Una camisa de segunda mano para celebrar el fin del Ramadán en Damasco

1 / 3

Una camisa de segunda mano para celebrar el fin del Ramadán en Damasco

Sham Alloush hurga en una montaña de ropa usada en un mercadillo de segunda mano de Damasco, donde ella espera encontrar una camisa en condiciones para celebrar el Eid al Fitr, la fiesta que pone fin al Ramadán, cada año más mermada en el país por la pobreza y la guerra.

Para celebrar el fin del ayuno del Ramadán, los musulmanes deben, según la tradición, comprar ropa nueva.

Y en este país devastado desde 2011 por un sangriento conflicto, y que padece desde hace meses una inflación galopante, cada vez son más numerosos los sirios que acuden a tiendas de segunda mano.

"Aquí, la ropa es de buena calidad, y los precios son asequibles", afirma Sham Alloush, de 28 años. "Las tiendas de segunda mano son mi único recurso para comprar ropa para el Eid", agrega la mujer.

En pleno corazón de Damasco, las tiendas se suceden a lo largo de las tortuosas calles, exhibiendo camisas para hombres, zapatillas o sujetadores.

Una camisa de segunda mano puede comprarse a menos de 1.000 libras sirias, menos de un dólar en el cambio paralelo, contra 9.000 libras que cuesta una nueva.

Tras examinar decenas de artículos, Alloush opta por una blusa amarilla a 3.000 libras, el equivalente a unos dos dólares.

- Hundimiento de la libra -

En estos últimos meses, la crisis en los territorios controlados por el gobierno se ha agravado con el hundimiento de la libra siria, amplificada por el naufragio económico del vecino Líbano.

En el mercado oficial el dólar se cambia contra 700 libras --valía 48 antes de la guerra--, pero en el mercado paralelo supera las 1.700.

Ello ha propulsado a los precios a niveles astronómicos, incluso los alimentos.

Las medidas para frenar la propagación de la pandemia de covid-19 --como el confinamiento y el cierre de mercados--, adoptadas en marzo, y luego aligeradas en mayo, han agravado la crisis y paralizado prácticamente al país.

Cerca del 83% de la población siria vive hoy bajo el umbral de la pobreza, según la ONU.

E incluso si las tiendas de segunda mano tienen el viento en popa, el cierre de los comercios debido al virus ha dejado graves secuelas en la vida económica del país.

- "La peor temporada" -

Ghassan Tabaa ha puesto recientemente en venta su comercio. Y si la crisis se prolonga, teme que muchos otros colegas seguirán el mismo camino.

"Es la peor temporada que hayamos conocido", se lamenta.

"Hoy, la prioridad para todos nosotros es la comida. La ropa es algo secundario", explica el comerciante.

El cierre de las fronteras, decidido por las autoridades para frenar la epidemia, ha complicado un poco más las transacciones y las transferencias financieras, en un país cuya economía ya está debilitada por las sanciones internacionales.

Tabaa pasa ahora el día atento a la actualidad, y al futuro incierto que le espera al país.

"Este año, no hay realmente Eid al Fitr. De hecho, hace cerca de diez años que no tenemos realmente ninguna fiesta", dice.

mam/lar/tgg/bek/vl/me/mb