En un campo de reinserción para exguerrilleros colombianos: "Las palabras de reconciliación son ahora nuestras únicas armas"

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<span class="caption">Olmedo Vega pasó 35 años como comandante de la guerrilla de las FARC antes de trasladarse al campamento de desmovilización de Agua Bonita.</span> <span class="attribution"><span class="source">Juan Pablo Valderrama</span>, <span class="license">Author provided</span></span>
Olmedo Vega pasó 35 años como comandante de la guerrilla de las FARC antes de trasladarse al campamento de desmovilización de Agua Bonita. Juan Pablo Valderrama, Author provided

Olmedo Vega pasó 35 años como comandante de la guerrilla durante el conflicto armado de Colombia, uno de los más largos que ha visto el mundo.

“Las FARC son mi familia: crecí con la guerrilla. Pero ahora quiero comprometerme de verdad con esta nueva vida aquí en Agua Bonita, junto a mis antiguos compañeros”, dice Vega.

A lo largo de los últimos cuatro años, hemos realizado 42 entrevistas en profundidad a excombatientes de la guerrilla en Agua Bonita y algunos de los otros 25 Espacios Territoriales de Capacitación, Reintegración y Reincorporación (ETCR) desarrollados por el Gobierno colombiano y la ONU para reubicar a miles de excombatientes de las FARC tras el histórico acuerdo de paz de 2016.

“Un lugar para tener una vida digna”

El campamento de Agua Bonita está situado en una pequeña meseta al borde de la cuenca del Amazonas, a una hora de viaje en coche lleno de baches desde Florencia, capital del departamento de Caquetá, en la región amazónica de Colombia.

Desde 1970, Caquetá ha sido el cuartel general tanto de las FARC como de la guerrilla del Ejército Popular de Liberación (EPL). Es un corredor geográficamente estratégico para el tráfico de drogas ilícitas (especialmente relacionadas con la producción de cocaína), el transporte de armas ilegales y el contrabando de personas secuestradas. También es uno de los primeros lugares donde los grupos guerrilleros utilizaron minas terrestres para arrebatar el control territorial al ejército colombiano.

En 2017, cuando los excombatientes de las FARC llegaron por primera vez, trabajaron con constructores locales durante siete meses para construir 63 casas con plástico reforzado con vidrio y madera contrachapada de calidad media.

“Al principio, fue difícil trabajar codo con codo con los constructores locales debido a nuestro estigma como guerrilleros”, recuerda Federico Montes, uno de los líderes de la comunidad. “Pero después de seis meses de trabajar con nosotros todos los días, ¡un par de ellos se trasladaron con sus familias a vivir aquí!”.

Agua Bonita se encuentra en medio de uno de los ecosistemas terrestres con mayor diversidad biológica del mundo; alberga alrededor de 40 000 especies de plantas, casi 1 300 especies de aves y 2,5 millones de insectos diferentes. Las pirañas de vientre rojo y los delfines rosados de río nadan en sus aguas. Sin embargo, tanto en 2019 como en 2020, Colombia fue nombrado el país más mortal del mundo para los ambientalistas.

Según Federico, las altas temperaturas y la humedad de Agua Bonita durante todo el año hacen que “el clima sea perfecto para cultivar yuca, plátano, cilantro y piña. Y si te sientes más aventurero, puedes tener árboles de araza, copoazu, pitaya amarilla y otros cultivos amazónicos. Aquí estamos en medio de un paraíso de la fruta”.

La comunidad comenzó con una población de más de 300 excombatientes de las FARC. En la actualidad, cuenta con una biblioteca con 19 ordenadores y cuatro impresoras, una panadería, una tienda de comestibles y un restaurante, un campo de fútbol, un centro de salud y un centro comunitario con una guardería para niños pequeños.

Los excombatientes cultivan ocho hectáreas de piña como cultivo comercial y tienen su propia planta de procesamiento básico de pulpa de fruta. También tienen seis peceras de 13 metros de largo, un gran gallinero y decenas de grandes jardines comunitarios.

Una de las principales atracciones son los vibrantes murales pintados en las 65 modestas casas, que representan desde la flora y la fauna locales hasta los líderes guerrilleros y la parafernalia de las FARC. Los elementos más recurrentes son las palabras paz, reconciliación y esperanza.

“Nuestro principal objetivo”, dijo Federico, “es crear un lugar para tener una vida digna, donde todos juntos puedan ser libres, estar seguros y vivir en casas adecuadas con acceso a la salud, el empleo y la educación”.

“Esperanza de un futuro mejor”

Tras seis décadas de lucha, casi el 20 % de la población es víctima directa de la guerra civil colombiana, incluyendo casi nueve millones de desplazados internos, 200 000 desapariciones forzadas, hasta 40 000 secuestros, más de 17 000 niños soldados, casi 9 321 incidentes con minas terrestres y 16 324 actos de violencia sexual.

Desde el acuerdo de paz de 2016, unos 316 excombatientes de las FARC y 1 287 defensores de los derechos humanos han sido asesinados. Desde el establecimiento de Agua Bonita en 2017, 29 excombatientes han sido asesinados en la zona.

“Estamos más decididos que nunca a cumplir con los acuerdos de paz, esta es la razón por la que quieren matarnos. Tenemos que defender el acuerdo de paz. Las palabras de reconciliación y el trabajo duro son nuestras únicas armas ahora”, asegura Vega.

En sus cuatro años en el cargo, el presidente de Colombia hasta junio de 2022, Iván Duque, ha socavado la aplicación del acuerdo de paz y ha polarizado aún más el país y su política. Los niveles de respeto a los derechos humanos, la seguridad, la calidad de vida y la pobreza han empeorado bajo su mandato militarista.

Según Olmedo, “durante el Gobierno de Iván Duque ha habido escasez de alimentos, de buena voluntad y de apoyo económico en Agua Bonita; una falta total de apoyo gubernamental. Pero las elecciones presidenciales nos han dado la esperanza de un futuro mejor”.

Tras cuatro años en el cargo, el reinado Duque, líder del partido derechista Centro Democrático, tocó a su fin después de que el exguerrillero de izquierdas y exalcalde de Bogotá Gustavo Petro ganara las últimas elecciones en Colombia en junio.

Las decisiones de Petro tendrán importantes implicaciones para el futuro del país y las perspectivas de todos los excombatientes que se han comprometido con una vida sin conflicto. Gente como Olmedo, de 49 años, que ha vivido en Agua Bonita desde sus primeros días y que ahora se siente orgulloso de llamarse a sí mismo estudiante. “Quiero ser médico en el futuro, ese es mi sueño. Quiero ayudar a la gente y construir una sociedad más igualitaria en Colombia”, dice.

“La sociedad nos resiente”

La reinserción exitosa de miles de exguerrilleros de las FARC sigue siendo uno de los muchos desafíos de gran envergadura para el nuevo Gobierno colombiano. Para los antiguos combatientes de Agua Bonita, los espectros de la discriminación y el desempleo se ciernen sobre ellos.

Daniel Aldana es uno de los excombatientes más jóvenes. Lleva intentando conseguir un trabajo desde 2019, pero dice que es prácticamente imposible conseguir una entrevista.

“Cuando los empleadores vieron que mi documento de identidad había sido expedido en La Montañita, [la ciudad más cercana a Agua Bonita], dijeron que tenía que pasar un ‘proceso de selección especial’. Eso significa que comprobarán dos o tres veces con las autoridades si tengo antecedentes policiales o si mi nombre está en una lista de la base de datos de terroristas”.

Las mujeres también han tenido dificultades para adaptarse. Hace más de una década, Esperanza* sirvió como comandante y luchó codo con codo con los hombres de las FARC. Pero en cuanto pasó a la vida civil, dice que volvió a perder su autonomía.

“Históricamente, esta es una cultura patriarcal. Las que vamos a la guerra rompemos los roles tradicionales y los estereotipos establecidos para las mujeres, por eso la sociedad nos resiente. Yo daba órdenes y mandaba a 100 hombres armados, ¡y ahora esperan que haga un curso de cocina! ¿Qué demonios?”.

Cuando la Agencia Colombiana para la Reintegración le ofreció a Tania Gómez la posibilidad de hacer un curso de costura y cuidado de niños, recuerda que le dijo al funcionario: “¿Me está tomando el pelo? Después de 10 años de luchar contra el Ejército colombiano todos los días, ¿quiere que abra una guardería? No me uní a las FARC para ser una madre sustituta, ¡soy una revolucionaria!”.

“Soñamos con la paz”

A lo largo de seis décadas de conflicto, el Estado colombiano contribuyó a crear y mantener una imagen de los combatientes de las FARC como bárbaros sanguinarios. El nuevo Gobierno tendrá que tomar medidas valientes e imaginativas para romper estas concepciones tan arraigadas. Ya ha habido algunas iniciativas importantes, como los intercambios de cartas entre excombatientes de las FARC y civiles colombianos.

También es importante eliminar las barreras legales a la igualdad de ciudadanía. Las medidas comprensibles adoptadas inmediatamente después del conflicto, como la necesidad de llevar formularios de identificación personal que pongan de manifiesto los antecedentes de un excombatiente, deben estar sujetas a cláusulas de caducidad, que se levanten, por ejemplo, si un individuo ha cumplido ciertos requisitos que demuestren su dedicación a la paz. Del mismo modo, los antecedentes penales directamente relacionados con la participación en el conflicto también podrían borrarse una vez que los excombatientes hayan demostrado su compromiso con el acuerdo.

Además, los excombatientes necesitan sentir cierto control sobre su propia reintegración. Muchos participaron en el combate desde una edad muy temprana, y poseen pocas habilidades más allá de las aprendidas en situaciones de violencia. La paz puede ser muy difícil para ellos. Esto debe ser reconocido e incorporado en el pensamiento del proceso de paz colombiano a medida que se desarrolla bajo el nuevo Gobierno.

El último día de nuestra visita a Agua Bonita, preguntamos a Olmedo Vega cuál es su mayor deseo para el futuro. “De todo corazón”, dijo, “es que no nos dejen solos. Hemos sufrido la guerra, y desde entonces hemos crecido en esperanza y amor. Llevamos sobre nuestras espaldas la responsabilidad histórica de generar la reconciliación. Soñamos con la paz”.

*Algunos entrevistados pidieron ser identificados sólo por su nombre de pila.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Camilo Tamayo Gómez es asesor principal en justicia transicional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Gavin Hart no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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