer la operación en esas tres horas. Es una pelea, una batalla constante, hay que luchar contra la pandemia, pero a la vez tampoco podemos dejar de atender patologías tan graves para un niño, sabiendo además que es 100% curable si actuamos a tiempo”.

Una de las secciones de oncología infantil del Hospital Universitario La Paz

Otro punto que el oncólogo quiere dejar muy claro es que “la medicina no puede consistir únicamente en asistencia al paciente, también tenemos que investigar, y nos estamos encontrando con trabas y obstáculos que no tienen sentido”.

¿Cómo es posible que, ante una enfermedad tan desconocida como esta, se prohíba hacer autopsias o necropsias? ¿Cómo es posible que no nos dejen trabajar con sangre COVID para realizar investigaciones?

Hace unos días se publicó un Real Decreto por el que se restringen y se limitan las autopsias solamente a los casos de muerte violenta o en los que exista clara sospecha de criminalidad… Esto nos ha dejado a los investigadores fuera de juego, es algo que recuerda a la Edad Media.

“No se trata de hacer la necropsia a todos, explica el oncólogo, “pero necesitamos aprender, necesitamos indagar para saber qué está pasando. No sabemos qué está pasando. Al que lo hace hay que protégelo, obviamente, tiene que estar bien protegido, pero debemos poder trabajar para saber qué ha pasado. Contamos con los medios necesarios para realizarlas con toda precaución, por eso no puede haber un Decreto nacional que prohíba la necropsia y la autopsia porque eso es retroceder siglos y siglos”.

Otro de los obstáculos que los científicos están encontrando es que no se permite trabajar con sangre COVID. “Esto es algo sin base científica, solamente explicable por el miedo, por la situación poco racional que hay en cuanto a esta alarma. Es una medida que no se ha pensado con una mentalidad científica. En los laboratorios con sangre se puede trabajar con bioseguridad en grado dos”.

Hace tan solo unos meses, la unidad de investigación Grupo en Cáncer Infantil del doctor Antonio Pérez-Martínez en el Hospital La Paz, saltó a todas las portadas de los medios especializados al conseguir “el alta del primer niño con leucemia tratado con terapia celular CAR-T”, un éxito de las nuevas terapias fruto de años de investigación que ahora se pueden frenar en seco.

“En nuestra unidad hemos elaborado un dossier para que nos permitan investigar con sangre de COVID. Esto es un sinsentido. Hay que transformar este gran problema social y científico que tenemos ahora en una oportunidad para el país, para liberar un área de investigación importante. No podemos convertir la medicina y la ciencia en algo exclusivamente asistencial. Vamos a hacer asistencia, por supuesto, pero vamos a hacer investigación para mejorar esta asistencia y convertir esto en una gran oportunidad de desarrollo, innovación e investigación”.

Tenemos muchas ideas, hemos presentado dos ensayos clínicos a una convocatoria que ha abierto el Carlos III. Un proyecto nacional y un proyecto internacional con Singapur, China, EEUU e Italia… pero seguimos esperando que acepten financiarlo. No podemos dejar de atender otras enfermedades, los médicos investigadores estamos reaccionando de dos maneras, por un lado, batiéndonos el cobre, con asistencia y protegiéndonos y por otro, generando ideas. Pero tienen que permitir que los investigadores podamos llevarlas a cabo.

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